Ensayo

Vanguardias ante el Siglo XXI

Fernando Millán y Chema De Francisco

7 febrero, 1999 01:00

árdora. Madrid, 1998. 128 páginas, 1.345 pesetas

El libro reconstruye un pasado todavía reciente. Además, la confianza y entrega de Fernando Millán a la idea de la vanguardia depara la oportunidad al lector de contemplar esa reconstrucción desde el optimismo y la convicción de sus bondades pasadas y futuras

En la Grecia clásica, uno de los componentes de la "Paideia", de la educación, era la instrucción verbal de los jóvenes recibida de boca de los mayores. Para decirlo mejor, un hombre de edad madura prestaba sus conocimientos y su experiencia a otro mucho menor, a quien le unían lazos de afecto y de complicidad intelectual. Sólo de esta última puede hablarse en el caso del poeta, escritor y publicista Fernando Millán (Jaén, 1944) y de su joven interlocutor Chema de Francisco, un hombre interesado tanto por la literatura como por las artes plásticas, que ha empezado no hace mucho tiempo su andadura profesional. El resultado de su intencionado encuentro ha sido un pequeño volumen de conversa-

ciones que recoge, depuradas, las que mantuvieron, sin guión previo, aunque con un marco trazado, durante cinco días de agosto de 1997 en la localidad Molino de Onsares (Jaen). De la benévola cooperación del entrevistador con el entrevistado no caben dudas. De lo que éste transmite a su oyente es de donde aprendemos sus lectores o por lo que disentimos de sus recuerdos o de sus opiniones, quienes hemos vivido más o menos de cerca los mismos acontecimientos.

De la memoria del escritor surge lo más interesante, a mi modo de ver, del libro; y ello por dos razones, primero, porque reconstruye un pasado todavía reciente -al que la voracidad de los acontecimientos de los últimos 15 años, cuando no otras razones más oscuras, ha estado a punto de sepultar en el olvido-; segundo, porque la confianza y entrega de F. Millán a la idea de la vanguardia -de la que ha dado testimonio con su propio currículum y al que se debe, si no todo, sí una parte importantísima de la introducción y el desarrollo en España de los movimientos experimentales contemporáneos en la poesía visual y fonética-, depara la oportunidad al lector de contemplar esa reconstrucción desde el optimismo y la convicción de sus bondades pasadas y futuras (lo que no es poco en tiempos de general descreimiento). De este modo, las figuras de Julio Campal, José Luis Castillejo, Carlos Edmundo de Ory, Guillem Viladot, Josep Maria Iglesias del Marquet, el grupo N.O., Felipe Boso, Elena Asins, Carlos de la Rica, Arturo del Villar, (incluso yo mismo, y quienes fuimos compañeros entonces de aventuras poéticas, Pedro Miguel Lucía y Javier Maderuelo), por mencionar sólo a algunos de los escritores o artistas que cita, adquieren rostro y biografía en unas vicisitudes que me parece imprescindible conocer para saber cómo hemos llegado a ser lo que somos.

Más prescindibles, y sin embargo reveladores, me resultan sus arreglos de cuentas con Ignacio Gómez de Liaño y Jesús Visor, entre otros; aunque, si no podemos considerarlos objetivos, sí iluminan nuestra historia doméstica y proyectan su luz sobre hechos más próximos, que quedan así retratados con perfiles más nítidos. Dice Millán que los dos últimos capítulos del libro son los que han sufrido más retoques. Del penúltimo nada tengo que decir, salvo que es un recorrido informativo por su propio trabajo y que yo no recordaba, aunque es seguro que ocurrió sí, haber ejercido de fotógrafo en "Sónica 3", la obra que estrenó en Alicante en 1975. Del último, por más que respeto sus opiniones, sí he de decir que no puedo estar de acuerdo con ellas; ni creo en las conjuras organizadas contra la vanguardia ni en la sumisión universal a los grandes poderes económicos ocultos ni espero el cumplimiento futuro de utopía alguna, residente exclusiva del corazón del vanguardista intachable. Pero son sólo diferencias de criterio. Su libro debe leerse. Nos lo debemos.