Javier Monzón, en una imagen de archivo.

Javier Monzón, en una imagen de archivo.

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Monzón se aferra a la presidencia de Prisa pese a que Amber y HSBC apoyan su destitución

El código de conducta de Prisa es claro y sugiere su salida tras su imputación en la operación Púnica. 

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El futuro judicial de Javier Monzón tras ser imputado en 'la Púnica' por su supuesta implicación en la financiación irregular del PP madrileño como presidente de Indra, amenaza con abrir una nueva guerra en Prisa. Las informaciones confirmadas por EL ESPAÑOL indican que Amber y HSBC están completamente alineados para pedir la renuncia al actual presidente no ejecutivo de la compañía, una posibilidad que Monzón no contempla.

De hecho, fuentes cercanas al consejo de administración indican que el ex presidente de Indra está dispuesto a dar batalla, a defender su postura y aferrarse al sillón "hasta las últimas consecuencias". 

Como ya contó este periódico, Amber busca apoyos en el resto de los accionistas para que el consejo haga valer el código de conducta de la compañía que pide la salida de cualquier miembro del consejo que sea imputado y que genere "un daño grave al patrimonio social o a la reputación de la Sociedad."

En este punto, las informaciones confirmadas por este diario indican que HSBC, dueño del 9,1% de la compañía, ha comprometido su apoyo con Amber, el accionista mayoritario con el 29%, para pedir la destitución de Monzón. Estamos hablando de dos accionistas que representan casi el 39% de la compañía.

Amber y HSBC no están solos

Pero Amber y HSBC no están solos. Voces dentro del equipo directivo de Prisa también son conscientes de que lo mejor para la empresa es que Monzón renuncie y evite al grupo tener que estar paseando su imagen por los Tribunales. 

Recordemos que Prisa se enfrenta en los próximos doce meses a dos hitos claves para aliviar su situación financiera y un escenario con Monzón en los tribunales podría poner en peligro estas operaciones. El primero es la venta de Media Capital al grupo portugués Cofina. Una operación que todavía está abierta, pero que está muy lejos de esta cerrada. 

Por otro lado, el 1 abril de 2020, la compañía deberá abonar una amortización parcial de 275 millones de euros como parte de los compromisos suscritos con la banca acreedora en la refinanciación pactada en enero del año pasado. No estamos hablando de una obligación de pago exigible, pero si no se cumple provocará un encarecimiento del coste de su deuda.

El representante de Amber, Joseph Oughourlian, no cultiva una buena relación con Monzón, con el que mantiene una tensa calma desde hace más de un año por el control de la compañía. No obstante, el interés de Amber es meramente estratégico y busca que el proceso judicial que deberá enfrentar a partir de ahora Monzón no salpique la reputación de Prisa. 

En manos del consejo

La salida de Monzón está en manos del consejo de administración. Según los estatutos de Prisa, ante la imputación de sus miembros “el consejo adoptará las decisiones que considere más oportunas en función del interés social”.

Por ello, la clave está en el número de consejeros que finalmente se decanten por aplicar el código y, en especial, los que se mantengan fieles a Monzón, pese a que el reglamento sugiere que debe ser cesado.

Si existe un informe favorable del consejo, -que estará tutelado Oughourlian como vocal de la Comisión de Nombramientos y vicepresidente no ejecutivo de la compañía- la lógica indica que Monzón debería ser cesado. No obstante, los apoyos que Santander -con poco más del 4% del capital- pudiera hacer valer entre los accionistas podrían impedir que se consiga mayoría.

De momento, Monzón no tiene previsto renunciar, lo que aboca a la empresa y a su consejo de administración, a una nueva guerra intestina que se podría prolongar varios meses y con el trasfondo de la operación Púnica salpicando la reputación de Prisa, editor de uno de los diarios más leídos, El País, y la radio más escuchada, Cadena Ser.