Una de las claves a la hora de lograr los objetivos de reducción de emisiones es decidir qué importancia va a tener cada energía en el mix, contando, claro, con el nivel de desarrollo en el que se encuentra cada una. Con esto, la energía eólica será una de las que tengan mayor protagonismo, tanto en España como en el resto de Europa.

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No en vano, su papel en el suministro de electricidad podría ser nueve veces mayor que el actual. En 2040, la eólica podría suministra hasta alrededor del 34% de la demanda mundial de electricidad, frente al 4% actual. Con estas cifras, podría suponer hasta el 23% de las reducciones de emisiones de carbono necesarias en 2050: 5.600 millones de toneladas de CO2. 

Son conclusiones del estudio Los efectos socioeconómicos de la energía eólica en el contexto de la transición energética, elaborado por la consultora KPMG para Siemens Gamesa, que destaca cómo en los últimos años la industria eólica ha mejorado en eficiencia y en reducción de costes.

Según estos expertos, el tamaño de los aerogeneradores y los factores de capacidad se han triplicado, mientras que los costes de generación se han reducido un 65% desde 1990.

Una serie de avances tecnológicos y de reducción de costes que han hecho, por otro lado, que la eólica marina adquiera cada vez más importancia. Así, esta tecnología presenta ventajas como factores de capacidad superiores, previsibilidad y nuevas oportunidades económicas en las zonas costeras.

Si las estructuras flotantes continúan mejorando, explica KPMG, podrían abastecer a grandes centros costeros de demanda, teniendo en cuenta que el 40% de la población mundial vive a menos de 100 kilómetros del mar.

Compite con los combustibles fósiles

"La energía eólica ya compite directamente con los combustibles fósiles, algo que debe a los nuevos métodos de fabricación y a que las turbinas son cada vez mejores, más grandes y más eficientes", explicaba el consejero delegado de Siemens Gamesa, Markus Tacke, durante la presentación del estudio el pasado viernes en Madrid.

Para Tacke, no obstante, sigue faltando una "fuerte" voluntad política, así como estrategias a largo plazo e inversiones para hacer realidad unos planes que considera ambiciosos.

"Los incentivos financieros y las políticas claras siguen siendo importantes para fomentar la inversión en energías renovables, reduciendo el riesgo de los inversores y compensando los elevados costes de capital", apuntaba el CEO.

Toda una serie de retos que en España toman forma en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), que marca los retos para 2030: el objetivo es que para entonces las renovables copen el 74% del mix eléctrico del país. Ahora, no obstante, el reto es "integrarlas en el sistema para lograr una penetración más elevada", explicaba Hilario Albarracín, presidente de KPMG.