La Unión Europea tiene entre sus principales prioridades de cara a los próximos cinco años poner las bases para reducir de forma drástica el impacto ambiental de la aviación comercial. Un objetivo que ha puesto sobre la mesa una opción que desde el sector ven muy dañina para su negocio: aplicar impuestos a los carburantes de la aviación comercial.

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El combustible de aviación está legalmente exento de impuestos gracias a un acuerdo global que data de 1944. Esta situación podría cambiar a corto plazo, según recoge el borrador de un informe de la Comisión Europea. El documento señala que gravar con impuestos al combustible de la aviación reduciría las emisiones de carbono del sector un 11% y tendría un impacto "insignificante" en el empleo y el producto interno bruto en la Unión Europea.

Una afirmación que el propio informe pone en entredicho, ya que reconoce que la aplicación de un impuesto al combustible de la aviación aumentaría los precios de los billetes un 10%. Según el documento, el aumento del precio provocaría una reducción en el número anual de viajeros que podría llegar al 11%.

El informe no se queda ahí, puesto que reconoce que la aplicación de este impuesto tendría un impacto en el empleo. Un efecto que no cuantifica pero que califica como "insignificante" si se compara con el número de trabajadores que depende de esta industria.

Los países que están impulsando con más fuerza esta medida son Holanda, Suecia y Bélgica. De hecho, el primero de ellos ya contó con una experiencia unilateral en este sentido que tuvo que revertir debido al impacto negativo que ocasionó en su industria. Esta experiencia está sirviendo de base al país para promover que la medida sea adoptada por todos los países del territorio europeo en su conjunto.

Desde el sector consideran que esta medida no tiene sentido si el objetivo es reducir el impacto del negocio aéreo en el medio ambiente. Desde ACETA, asociación que integra Air Europa, Air Nostrum, Binter, Canair, Evelop, Iberia, Iberia Express, Privilege Style y Vueling, consideran que la eficacia de impuestos a la aviación por consumo de combustible es "incierta" para el propósito que se persigue, que es la reducción de emisiones de CO2.

Desde la asociación señalan que esta medida tendría un efecto muy negativo sobre el sector aéreo, mermaría la actividad de la aviación, la encarecería y le haría perder atractivo. "El turismo, el empleo y la economía se verían directamente afectados, y debe tenerse en cuenta que sector turístico  es motor de crecimiento de la economía española, con un peso de casi el 12% en el PIB y con una capacidad de generación de empleo que roza el 13%, según datos del INE de enero de 2019 correspondientes al ejercicio de 2017", indican desde ACETA.

Alternativas a los impuestos

En el sector no se limitan a señalar los efectos dañinos que tendría gravar los combustibles aéreos. Desde la asociación señalan una serie de medidas que, bajo su punto de vista, tendría un impacto mayor que el que cuantifica el borrador del informe comunitario.

Como alternativas a la aplicación de impuestos para reducir las emisiones señalan que Bruselas podría apostar por el uso de biocombustibles en la industria aérea. "Los gobiernos deben apoyar la investigación y desarrollo del biocombustible", una medida que actualmente está recibiendo mucho apoyo de la industria pero que necesitaría de un tiempo importante para llegar a tener un impacto.

En este caso el objetivo sería que, gradualmente, los combustibles de origen no fósil fueran formando parte del mix de los carburantes utilizados por las líneas aéreas. Básicamente el proceso trataría de fijar que un porcentaje significativo y creciente de este tipo de combustibles fuera siendo de uso obligatorio. Desde la industria señalan que esta progresividad permitiría que los productores de este tipo de combustibles fueran capaces de atender la demanda a unos precios razonables ya que, en estos momentos, los combustibles fósiles son hasta ocho veces más baratos que su alternativa.

Además de lo que tiene referencia directa con los combustibles, desde los representantes de las líneas aéreas señalan que existen medidas que afectan a la propia organización de las rutas aéreas que podría tener un impacto inmediato en las emisiones que genera el sector.

El Cielo Único Europeo

En este caso apuestan por implementar el proyecto conocido como Cielo Único Europeo. Este plan, en el que se comenzó a trabajar hace 15 años y que ya cuenta con el visto bueno comunitario, ahorraría la emisión de millones de toneladas de CO2 solamente apostando por rutas aéreas más directas que las actuales.

En estos momentos, el espacio aéreo europeo es un puzle en el que cada Estado conserva la potestad de marcar los trayectos que los aviones deben recorrer una vez cruzan cada frontera. Esto hace que las rutas que siguen los aviones, en lugar de ser algo parecido a líneas rectas entre dos puntos, tengan que atravesar puntos en cada país que suman muchos kilómetros a las distancias que separan el origen y el destino de un vuelo.

El Cielo Único Europeo conseguiría trayectos más directos, más cortos y eficientes. Según indican desde ICETA, el cambio de las actuales rutas por las que plantea este proyecto eliminarían más de ocho millones de toneladas de emisiones de CO2 cada año. "Esperamos desde hace 15 años que el prometido Cielo Único Europeo se haga realidad, lo que posibilitaría reducir hasta un 10% el impacto medioambiental de la aviación según reconoce la propia Comisión Europea".

Justo una cantidad equivalente a la que supondría optar por gravar a los combustibles de las aerolíneas pero que, según indican en el sector, no tendría el impacto negativo ni del aumento de precio, ni de la reducción de empleo que podría provocar la aplicación de impuestos.

Desde la industria se señala también que existe la posibilidad de conseguir reducciones de las emisiones aún mayores si se mejoraran las aproximaciones a los aeropuertos. Unos procedimientos que actualmente son muy poco eficientes y que se espera que con la aplicación de tecnologías como la inteligencia artificial mejoren sustancialmente en los próximos años.

En este contexto, el próximo lustro se presenta como un periodo clave para la industria aérea europea. Los reguladores tienen ante sí el reto de conjugar el objetivo de reducir las emisiones de un sector con las previsiones que señalan importantes aumentos de tráfico para los próximos años. Unas medidas que tendrán que ponderar el impacto ambiental y económico que permitan hacer de la aviación un negocio más sostenible.