Juan Luis Cebrián y Soraya Sáenz de Santamaría.

Juan Luis Cebrián y Soraya Sáenz de Santamaría.

Medios

El lío catalán condiciona la sucesión de Cebrián y mantiene la guerra en Prisa

La vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría necesita mantener el apoyo de Prisa hasta que se solucione la deriva secesionista.

Fernando Cano

Moncloa es fundamental en la guerra que mantienen los accionistas de Prisa por el control de la compañía. Si hace unas semanas bloqueó la llegada de Javier Monzón a la presidencia del grupo tras el pacto entre los bancos y Telefónica para suceder a Cebrián, ahora todas las partes asumen que la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, no aceptará una figura de consenso que pueda poner en peligro el apoyo del editor de El País al Ejecutivo.

En medio de la deriva soberanista, el Gobierno no quiere perder el apoyo del que hasta el momento es su mejor aliado mediático y Cebrián garantiza en estos momentos esta fidelidad. La vicepresidenta no está en contra de sustituir al fundador de El País, especialmente en todo lo relacionado con la gestión, pero considera que hacerlo ahora no sería conveniente para sus intereses. Los accionistas del grupo saben hoy que conviene paralizarlo todo hasta que se resuelva el conflicto catalán, y sin duda barajan escenarios como la elección de un head hunter que realice un proceso de búsqueda.

Este escenario no hace más que mantener la guerra en Prisa y dilatar un proceso de sucesión clave para resolver el actual equilibrio de poderes. La renuncia de Javier Monzón a presidir Prisa el 13 de octubre, solo dos días después de que se filtrase el acuerdo entre Santander, Caixabank y Telefónica para que sucediese a Juan Luis Cebrián, fue el comienzo de una nueva batalla. La vicepresidenta bloqueó un pacto que no era del gusto de Amber Capital, el fondo detrás del que se encuentra César Alierta, pero que hubieran tenido que aceptar ante la presión del resto de socios.

Nueva carrera por el control de Prisa

Desde ese momento ha comenzado una nueva carrera por la nueva Prisa, donde el mejor posicionado podrá decidir el nombre del nuevo presidente. Pero no será fácil. Primero se debe confirmar la nueva estructura del capital y una ampliación que sigue siendo una incógnita.

Hasta ahora, sólo Amber Capital y los Polanco han confirmado su suscripción. La última comunicación formal de Prisa de hace una semana indica que un solo un 48,4% del capital estaba interesado, de momento, en acudir a la operación. Un interés que fue recibido con reticencia en el mercado ya que se mezclaban "compromisos" con "muestras de interés".

Amber Capital (19%) y los Polanco (17,5%) suman el 36,5% de las acciones, a los que habría que sumar a Roberto Alcántara con un 8,9%. Este último se encuentra dentro del grupo de “muestras de interés”. 

Telefónica también acudiría a la ampliación 

EL ESPAÑOL confirmó hace unas semanas que Telefónica también tenía interés de acudir a la ampliación para “mantener el equilibrio interno de la compañía” y “proteger el valor de su inversión”. En el sector se da por descontado que si la operadora mueve ficha también lo harán el Banco Santander y Caixabank, ya que hasta el momento han tomado todas sus decisiones en bloque.

Frente a esta situación, la CNMV ha recibido esta semana el folleto de la ampliación que ahora toca analizar y aprobar. Este trámite es clave para asegurar la ampliación de 550 millones que otorgará liquidez a una empresa que actualmente se encuentra en desequilibrio patrimonial y en causa de disolución.

En cualquier caso Cebrián deberá mover ficha y a buscar más apoyos para la suscripción. Si se confirman las previsiones, Telefónica y Santander deberían entrar, pero aún no se confirma cuando lo harían. Una jugada más de la partida de ajedrez que se desarrolla entre los accionistas de Prisa.

Plazos de la suscripción

La suscripción comenzará al día siguiente de la aprobación de la operación, prevista para el 15 de noviembre. Los actuales accionistas que se han comprometido (de momento el 48,4%) tendrán quince días para ejecutar sus derechos. Si no se logra suscribir la totalidad de la ampliación se abre un segundo periodo de adjudicación adicional para socios con derechos preferentes o otros socios que quieran suscribir la ampliación en este periodo.

En una tercera etapa y si sigue sin cubrirse la ampliación, se abre un nuevo proceso de adjudicación discrecional en el que podrán entrar nuevos accionistas a la compañía. Prisa se ha marcado un plazo de un año para el éxito de la operación a contar de su aprobación el 15 de noviembre.

Telefónica sabe que deben entrar si no quiere diluirse en un porcentaje muy pequeño. Es una patata caliente, y no le hace ninguna ilusión que Alierta tome el control de la compañía y que se abra la puerta a nuevos socios entre los que podría estar el grupo Henneo. El interés es seguir en Prisa y además con vocación de control, un posición que es contraria al interés de Alierta por situar a un directivo cercano.

Candidatos para sustituir a Cebrián

A la espera de lo que diga Moncloa, se sigue buscando a una figura que sustituya Juan Luis Cebrián, aunque esta vez con el apoyo de Moncloa, y en lo posible con el consenso entre los bancos, Telefónica, Amber y Alierta.

Para ello hay varios candidatos. Alierta sigue creyendo que la persona idónea para el cargo es Manuel Pizarro, una figura con amplia experiencia en la gestión, pero que ya contó con el rechazo de parte del consejo de administración. Del lado de los Polanco, se postula que el presidente sea Manuel Polanco, hijo de Jesús y una manera de hacer un guiño al legado de los fundadores de la compañía.

Del lado de la vicepresidenta de Gobierno se ha filtrado el nombre de José Manuel Vargas, expresidente de AENA y hombre de total confianza de Soraya. Vargas es, además, un gestor con experiencia en medios tras ser consejero delegado de Vocento.

Entre todos estos intereses surge la figura de Cristina Garmendia. La exministra de Ciencia e Innovación no encuentra reticencias casi en ningún sector. Además, su condición de mujer y de independiente juega a su favor. En su contra sólo juega Moncloa, por su pasado como parte del equipo de José Luis Rodríguez-Zapatero.