El presidente del BCE ha comparecido en la Eurocamara

El presidente del BCE ha comparecido en la Eurocamara Yves Herman/Reuters

Macroeconomía Política económica

Draghi defiende que la eurozona aún necesita la respiración asistida del BCE

Resiste a las presiones de Berlín y Washington para poner fin al estímulo monetario.

Bruselas

El crecimiento de la eurozona se aceleró durante el último trimestre del año pasado (hasta el 1,9% en el conjunto del año) y la confianza económica toca su nivel más alto desde hace cinco años. La tasa de paro se sitúa en mínimos desde mayo de 2009 (el 9,6%) y la inflación se ha disparado hasta el 1,8%, cerca del objetivo del 2% que se marca el Banco Central Europeo. El ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, culpa al BCE de mantener al euro en un nivel "demasiado bajo" para Alemania con sus políticas expansivas y la nueva administración de EEUU acusa a Berlín de manipular la moneda única para impulsar sus exportaciones.

Pero ni la mejora de los datos económicos, ni las crecientes presiones procedentes de Berlín y de Washington para que ponga fin al estímulo monetario, han logrado que el presidente del BCE, Mario Draghi, cambie el rumbo. El banquero italiano ha dejado claro este lunes que todavía no ha llegado el momento de poner fin a su programa de compra de deuda.

"El apoyo de nuestras medidas de política monetaria sigue siendo necesario", ha alegado Draghi durante una comparecencia ante la comisión de Asuntos Económicos de la Eurocámara. Aunque la recuperación de la eurozona se consolida, siguen predominando los "riesgos a la baja", relacionados sobre todo con "factores internacionales". Una manera de referirse, sin citarlas, a las políticas proteccionistas que pretende aplicar Trump. Al banquero italiano le preocupa también la incertidumbre política derivada de las elecciones en Holanda, Francia y Alemania.

Además, el repunte de los precios en enero es un fenómeno temporal que se explica por la evolución volátil de la energía y los alimentos, ya que la inflación subyacente se mantiene estable. "Hasta ahora, las presiones inflacionistas subyacentes siguen siendo muy débiles y prevemos que sólo se recuperarán gradualmente", ha dicho el banquero italiano. Eso sí, admite que "el grave riesgo de deflación ha desaparecido".

A la hora de revisar su plan de estímulo, el BCE no se fijará en los datos puntuales sino en la evolución "a medio plazo". "Nuestra estrategia de política monetaria prescribe que no debemos reaccionar a datos individuales y a incrementos transitorios de la inflación" como el registrado en enero, sostiene Draghi. 

Por eso, el BCE tiene la intención de continuar con su programa de compra de deuda al menos hasta que acabe 2017. El ritmo de adquisiciones será de 80.000 millones de euros al mes hasta marzo, y se reducirá a 60.000 millones a partir de abril. Pero si la inflación vuelve a caer o las condiciones financieras empeoran, el banquero italiano no descarta aumentar de nuevo las cantidades o extender el programa, según ha vuelto a repetir en la Eurocámara.

Contra Trump

Draghi ha aprovechado su comparecencia en la Eurocámara para lanzar un contraataque al equipo del nuevo presidente norteamericano, Donald Trump, y a sus críticas a la eurozona. El principal asesor comercial de Trump, Peter Navarro, ha acusado a Alemania de aprovecharse de un euro "burdamente infravalorado" para aventajar a sus principales socios comerciales, entre ellos Estados Unidos. El nuevo presidente de EEUU ha dirigido reproches similares a China y Japón.

"Nosotros no somos manipuladores de divisas", ha proclamado el banquero italiano. La diferencia entre la política monetaria más expansiva del BCE y la progresiva subida de tipos que está llevando a cabo la Reserva Federal se explica porque la recuperación está más avanzada en EEUU que en la eurozona, ha alegado. 

Además, Draghi ha recordado que el propio departamento del Tesoro estadounidense concluyó en un informe el año pasado que "Alemania no estaba llevando a cabo una intervención unilateral en el mercado de divisas". Y el BCE no ha intervenido en el mercado de tipos de cambio desde 2011, cuando hubo un esfuerzo concertado del G-7 para apoyar a la economía japonesa.

El banquero italiano sale así en auxilio de la canciller alemana, Angela Merkel, que se había defendido de las acusaciones de EEUU amparándose en la independencia del Banco Central Europeo. Pero su propio ministro Schäuble ha admitido este fin de semana que "el tipo de cambio del euro es, hablando estrictamente, demasiado bajo para la posición competitiva de la economía alemana".

En su comparecencia en la Eurocámara, el presidente del BCE ha arremetido también contra los planes de la nueva administración norteamericana de dar marcha atrás en los controles a la banca. Alega que así podría abrirse la puerta a una nueva tormenta financiera. "Lo último que necesitamos en este momento es la relajación de la regulación", ha dicho Draghi a los eurodiputados. "La idea de repetir las condiciones que existían antes de la crisis es algo muy preocupante", ha avisado.

A su juicio, son las reglas que se aprobaron tras la Gran Recesión las que han logrado estabilizar el sistema financiero. "El hecho de que no estemos viendo desarrollarse riesgos significativos para estabilidad financiera es la recompensa a las medidas que han adoptado legisladores, reguladores y supervisores desde que estalló la crisis", ha alegado Draghi.