'The listeners': una grata sorpresa para acabar el año

'The listeners': una grata sorpresa para acabar el año

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'The listeners': una grata sorpresa para acabar el año

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Claire (Rebecca Hall) es una profesora que vive en una acomodada zona residencial junto a su marido y su hija. Un buen día comienza a oír un ruido, una especie de vibración de baja intensidad, que nadie más a su alrededor parece percibir. Desconoce si su origen es exterior —¿quizá las antenas de telefonía móvil instaladas en el barrio? ¿Quizá las turbinas eólicas situadas en las proximidades?—, si son acúfenos o si lo fabrica su propia mente. Para tratar de averiguar de dónde procede, acude a varias consultas médicas, pero ningún profesional consigue descifrar las causas.

El sonido es molesto y, hasta cierto punto, inocuo, si es que podemos tildar así a una perturbación que provoca insomnio y deriva en pequeñas neurosis fruto del desconocimiento de la fuente que la genera. Encontrar su procedencia para tratar de erradicarlo termina convirtiéndose en una obsesión para Claire, que, poco a poco, ve cómo su vida se va resquebrajando.

Sin embargo, Claire no está sola. Uno de sus alumnos, Kyle (Ollie West), también escucha el zumbido. Juntos, inmersos en una relación que la regulación de su instituto prohíbe —profesores y estudiantes no pueden verse fuera del centro escolar— tratarán de encontrar una solución que los llevará a unirse a una pequeña comunidad de afectados por el mismo problema, tutelada por un matrimonio turbio.

Ahora bien, la relevancia de The Listeners no se halla en su resolución argumental, sino, más bien, en su capacidad para constituirse como metáfora de la incomunicación en un mundo hiperconectado y en el modo en el que Janicza Bravo vehicula esa idea a través de la puesta en escena.

Jordan Tannahill adapta su novela homónima para la pequeña pantalla sembrando la peripecia de Claire de dudas personales que son transferibles al estado de la sociedad contemporánea (sí, alegoría es el término clave). En The Listeners asistimos al aislamiento del individuo, toda vez que se desvirtúa el sentido de lo comunitario.

Nuestro ámbito de acción queda reducido a grupúsculos en los que todos sus componentes reproducen las mismas opiniones y atienden a una cosmovisión similar. Esas burbujas sociales apenas toleran la disidencia o el pensamiento alternativo y expulsan de su órbita cualquier cuerpo extraño, tal y como le sucede a la incomprendida Claire, víctima de una cancelación laboral, social y familiar a causa de su relación, de un platonismo no exento de sensualidad, con Kyle.

Ese desplazamiento a las periferias de lo socialmente aceptado provoca el surgimiento de pequeñas comunidades alternativas unidas por un mismo problema o por idénticas inquietudes. La idealización de estos entornos, reforzada por la creación de un vínculo que sus integrantes no encuentran en el resto de la sociedad, suele difuminar la existencia de un sistema de control y de una escala de valores que, a su vez, expulsa a aquellos que no encajan en esa nueva normatividad.

Una escena de 'The listeners'.

Una escena de 'The listeners'.

Claire experimenta esa segregación por partida doble. Primero en el campo de la llamada normalidad, cuando su conducta contraviene lo establecido. Después le sucederá otro tanto cuando le sea imposible replicar la misma experiencia de sus compañeros de grupo, capaces de instrumentalizar el zumbido, algo que ella no logra. De hecho, cuando lo consiga también se le instará a hacerlo conforme establece un determinado código y no como ella desee.

El guion de Tannahill es lo suficientemente ambiguo como para proponer una reflexión sobre la conversión de un grupo de autoayuda en una secta y explorar la breve distancia que separa la fe de la conspiranoia, todo ello sin dejar de interrogarse sobre si queda espacio para el humanismo en una sociedad cada vez más atomizada.

Nótese que, por un lado, puede suponerse que la serie da pábulo a que el zumbido sea la manifestación sonora de una energía mayor que, de saber conducirse, deriva en una explosión sensorial que permite al ser humano alcanzar un grado de conciencia superior. Por momentos, The Listeners funciona en la línea de Take Shelter (Jeff Nichols, 2011).

Pero, por otro lado, esa posibilidad no valida la dudosa conducta ni el problemático pasado de esos dos gurús oscuros que llevan las riendas de la comunidad encarnados con siniestra ambigüedad por Amr Waked y Gayle Rankin. Al final, Tannahill no desmiente la epifanía metafísica de Claire, pero no por ello deja de advertir de los peligros que encarna todo radicalismo.

