Aviones 737 MAX de distintas aerolíneas en fase de fabricación en una planta de Boeing.

Aviones 737 MAX de distintas aerolíneas en fase de fabricación en una planta de Boeing. David Ryder Thomson Reuters

Empresas AEROLÍNEAS

La crisis del Boeing 737 Max ya cuesta al sector de las líneas aéreas 1.000 millones al mes

Dirigentes de multitud de compañías han visitado durante el verano las oficinas del fabricante estadounidense para negociar compensaciones.

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La herida causada por los problemas del Boeing 737 MAX no termina de cicatrizar. Desde que las autoridades aéreas decidieron poner en tierra a los modelos de esta familia el pasado mes de marzo -tras los dos accidentes mortales sufridos por esta aeronave a finales de 2018 y comienzos de 2019- el avión no deja de dar quebraderos de cabeza tanto a Boeing como a las aerolíneas que decidieron introducirlo en sus flotas.

Un problema que, a medida que pasan los meses, se hace cada vez más grande tanto para las compañías que lo estaban operando como para las que tenían programado recibir el avión a lo largo de 2019. Según los cálculos del equipo de analistas de Merrill Lynch, la prohibición del vuelo a los 737 MAX está ocasionando un coste de 1.000 millones de dólares por mes al sector de las aerolíneas.

El origen de esta ingente cantidad está en las programaciones. El negocio de las líneas aéreas trabaja con muchos meses de antelación, tanto en la proyección de sus rutas como en la compra de combustible o en la preparación de sus tripulaciones. Esto hace que las aerolíneas que ya contaban con 737 MAX en su flota y las que esperaban contar con esta aeronave a lo largo de este año, han tenido que modificar una parte sustancial de sus planes.

Estos cambios se han traducido en cancelaciones de vuelos y en retrasos de aperturas de nuevas rutas que ya tenían previstas, tanto en sus programaciones como en sus planes de negocio. La falta de este avión ha obligado a las compañías a contratar flotas de otros aviones para intentar perder el menor número de vuelos posible.

Y es aquí donde una de las grandes ventajas del Boeing 737 MAX, la capacidad de consumir menos combustible que la generación de aviones anterior, se ha convertido en un problema. Las aerolíneas están teniendo que usar aviones cuyos costes de operación son más elevados que el último modelo de Boeing.

Además, el aumento de la necesidad de alquilar este tipo de aviones también ha provocado que las líneas aéreas tengan que gastar un dinero que no tenían previsto para contar con aviones en sus flotas para reducir al mínimo en número de rutas.

Esta circunstancia ha provocado que durante todo el verano dirigentes de aerolíneas con el 737 MAX, tanto en operación como en pedidos, hayan visitado las oficinas de Boeing para negociar con el fabricante estadounidense las compensaciones por no poder operar el avión.

Pérdidas para Boeing

Las cuentas de Boeing ya muestran el impacto de la crisis del 737 MAX. Los problemas con el avión provocaron unas pérdidas de 2.638 millones al fabricante estadounidense sólo entre marzo y junio. Del mismo modo, la compañía ha reducido tanto sus pedidos como sus entregas en estos meses.

Si durante el primer trimestre del año Boeing consiguió unos beneficios de 1.927 millones de euros, los resultados del primer semestre de la compañía se han teñido de rojo para mostrar unas pérdidas durante la primera mitad del año de 711 millones de euros.

Boeing ha cosechado unos ingresos de 34.677 millones de euros durante los primeros seis meses del año. Una cifra que supone una reducción del 19% respecto de los conseguidos durante el mismo periodo del ejercicio 2018. 

En lo que respecta a la división de aviación comercial, a la que afecta directamente el 737 MAX, los ingresos del segundo trimestre fueron de 4.214 millones de euros frente a los 12.512 del mismo trimestre de 2018, un 67% menos.

Así las cosas ahora el balón está en el tejado de los reguladores aeronáuticos. De su decisión depende lo que pueda crecer el agujero provocado por el 737 MAX. Una decisión en la que Stephen Dickson, nuevo máximo responsable de la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA) -el organismo aeronáutico estadounidense que está encabezando la certificación del avión- ya ha avisado que no van a tener ninguna prisa y que su prioridad es que el avión de Boeing vuelva a volar de forma segura, no lo antes posible.