Arte

El agua o el aliento de la Tierra

21 marzo, 2014 01:00

Las distintas plantas por las que fluye la exposición Auga doce muestran las diversas caras artísticas del agua, desde el mundo subterráneo a la superficie del planeta, de su relación con el ser humano y sus diferentes ciclos a los fenómenos meteorológicos.

No es casualidad que la poeta fundacional de la literatura contemporánea gallega, Rosalía de Castro, llamase En las orillas del Sar a una de sus principales obras. Ni que el creador de uno de los universos narrativos más particulares de Galicia, Álvaro Cunqueiro, hablase de su tierra como el país de los 10.000 ríos. Si el agua es vida para todas las sociedades humanas, las abundantes precipitaciones de la comunidad gallega condicionan no solo su orografía, sino también la ocupación del territorio que la caracteriza, así como su economía, sus modos de relación social o la cultura propia de sus habitantes.



El Museo Centro Gaiás, en la Cidade da Cultura de Galicia, homenajea el agua como elemento definidor de la identidad gallega en la exposición Auga doce que hoy se inaugura, víspera del Día Mundial del Agua, y que permanecerá abierta hasta el próximo septiembre. Su objetivo fundamental, tal como destaca la directora del proyecto además de responsable de Acción Cultural de la Fundación Cidade da Cultura de Galicia, María Pereira, es artístico. "Se trata de poner en valor nuestra cultura y relacionarla con los creadores de fuera de nuestras fronteras", indica.



Para ello, la muestra reúne 700 obras procedentes de 140 instituciones nacionales e internacionales, como el MoMA, el Rijksmuseum, el Musée D'Orsay, el Victoria & Albert, el Thyssen-Bornemisza, el Reina Sofía, el Centro Galego de Arte Contemporánea (CGAC) o el Museo de Pontevedra. Pinturas, esculturas, vídeos, instalaciones, fotografías, piezas etnográficas, documentos e ingenios científicos se distribuyen por las cuatro plantas del museo.

Períodos diversos

No es fácil dotar de contenidos al inmenso espacio del edificio del Gaiás. Ni articular un relato expositivo claro y coherente ante una amplitud temática y un volumen de material como los que entraña Auga doce (Agua dulce), con obras de períodos cronológicos diversos, desde la Antigüedad hasta la vídeocreación o la instalación más recientes. De esta manera, la producción de esta muestra fue, señala Pereira, un "desafío" para el equipo de la Fundación Cidade da Cultura: "El mayor reto fue darle un discurso comprensible para el visitante. Ha sido fundamental la aportación de la coordinadora general, Loreto Fernández de Garaizábal, la asesora artística, Marta González Orbegozo, y el diseñador del montaje, el arquitecto Juan Carlos Arnuncio. El goce estético fue nuestra prioridad".



En este sentido, para González Orbegozo la exposición es una oportunidad para ver en Galicia piezas difíciles de conseguir como son las relacionadas con el arte inuit, las estampas japonesas o el arte aborígen australiano. La vocación universal de la muestra la hace única".



Cuatro líneas principales sostienen, de este modo, el proyecto expositivo, concebido como un viaje desde las profundidades de la tierra hasta el cielo. Agua escondida explora el mundo subterráneo. Agua en la Tierra asciende hasta la superficie. Agua y Hombre se detiene en el ciclo del agua y la relación del ser humano con su medio. Finalmente, Mirando al cielo observa los fenómenos meteorológicos.



En Agua escondida -situada en la planta menos uno-, el fotógrafo británico Robbie Shone capta las intimidades de glaciares, simas y galerías. Andrea Jambrina convoca la 'ciencia mágica' de los zahoríes y la mitología del río Aqueronte, inspiradora de Dante, resurge en los dibujos de Helder de la Rocha. El gravador Giovanni Battista Piranesi imagina, en el siglo XVIII, las entrañas de la ciudad y el chino Miao Xiaochum reinterpreta, con su arte digital, el mito de la eterna juventud.



Las cualidades sanadoras del agua dan origen a la antigua tradición termal gallega, de la cual es testigo el ‘Camafeo das Burgas', que representa el baño de Venus Afrodita. Los más de 300 manantiales gallegos abastecen la industria de explotación de aguas minerales, con 10 plantas de envasado y 21 balnearios, según destaca el gerente del Clúster de agua mineral y termal de Galicia, Benigno Amor, en el catálogo de la exposición.



El agua emerge a la superficie en la primera planta, en Agua en la Tierra, que transporta al visitante a distintos puntos del planeta como Japón, Australia o el Ártico hasta el curso de los grandes ríos como el Amazonas, el Danubio, el Ganges, el Nilo o el Mississippi, con piezas como las de Henry Lewis. La exposición no olvida tampoco a los paisajistas del siglo XIX, como John Constable, o a la Escuela de la Haya, con Roelofs, entre otros artistas. Del lado más contemporáneo, destacan las obras de Gerhard Richter. Arte y ciencia se dan la mano, por otra parte, en los dibujos ornitológicos de John James Audubon o en las láminas botánicas de Kew Gardens.

De los molinos a las centrales

La relación entre seres humanos y medio natural es muy estrecha en Galicia. Desde la búsqueda de oro en época romana, hasta la pesca o el uso rural de los molinos, pasando por la moderna industria del cuero, la producción de vino o las centrales hidroeléctricas, el aprovechamiento de los ríos con fines económicos transformó el paisaje gallego. Hombre y agua, en la segunda planta, reflexiona sobre los usos domésticos y colectivos del agua, desde la ingeniería civil hasta los avances científicos con ella relacionados, como la máquina de vapor. También propone una visión social y ecológica acerca de la contaminación, las guerras, la confrontación y la regulación -como en el Tribunal de las Aguas de Valencia-, a las que ha conducido el uso humano de este elemento.



El puente del río Cinca que cautivó al paisajista gallego Jenaro Pérez Villaamil, la Alhambra como símbolo de la conquista del agua en la cultura islámica, la moneda acuñada en el siglo XVI en honor a Juanelo Turriano por su invento para llevar agua del Tajo a Toledo, los cuadros expresionistas de Oskar Kokoschka, la fotografía de Chema Madoz, Daniel Canogar o Ursula Schulz, la creación audiovisual de Óscar Muñoz o la instalación de Nacho Criado son parte de esta sección de Auga doce.



El recorrido termina con Mirando al cielo, que se acerca a los fenómenos atmosféricos y a su interpretación mágica. Son protagonistas, en esta tercera planta del museo, las piezas de arte precolombino, la nieve de los Cárpatos pintada por Alfred Basel, la lluvia de David Hockney o de André Kertész, las pesadillas con tormentas de Louise Bourgeois o las fotografías de Cristina García Rodero, así como el instrumental para la medición meteorológica. El último paso del ascenso lo representan imágenes de la NASA, símbolo del empeño del hombre por dominar no sólo la Tierra, como imaginó el proyecto de la Modernidad, sino de llegar más allá.