Una de las claves para leer esta serie de la BBC estrenada por Filmin la encontramos en las clases de literatura de Claire, lecciones que sirven para diseminar ideas que, sin necesidad de subrayado alguno, tendrán un impacto en el desarrollo de los hechos (ver foto superior). Las continuas citas a Cien años de soledad —desde “el amor es una enfermedad” a la circularidad del tiempo en la novela de García Márquez— impactan sobre la relación entre Claire y Kyle, principal motivo del desbarajuste vital al que deberá enfrentarse la profesora.

Ahora bien, a su vez abren una posibilidad de reencuentro entre ambos desde el momento en el que tiempo deja de ser lineal para devenir un loop. De hecho, incluso el chalé donde se reúne la comunidad de oyentes del zumbido puede ser visto como un Macondo en miniatura, un espacio idealizado que finalmente quedará desmentido por esa nada mágica realidad que termina transformándolo en un pequeño Waco. Ni que decir tiene que las prácticas que allí se llevan a cabo parecen una síntesis de las que se pueden ver en retiros de meditación, sesiones de activación del kundalini, sanación a través del reiki y similares.

Una escena de 'The listeners'.

Una escena de 'The listeners'.

Con todo, la referencia más relevante la encontramos en el segundo episodio. Claire habla con una compañera y en la pizarra del aula aparecen las cuatro categorías en las que se divide el narrador no fiable (demente, ingenuo, embustero, pícaro). En un relato dominado por el punto de vista de Claire, una mujer psicológicamente alterada desde que ese ruido blanco se metió en su cabeza, esa lección de narratología nos invita a poner en duda los acontecimientos que nos llegan filtrados por su experiencia.

El catálogo de citas es extenso y va más allá de la literatura. Ahí están los posters de Ascensor para el cadalso (Louis Malle, 1958) y Las amigas (Claudia Weill, 1978) que cuelgan, respectivamente, en las habitaciones de Kyle y Ash (Mia Tharia), la hija de Claire, referentes bastante impropios para dos adolescentes de hoy en día, dicho sea de paso.

La película de Malle puede verse como una extrapolación de la comprometida relación que tienen Kyle y Claire, mientras que el filme de Weill conecta con las dificultades vitales de la protagonista. En una serie tan premeditadamente artsy —la dirección de fotografía de Jody Lee Pipes y la banda sonora de Devonte Haynes son una locura— el catálogo de guiños es inacabable.

En manos de Janicza Bravo, que no por casualidad ha formado parte del elenco de directores de proyectos como Atlanta o Poker Face, todo lo expuesto anteriormente tiene su traducción audiovisual. Tratemos de sintetizarla en los siguientes tropos.

1) La disolución del individuo en el entorno mediante el uso de grandes planos generales y travellings de retroceso o zooms out, para simbolizar el aislamiento social.

Una escena de 'The listeners' en la que se emplea el entorno como parte de la narrativa.

Una escena de 'The listeners' en la que se emplea el entorno como parte de la narrativa.

Una plano general en 'The listeners'.

Una plano general en 'The listeners'.

Otro plano general  en 'The listeners'.

Otro plano general en 'The listeners'.

2) Las composiciones duales (espejos, reflejos, superposiciones) que sirven para señalar la escisión mental de Claire y que culminan en la escena de la ducha.

Una escena de 'The listeners' donde se emplean los espejos para simbolizar la escisión mental de 'Claire'.

Una escena de 'The listeners' donde se emplean los espejos para simbolizar la escisión mental de 'Claire'.

3) El uso de la arquitectura interior del hogar, y de sus líneas verticales, para marcar la ruptura entre Claire y su marido e hija.

El propio hogar sirve para simbolizar el distanciamiento entre madre e hija.

El propio hogar sirve para simbolizar el distanciamiento entre madre e hija.

4) El trabajo con el primer plano sobre el rostro de Claire que, además de demostrar, una vez más, que Rebecca Hall es una actriz imponente, nos invitan a lanzarnos a la exploración psicológica de una mente alterada.

En su papel como Claire, Rebecca Hall se muestra imponente.

En su papel como Claire, Rebecca Hall se muestra imponente.

5) El montaje encabalgado y el uso del solapamiento sonoro para señalar las perturbaciones que afectan a la protagonista, así como el continuo enrarecimiento de numerosas secuencias mediante el uso de travellings de aproximación.

¿Les parecen motivos suficientes para ponerse a verla ya mismo?

Aclaración: la versión emitida por Filmin es de 5 episodios de 42 minutos de duración, mientras que la original es de 4 episodios de 55 minutos. En el montaje internacional, que es el que emite Filmin y no el original de la BBC, hay secuencias alteradas de orden, e incluso bloques al inicio de los episodios que funcionan como resumen (aunque no se indica) y que no están en el original. Esto se nota especialmente en el quinto episodio.