Novela

La enfermera de Brunete

Manuel Maristany

6 septiembre, 2007 02:00

Planeta. Barcelona, 2007. 1040 páginas. 24’50 euros

Como novela "total" que anhela ser, en La enfermera de Brunete hallamos aventuras y humor, guerra, muerte y heroísmo, suspense y espionaje, historias de amor y de "crecimiento", usos y costumbres de un tiempo pretérito y de una sociedad que desapareció, de una contienda en la cual ambos bandos lucharon con un idealismo que ya no existe. A lo largo de esta extensa obra, encontramos personajes de la de la historia real, como Franco, Alberti y Miguel Hernández, y seres imaginarios que protagonizan una historia que refleja la alta burguesía catalana de los años 30, un mundo lleno de privilegios descrito con notable habilidad, en contraste con una sociedad campesina atrasada y casi feudal. Sergio Vila-Sanjuán comparó en su momento La enfermera de Brunet, en sus aspiraciones con la Guerra Civil española al cometido de Margaret Mitchell en Lo que el viento se llevó o de Pasternak en Doctor Zhivago.



Tras su lectura, nos vienen ecos de otros libros, como Madrid de Corte a Checa de Agustín de Foxá, aunque no en el estilo, más sencillo y directo en Maristany, pero sí en su plasmación de una visión sin complejos desde el punto de vista del bando "nacional", rebelde. A través de sus personajes principales, herederos de los héroes románticos, nuestro autor explica el levantamiento militar por la inestabilidad política y social, de casi revolución, que llega a su punto más alto tras el asesinato de Calvo Sotelo. Los militares fieles a la legalidad republicana son tratados con respeto y coherencia, así como múltiples personajes del bando "rojo", mostrando el cruel enfrentamiento de la guerra. Como en toda novela de aventuras, encontramos también algún que otro villano, como El Segador, motor del desagravio que busca el protagonista. Los cuadros de costumbres de los payeses como el Paparro, beben de las fuentes de la tradición del teatro rural de autores como ángel Guimerá o Eduardo Marquina, y al igual que en este último autor, Maristany aboga por el perdón y por un cristianismo integrador.



La acción arranca en 1933, en el castillo de Requesens, en una escena donde adolescentes y niños juegan a la prueba del valor, desafiando a las leyendas surgidas entorno a una antepasada del castillo, Elisenda de Montcada y su retrato pintado por Goya. Su vida trágica encontrará paralelismos en ciertos personajes de la narración, en escenas superpuestas que el autor, de manera casi cinematográfica, intercala para dosificar la acción. El héroe de esta novela, Javier de Montcada, se alista como alférez de requetés al comienzo de la contienda, por razones familiares diversas. En 1937, participa en la batalla de Brunete, y es librado de una muerte segura por Soledad, duquesa de Simancas, quien le dona su sangre en el mismo campo de batalla. Enfermera voluntaria, se encarga de su cuidado hasta que se repone de sus heridas en el hospital militar de Salamanca. Soledad, casada con el representante del bando nacional en el Vaticano, lo seduce en su dehesa. Surge así una historia de pasión, de intriga y también de espionaje, que justifica los más de treinta años le ha llevado a Maristany la reescritura de este fresco de la Guerra, que comienza en Cataluña y se va desarrollando por distintos escenarios de esa contienda fraticida.