Arte

Pintura y nostalgia de Wilhelm Sasnal

Pinturas

12 abril, 2007 02:00

Vista de la Sala Montcada

Comisaria: Sílvia Sauquet. Espai Montcada. Caixaforum. Marqués de Comillas, 6-8. Barcelona. Hasta el 10 de junio

Despues de Johanna Billing, la exposición de Wilhelm Sasnal (Tarnów, Polonia, 1972) en el Espai Montcada de CaixaForum vuelve sobre el tema de la nostalgia. Mientras que la primera utilizaba este sentir para desarrollar un trasfondo político (la guerra en la ex-Yugoslavia), ahora, en Wilhelm Sasnal, adquiere un tono más intimista y tiene que ver con la posibilidad de la pintura para desarrollar imágenes que mantengan una cierta latencia emocional.

Fiel a la línea iniciada por el pintor belga Luc Tuymans, los cuadros de Sasnal parten de imágenes fotográficas sacadas de la televisión, periódicos, documentales, portadas de discos o fotografías propias. Es decir que, como en algunos de los pintores surgidos en los últimos años en la antigua Alemania del Este (la escuela de Leipzig) y Polonia (Sasnal es polaco), su pintura implica una resistencia y al mismo tiempo una reflexión sobre el universo de imágenes que nos inunda. Resistencia y reflexión basada en el rescate de la representación en pintura, en su cualidad evocadora o en su capacidad para generar imágenes significativas.

En este caso presenta varios cuadros relacionados con la adolescencia. La serie The Scouts muestra varias escenas de excursionismo: una tienda de campaña, por ejemplo. Me and Rafal muestra a dos chicos estirados en camas separadas en una habitación que podría ser la de un albergue. En The Beach Boys un gran sol sobre el horizonte y en Arena unas letras garabatedas sobre la playa, que por los títulos y a la vista de las anteriores, remiten a lo juvenil. Sasnal insiste en que su interés por la adolescencia tiene que ver con que se trata de un momento de definición personal. A ello hay que añadir que, por sus origenes, su adolescencia está unida a un momento de cambio en Polonia (la caída del socialismo real en el este de Europa). Y justamente ahí, ligado a dos cuadros más con imágenes inquietantes de dos árboles -uno con unas botas colgando y el otro con las ramas rotas- y que aquí quedan unidos temáticamente con los excursionistas, aparece el elemento nostálgico de la exposición: adolescencia y sentimiento de pérdida, reflejo de los cambios sufridos en Polonia.

Sin embargo, sin claves de lectura los cuadros de Sasnal quedan bastante mudos, debido a la escueta presentación. O quizá porque el artista confía demasiado en la capacidad evocadora de sus pinturas. Y eso que parte de una conciencia de la difícil competencia frente a la cantidad de imágenes que nos bombardean. En cualquier caso, se echa de menos una presentación más amplia, más contundente o intensa, que vaya más allá de la selección de una pequeña serie de pinturas. También porque al Espai Montcada, heredero de la Sala Montcada, se le supone una dimensión proyectual, de proyecto individual y contundente de un artista, que va más lejos de la muestra de unas cuantas obras. Y si en las dos anteriores exposiciones ese carácter de project room estaba presente, ahora parece alejarse.