Imagen de un aeropuerto.

Imagen de un aeropuerto.

Empresas

¿Es caro viajar? Consejos para hacer turismo sin dejarte un riñón

El viaje puede ser más barato si se hace un seguimiento de los precios de los aviones, comiendo en lugares típicos de la ciudad e informándose bien. 

Noticias relacionadas

Los viajes no tienen por qué ser caros. Se puede visitar otras ciudades por menos dinero y sin renunciar a las comodidades. Solamente hay que tener en cuenta una serie de aspectos que, si se aplican, permiten ahorrar una importante cantidad de dinero.

El primer paso es reservar el medio de transporte. Cuando el viaje se hace en autobús o en tren, el precio no varía a lo largo de los meses, pero en el caso del avión sí.

Normalmente, cuanto más cerca está la fecha en la que se quiere viajar, los billetes de avión son más caros. Por eso, lo recomendable es comprarlos con bastante tiempo de antelación. Pero no porque hacerlo tres meses antes sea más barato de por sí, sino porque deja margen para hacer un seguimiento y ver qué día se encuentra la mejor oferta. Esto se consigue con la configuración de las alertas.

Skyscanner, por ejemplo, dispone de un servicio de alertas que permite hacer un seguimiento del precio de los billete de avión a lo largo del tiempo. Solo hace falta poner el origen, el destino, la fecha y hacer clic en el icono de la campaña que hay en la web. Ahí se pone el correo al que se desea que lleguen las alertas y cuando hay algún cambio en el precio, se le notifica a la persona interesada.

Otra de las opciones es buscar vuelos a distintos destinos. Si se está abierto a varias ciudades, se puede hacer la búsqueda a cualquier lugar y encontrar viajes baratos para las fechas señaladas.

También al contrario. Si se tiene un destino concreto en mente pero se es flexible en cuanto a las fechas, se puede hacer una búsqueda en el calendario para saber qué mes y qué días son los más baratos para volar. Normalmente, estos suelen ser en temporada baja. Además, en estos meses los destinos están menos abarrotados de turistas.

Y no siempre hay que buscar los vuelos a los aeropuertos más cercanos. Hacerlo a los aeropuertos secundarios (que están más lejos de centro de las ciudades) suponen un ahorro importante, incluso teniendo que coger luego un autobús para desplazarse a la ciudad. Lo único que se pierde es un poco más de tiempo, pero el bolsillo sufre menos.

Atención a la maleta

Otro de los consejos hace referencia a la maleta. Poner ropa de más puede hacer que vaya con sobrepeso y, por lo tanto, se tenga que pagar un suplemento por ella. Con esto no se está diciendo que hay que llevar la ropa justa para el viaje (siempre pueden surgir imprevistos), pero sí puede ponerse para el viaje de ida y de vuelta aquella que pesa más.

Si además se tiene con una chaqueta con compartimentos secretos, se puede meter en ella algunos objetos personales que ocupan espacio y elevan el peso de la maleta.

Alojamiento

Al igual que en el transporte a la ciudad a la que se viaja, también existen opciones para ahorrar dinero en el alojamiento. Hay hoteles baratos con una muy buena relación calidad precio.

Los hostels también son una buena opción. No todos son de habitaciones para ocho personas, por ejemplo. En algunos de ellos se pueden contratar habitaciones privadas a precios más bajos que los de un hotel. Además, en estos establecimientos también se cuida minuciosamente la higiene.

Otra opción es alquilar un apartamento o una habitación privada. Aquí se puede incluso ahorrar con el dinero de la comida porque la persona que lo contrata tiene a su disposición todo el alojamiento y sus respectivos servicios.

Así, se puede comprar comida en el supermercado y prepararla en casa antes de salir. Es más, en algunos incluso dejan un tarro con café, cacao o azúcar para que el huésped pueda tomarse todas las mañanas.

Si no gusta ninguna de esas opciones, también se puede optar por hacer un intercambio de casas. Es una forma de viajar completamente gratuita en cuanto al alojamiento y los que se decantan por ella afirman que mientras visitan un país nuevo gozan de todas las comodidades de un hogar, por lo que están encantados.

Además, al hotel o el tipo de alojamiento que se haya elegido solo se va a dormir. Entonces, aunque es importante estar cómodo y que el establecimiento esté limpio, no tiene por qué gastarse un pastizal en ello.

Dónde comer

Cuando se viaja, también se suele pensar que se gasta mucho dinero en comer fuera y visitar los distintos monumentos de la ciudad. Pero no siempre. Eligiendo bien los sitios y los días, se puede ahorrar más de lo que se piensa.

Una opción es comer como un autóctono. Para esto es bueno hablar con los trabajadores del lugar en el que se aloja o los propietarios del apartamento, sin duda estos, al conocer perfectamente la ciudad, recomiendan sus sitios favoritos. Es una apuesta segura.

El saber dónde se come bien, además de ser más barato que hacerlo en el típico restaurante con vista a un monumento en el que todo es muy caro, permite degustar la gastronomía típica del lugar y del modo en que lo hacen sus habitantes.

Visitas a los museos

Hay muchos países en los que los museos no son gratis, pero sí que ofrecen un día a la semana o al mes de puertas abiertas. Por ejemplo, en Roma la entrada a todos los monumentos es gratis el primer domingo de cada mes. Entonces, es importante enterarse de qué día es gratuito y reservarlo para hacer turismo cultural. De lo contrario, visitar tres museos cada día, por ejemplo, puede costar tranquilamente alrededor de 50 euros por persona.

Así, si se hace el día de puertas abiertas, se puede ahorrar una importante cantidad de dinero que se puede aprovechar para darse un capricho o simplemente dejarlo para otro viaje.

Para enterarse de qué días se puede entrar de forma gratuita, se puede echar un vistazo a diferentes guías de viaje o en la página web de los museos.

También se puede optar por contratar un tour gratuito. Un recorrido en el que una guía enseña los lugares más emblemáticos de la ciudad y explica su historia. La peculiaridad de estos tours es que no tienen un precio estipulado, sino que los turistas aportan un donativo (de la cantidad que se quiera) a la guía.