Teatro

La hermana pequeña

10 enero, 1999 01:00

"La hermana pequeña" y el monólogo "A palo seco" son las únicas obras dramáticas de Carmen Martín Gaite, quien, por otro lado, es autora de varias versiones teatrales. Esta pieza inédita, escrita en 1959 y que publicará Anagrama el próximo mes de marzo, se estrena en el Centro Cultural de la Villa de Madrid el día 19.

SINOPSIS

El conflicto dramático se centra en la relación de dos hermanas de diferente madre entre las que median quince años de edad y poco menos de separación. La mayor, a la muerte del padre de ambas, escapó a Madrid, donde se va abriendo camino como actriz. La pequeña ha vivido todo ese tiempo en una ciudad de provincias, víctima de los convencionalismos y tabús típicos de la posguerra y de la vigilancia implacable de una madre obsesiva. Cuando ésta muere, Inés, desoyendo el consejo de amigos y parientes, viaja a Madrid, en busca de la protección de Laura, la hermana mayor, a quien nunca ha olvidado y cuya libertad idealiza. Pero Laura entiende que el camino hacia la libertad tiene que recorrerse a solas y se niega a hacer de su hermana un ser vicario en torno suyo.

Como contrapunto, las figuras de Gonzalo -joven rico, ocioso y superprotegido- y de Berta, su madre, despertarán en Inés unas ansias de independencia que no traía al llegar y por fin afronta sin miedo la idea de crecer.



DRAMATIS PERSONAE

Toni (interpretado por David Zarzo), Laura (Ana Marzoa), Gonzalo (Pedro Alonso), Inés (Ana Labordeta), Berta (Carmen de la Maza), Patricia (Helga Line) y Lorenzo (Andrés Resines).

FRAGMENTO DE LA ESCENA VI (ACTO PRIMERO)



Laura.- ...Todo el mundo está solo, Inés. No somos una excepción tu y yo.

Inés.- (Angustiada) Pero no lo digas así. Hablas como si no tuviera remedio.

Inés.- (Con voz más dulce. Como ensimismada) El único remedio de la soledad es aceptarla, bonita (Pausa. Inés esconde la cara en los brazos) Vamos, ¿que te pasa? ¿Ya estás llorando otra vez? (Va a su lado y le acaricia la cabeza) Anda, no llores...

Inés.- Estoy muy triste (Levanta la cara llena de lágrimas a mirar a su hermana) ¿Es que tú nunca estás triste?.

Laura.- Chica, si; pero ¡qué más da! Me voy a la calle y me monto en un tranvía y me pongo a pensar que toda la gente que se roza conmigo tendrá problemas igual que yo, y me doy cuenta de que ninguno va llorando. Fíjate si toda la gente fuera llorando por la calle, qué clamor de locos. ¿No? (Le habla dulce y persuasivamente) Pues cuando uno está solo en casa, Inés, lo mismo. Igual que en la calle hay que hacer: el mismo ejercicio de aguantar sin echar los pies por alto, de mantener el equilibrio. ¿Entiendes?

Inés.- Si. Pero, ¡Qué difícil!

Laura.- Mucho. Es un equilibrio inestable el de vivir. Como ir por una cuerda floja. No vale ni caerse ni agarrarse. Y a veces da vértigo. (Se ha quedado mirando al vacío. Sonríe) De esto del equilibrio inestable el que sabía mucho era Lorenzo Aldana. ¡Qué personaje tan especial! (Suspira).

Inés.- ¿Lorenzo? ¿Aquel de que me hablabas en tus últimas cartas?

Laura.- El mismo.

Inés.- ¿Y por qué lo llamas personaje?

Laura.- No sé. Ahora ya las cosas que decía me parece que las he oído en una función de teatro. Claro que así es como me he enterado de lo que decía. Cuando estaba con él, no entendía nada. Solo me gustaba mirar sus ojos, que siempre se estaban riendo.

Inés.- Estabas enamorada de él, ¿verdad?

Laura.- Creo que sí. Un día le dije "te quiero, te quiero, te quiero", así seguido, ...muchas veces, y se puso muy serio, ni siquiera los ojos se le reían. Me tapó la boca; decía que no me echara una piedra al cuello con aquellas palabras, que me iban a esclavizar. (Pensativa) ¡Y qué razón tenía!

Inés.- Pero cuéntamelo mejor. Desde el principio. Lo del teatro, ¿por qué lo has dicho? ¿Trabajaba en el teatro?

Laura.- (Se encoge de hombros) Nunca supe bien lo que hacía. Le preguntaba que si no le preocupaba el provernir, y decía que no. Que no hay que mirar adelante, sino estar atentos a dar bien cada paso. Tenía una voz preciosa. (Pausa) Cuando se fué, me dijo...

Inés.- (Interrumpiendo vivamente) ¿Pero por qué se fué? Creí que te quería ¿No te quería?

Laura.- No estaba claro. Cuando se fué me dijo: "Niña..." me llamaba siempre niña, ¿sabes?, porque era algo mayor.

Inés.- ¿Cómo de mayor? Lo cuentas como un cuento.

Laura.- Claro: ya es un cuento.

Inés.- (Puede haber subido los pies al asiento. Sigue la narración de Laura con vivo interés) Bueno, sigue... te dijo "niña", ¿y qué?

Laura.- Yo lloraba, ¡uf, no sabes cómo lloraba!, y me dijo: "Niña, solamente lloras porque estoy yo aquí mirándote, y te sirvo de espejo. Cuando me vaya, llorarás menos, pero entonces aprenderás a estar sola, que es como hay que estar". Y me dijo que fuera valiente, y bueno... más cosas; luego me dió este anillo (enseña a Inés uno de sus dedos)... y se marchó. Eso fué todo.

Inés.- ¿A ver? ¿Este anillo te dió? ¡Qué bonito!

Laura.- Era de su madre. La única cosa de valor que tenía.