Hay personas que llevan su profesión en la sangre. La relación de Ferdinand Piëch con la industria del automóvil tuvo su inicio en su propio ADN. Nieto de Ferdinand Porsche, fundador del fabricante automovilístico Porsche, este directivo nacido en 1937 tenía gran parte de su futuro marcado desde la cuna.

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Y es que no hay más que ver imágenes como la que encabeza este artículo para comprobar la ascendencia que su abuelo tuvo en la vocación de Piëch. Un amor por la industria del automóvil que le llevo a convertirse en el dirigente más importante de la historia del fabricante alemán Volkswagen, firma que llevó desde el borde de la quiebra a la cima del mercado automovilístico mundial.

Pero hasta que ese momento llegó, el camino de Piëch estuvo lleno de curvas. Nacido en Viena, su madre, Louise, era hija de Ferdinand Porsche. Su padre, Anton Piëch, quien también tuvo experiencia en la industria automovilística durante la segunda guerra mundial, murió cuando Piëch tenía solo 15 años. Esta circunstancia, sumada a su paso por un internado suizo, forjó una personalidad de hierro que saldría a relucir en momentos clave de la carrera profesional de Piëch.

Culminó sus estudios en Zúrich, donde se graduó como ingeniero, y muy pronto ingresó en Porsche para dar sus primeros pasos en la compañía puesta en marcha por su abuelo. Durante este periodo centró sus esfuerzos en el lanzamiento de automóviles de carreras que cosecharon grandes éxitos en campeonatos de gran prestigio como las 24 horas de Le Mans.

Gracias a esta experiencia, a comienzos de la década de los 70 recaló en Audi. Fue en esta firma donde mostró gran parte de su potencial ya que impulsó los modelos que consiguieron llevar a la marca de los cuatro aros a tutear a gigantes de la gama alta como BMW y Mercedes, algo impensable antes de la llegada de Piëch. 

Los modelos Quattro, 100 y 200 se confirmaron como grandes éxitos que llevaron al directivo a ocupar la dirección ejecutiva de Audi. Cargo que ocupó hasta 1993, año en el que fue reclutado para enfrentarse al mayor reto profesional de su carrera: la dirección de Volkswagen.

En el momento de su llegada, la compañía alemana pasaba una de las mayores crisis de su historia. La empresa circulaba al borde de un precipicio financiero. Piëch consiguió dar un volantazo a la estrategia de Volkswagen y colocarla rumbo a la cima del liderazgo comercial mundial.

Además de contribuir al lanzamiento de exitosos modelos, el fabricante alemán comenzó una serie de acertadas compras que convirtieron a la empresa en el gigante que es hoy. Bugatti, Bentley y Lamborghini, así como los fabricantes de camiones Scania y MAN, y la marca de motocicletas Ducati fueron algunas de las más destacadas. Pero no todo fueron aciertos. Entre los proyectos fallidos de Piëch, un modelo sobresale por encima de todos: el Volkswagen Phaeton.

Un intento de saltar al superlujo de la empresa alemana del que sólo disfrutaron un puñado de clientes, los directivos de la firma alemana y algunos políticos. Entre ellos, los miembros del Gobierno de Navarra en tiempos del presidente Miguel Sanz o la alcaldesa de Pamplona, Yolanda Barcina. ¿La razón? Volkswagen tiene su histórica planta de fabricación del modelo Polo en el polígono industrial de Landaben de la capital navarra.  

Piëch incrementó su poder hasta que en 2002 se convirtió en presidente del grupo. Desde esta posición fue incrementando sus cotas de poder hasta que poco a poco se fue trasladando a la parte accionarial gracias a la posición de familiares y a la compra de Porsche. Una compleja operación que terminó convirtiendo a la compañía fundada por su abuelo en el principal accionista de Volkswagen que, actualmente, controla el 30,8% de la firma.

'Dieselgate'

Pese a los grande éxitos, Piëch tuvo un final de carrera agridulce. En 2015, poco después de de dejar el cargo de presidente, estalló el escándalo por las emisiones de los vehículos diésel de Volkswagen. Determinados motores de algunos modelos fueron trucados para ocultar emisiones. Un problema que se denominó 'dieselgate' que generó un enorme coste reputacional al fabricante automovilístico, obligó a la empresa a enfrentarse a multas multimillonarias y que se relacionó por distintas teorías con el nombre de Piëch por varias razones.

Desde una parte de la industria se señaló al dirigente austriaco y a su agresivo estilo de dirección como origen de estas malas prácticas que sacudieron a la compañía. Otras fuentes llegaron a relacionar a Piëch con la filtración de parte de la información que provocó que todo saltara a la luz. En definitiva, un acontecimiento que emborronó la etapa final del mandatario al frente de Volkswagen.

Durante los últimos años Piëch, adoptó un papel secundario alejado de los focos y la atención mediática. Vendió su participación directa a en Volkswagen a Porsche y limitó mucho sus apariciones públicas. Desde 2013, cuando aún formaba parte de la firma alemana, los rumores sobre el estado de su salud fueron una constante. 

Legado

Con la muerte de Ferdinando Piëch desaparece mucho más que un directivo de un fabricante de coches. Se va una forma de conceptualizar la industria del automóvil que, seguramente, ya nunca volverá. El destino ha querido que su fallecimiento coincida con un momento en el que la industria del automóvil se enfrenta a los dos mayores cambios de su historia: la electrificación y la mutación del coche de producto a servicio.

Pese a ello, su legado perdurará durante generaciones. Será difícil volver a ver una persona capaz de generar el impacto que Piëch ha tenido en el negocio automovilístico durante medio siglo. Un directivo capaz de reinventar tres marcas del nivel de Porsche, Audi o Volkswagen. Alguien con gasolina en lugar de sangre como llegaron a describirle. Un combustible y una forma de liderar que parecen irse con él.