El día 13 de junio quedará para la historia de la selección española como el de la mayor vergüenza jamás pasada antes en un Mundial. Realmente, ni el balón había echado a rodar en Rusia cuando Luis Rubiales, presidente de la Federación, decidió despedir fulminantemente a Julen Lopetegui a solo dos días del debut contra Portugal. Un terremoto formado por el propio máximo dirigente del fútbol nacional al tomar una decisión tan discutida como insólita. 

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Tal y como informó en exclusiva EL BERNABÉU, Rubiales conocía desde varios días antes que Lopetegui no continuaría en la Selección tras el Mundial. Sin embargo, el propio presidente se excusó en una versión tan inverosímil que contradecía los propios comunicados publicados por la RFEF. Desde que felicitó al entrenador hasta que le destituyó, varios agentes externos influyeron en su transformación. 

Fernando Hierro y Luis Rubiales

Entre las consultas realizadas por Rubiales estuvo una de especial importancia. El Barcelona aseguró que se ponía un "peligroso precedente" y que "se hubiera actuado de forma diferente si el club que ficha al seleccionador es el azulgrana". La opinión de Bartomeu, que curiosamente afirmó ir con Argentina en el Mundial, tuvo más peso que la de los propios jugadores encabezados por Sergio Ramos. Gaspart, exhombre fuerte de Villar y antimadridista declarado, tampoco estaba a favor de que Lopetegui continuara en el cargo. Consideraba que era algo que la Federación no podía permitir y así, poco a poco, se fue formando un lobby que pedía la cabeza del técnico vasco al presidente. 

LOS ANTIMADRIDISTAS Y LA CABEZA DE LOPETEGUI

Otros directivos de la RFEF también ejercieron esa presión, aunque llama la atención que el otro factor clave en el despido de Lopetegui fue la opinión en contra de la corte periodística de Rubiales. Esta, encabezada por uno de los antiguos popes y en la actualidad retirado de los medios, convenció al presidente de que tenía que dar un golpe en la mesa a pesar de que ya conocía el fichaje del seleccionador por el Real Madrid. Estos periodistas, entre los que se incluyen otro en ejercicio y de la vieja guardia del Villarato, destacan por su animadversión contra el club blanco y Florentino Pérez

Poco a poco entre todos fueron acorralando a un Rubiales que prefirió formar la mayor crisis de España en los Mundiales que perder el favor de ellos para el futuro. Así se gestó el ridículo federativo que terminó con Lopetegui llorando en el antepalco del Santiago Bernabéu poco más de 24 horas después. El presidente de la RFEF vendió la estabilidad de la Selección por el favor del Barcelona y de su séquito mediático.