Image: Miren Doiz, improvisación exacta

Image: Miren Doiz, improvisación exacta

Exposiciones

Miren Doiz, improvisación exacta

Dejar de pintar como antes lo hacía

8 abril, 2016 02:00

Detalle de Sin título, 2016

Galería Moisés Pérez de Albéniz. Doctor Fourquet, 20. Madrid

Cuando llego a la galería dos días antes de la inauguración, me encuentro a Miren Doiz (Pamplona, 1980) como siempre: vestida de faena y con el jersey salpicado de pintura. Subida a un andamio en el gran vano en vertical de la galería sigue completando zonas de color en un entramado que partía de un boceto, pero que ya se ha convertido en otra cosa; un collage en el que ha usado un pedazo arrancado de la fachada en la exposición anterior, protagonizada por Victoria Civera (Puerto de Sagunto, 1955). Sin embargo, esto es todo lo que se podrá ver de pintura-pintura en esta exposición, cuyo título es toda una declaración de los nuevos procesos con los que sigue pintando, a su manera.

Bien conocida y reconocida, ya con prestigiosos premios y becas, por sus intervenciones in situ, Miren Doiz ha pasado una década pintando edificios y autobuses en la ciudad. Y después sobre los muros y suelos en espacios de arte, con una pintura que fluye sin problemas entre la figuración, la abstracción gestual y el collage, y que tiende tanto a la ruptura del formato ventana en la herencia de Frank Stella como hacia el ensamblaje con la incorporación de materiales diversos. Siempre con una brillantez en el colorido y una frescura que le fueron abriendo puertas desde el principio. Luego, surgió otro trabajo: pequeñas composiciones con cartones y pantones, juegos de color de exquisita composición formal, y que podemos considerar que están en la genealogía de su actual producción.

El cambio sobrevino hace dos años a raíz de tener un estudio donde trabajar. Al principio, compartido con la escultora Hisae Ikenaga (México City, 1977), cuyo rastro de elementos de mobiliario encontrado se muestra sin pudor en algunas de las piezas fijadas a la pared, pero sin la severidad y la carga melancólica de la artista mexicana. Porque la característica más destacable del trabajo de Doiz sigue siendo la joie de vivre que se trasluce en todo lo que hace y que resulta contagiosa.

Siempre ha tenido algo de espigadora, de recolectora de materiales encontrados en la calle. Como en el fantástico y frágil mural construido con pliegos de papel salmón que guardaba hace tiempo y a los que dio la más brillante plasmación de la colectiva Art Situacions II, comisariada por María Corral y Vicente Todolí, que aún puede verse en Matadero.

Entre la decena de piezas en esta exposición, prácticamente todo se ha realizado con materiales encontrados; restos de moqueta y de goma para suelo, telas y fundas de colchón, lonas, fragmentos de persianas escolares y otros elementos de plástico... montados sobre láminas de madera a modo de bastidores. Recubrimientos de casas viejas y nuevas -con todo lo que este asunto sugiere en la actualidad en nuestro país- que, en cambio, se han convertido en pinturas. Los despliegues son múltiples, las formas se abren en abanico, pasan desde la pared al suelo y viceversa, o concentran esquinas. Son juegos de formas, colores y texturas de aparente improvisación exacta.

En contraste, vemos dos piezas de dibujo aunque de apariencia escultórica; unas pletinas metálicas salpicadas de yeso sobre el suelo y un ripio de líneas onduladas en madera y hierro. La fachada, con imágenes ampliadas de un frame, anticipa lo que será un vídeo con los restos de pintura fluyendo en el agua de la pila en el taller. Esperamos que cumpla su promesa.

@_rociodelavilla