Los taxis voladores están un paso más cerca de convertirse en una realidad en Europa. La Agencia de Seguridad Aérea de la Unión Europea (EASA) ha lanzado el primer bloque de regulación destinada a permitir la operación segura de aeronaves híbridas y eléctricas de despegue y aterrizaje vertical, las denominadas VTOL.

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La regulación anunciada proporciona el marco para que los fabricantes desarrollen vehículos innovadores. En concreto, hace referencia a aeronaves con una configuración de asientos para nueve pasajeros como máximo y una masa máxima de despegue certificada de hasta 3.175 kilogramos.

Tras el anuncio, el director ejecutivo de EASA, Patrick Ky, mostró el compromiso de la agencia con esta nueva categoría de transporte: "Estamos colaborando con la industria activamente para desarrollar los requisitos técnicos adecuados para aprovechar las nuevas tecnologías que aportarán seguridad y beneficios ambientales a nuestra comunidad. El establecimiento de un conjunto común de normas para la certificación de estos nuevos conceptos de vehículos permitirá una competencia justa en el mercado europeo, así como la claridad para los futuros fabricantes y sus inversores".

Airbus y Boeing tienen entre sus proyectos estrella la puesta en marcha de aparatos destinados al transporte aéreo urbano. Vehículos voladores autónomos que permitirán a los usuarios evitar las aglomeraciones de tráfico y que pretenden hacer más eficiente, ágil y limpia la movilidad de las ciudades del futuro.

Una carrera en la que, a diferencia de en el campo de los aviones comerciales, no van a estar solos. Empresas consolidadas como Uber o start-ups como Lilium están poniendo en marcha sus propias alternativas destinadas a plantar cara a los gigantes aeronáuticos en este terreno. 

Detrás de la fiebre por este tipo de vehículos se encuentran las predicciones sobre la evolución de las ciudades. En concreto, el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas prevé que el 68% de la población vivirá en zonas urbanas en 2050. Un dato al que hay que añadir que ese año se espera que la población mundial llegue a 9.700 millones de personas frente a los actuales 7.500.

Si se cumplen esas previsiones, la congestión del transporte en superficie en las principales ciudades del mundo va a ser un importante quebradero de cabeza para los ciudadanos, las administraciones públicas y las empresas. Frente a este previsible colapso, el aire se presenta como una alternativa con una capacidad para absorber tráfico que Airbus, Boeing Uber y multitud de start-ups quieren aprovechar. 

Proceso regulatorio

Desde EASA señalan que la condición especial se abrió a la consulta pública en octubre de 2018 y se consultó ampliamente con las partes interesadas de todo el mundo. Los objetivos de esta certificación persiguen proporcionar flexibilidad y dar a la industria una clara visibilidad de los objetivos para sus diseños.

La nueva regulación establece distintos objetivos y niveles de seguridad. Su objetivo es regular la protección de terceros al volar sobre áreas congestionadas y este nuevo tipo de transporte aéreo comercial de pasajeros.

Las reglas operativas no son rígidas. El reglamente presentado podrá adaptarse en el futuro según las necesidades de las particularidades locales. La EASA se ha comprometido a trabajar junto con los principales fabricantes involucrados para conseguir estándares comunes.

En el marco regulatorio actual no hay cabida para esta nueva generación de vehículos. Se diseñó para aeronaves de ala fija convencional, globos y planeadores. La propulsión prevista tiene que ver con motores de pistón o turbinas que utilizan combustibles fósiles.

La introducción de nuevas tecnologías y conceptos del transporte aéreo en la que se basan vehículos como los aerotaxis ha obligado a revisar este marco. Actualmente, la EASA está trabajando con sus órganos consultivos sobre nuevas tareas de reglamentación para desarrollar normas o modificar las existentes, abordar nuevas tecnologías y conceptos operacionales de transporte aéreo, con el objetivo de ser más ágil y adaptar el marco regulatorio actual a las nuevas tendencias y tecnologías aeronáuticas.

Si la regulación europea consigue colocarse a la cabeza de la adopción de estos nuevos vehículos, tanto los ciudadanos como las empresas del Viejo Continente estarán en una posición privilegiada. Una regulación vanguardista permitirá sacar el máximo provecho a una de las revoluciones que más profundamente pueden impactar en la movilidad del futuro.