Magdalena Valerio, ministra de Trabajo en funciones.

Magdalena Valerio, ministra de Trabajo en funciones.

Empresas

Los empresarios presionan a Sánchez para que Valerio se mantenga al frente de la cartera de Trabajo

Sectores empresariales creen que es necesaria una persona con la que pueda haber una interlocución fluida. 

El ocultismo con el que Pedro Sánchez negocia su próxima investidura como Presidente del Gobierno tiene a los empresarios con la mosca detrás de la oreja. Tanto la CEOE como el Ibex parecen haberse resignado a que el socio principal del PSOE sea Podemos, pero les preocupan los puestos que la formación morada pueda ocupar en el nuevo Ejecutivo. 

La próxima legislatura será clave para aclarar el futuro de las relaciones laborales en España. El PSOE quiere abordar un nuevo Estatuto de los Trabajadores con el que se elimine la reforma laboral de 2012. De la pasada legislatura está pendiente, también, una reforma de la negociación colectiva y de la contratación; por no hablar de la intención de Sánchez (y exigencia de Podemos) de seguir subiendo el Salario Mínimo Interprofesional (SMI) hasta los 1.200 euros mensuales. 

Se tratan de cambios de calado que, según explican fuentes empresariales, requieren de una gran negociación entre los Agentes Sociales. No sólo eso, exigen también un interlocutor en el Gobierno que tenga mano derecha para gestionar unas conversaciones entre patronal y sindicatos que van a ser a cara de perro. Por último, creen que esa persona debe tener un carácter dialogante, alejada del seguidismo partidista y que busque puntos de acuerdo. 

Persona cercana

Según las fuentes consultadas, la persona indicada para ese puesto es Magdalena Valerio, la actual Ministra de Trabajo en funciones. Entre el empresariado existe el convencimiento de que es una persona con la que se puede hablar, y que cumple con todos los requisitos anteriores. “Se cree que es ministra”, en definitiva, y “busca el interés general” en lugar de mirar sólo por los postulados del partido, explican. 

Una confianza que se ha ganado durante los meses que lleva en el Ministerio de Trabajo, y eso que tuvo que enfrentarse a una de las mayores crisis de la legislatura: la subida del Salario Mínimo “a espaldas” de la patronal, como denunciaron desde CEOE. La propia Valerio asumía que así había sido, aunque también insistía en que “en momentos puntuales se precipitan los acontecimientos”. 

Un punto negro que no empaña la visión que de ella tienen los empresarios que la ven como la interlocutora perfecta de cara a los próximos meses. Ahora habrá que esperar a que se conozca la nueva composición del Gobierno. El nombre de Magdalena Valerio es uno de los fijos en las quinielas a mantener su presencia en el Ejecutivo y, seguramente, la cartera. Otra cosa es que, fruto de los acuerdos a los que llegara Sánchez, hubiera que buscarle acomodo en otro Ministerio o en el Congreso de los Diputados. 

Calviño, la otra elegida

La ministra de Trabajo no es la única que es del agrado de los empresarios. Según publicaba La Información la titular de Economía, Nadia Calviño, también está muy bien valorada y tratan de empujar a Sánchez para evitar su marcha a algún puesto en la Unión Europea. Algo que se antoja complicado, dado que su nombre suena para ocupar alguno de los puestos de la nueva Comisión Europea o de alguna otra institución comunitaria. 

Lo que parece evidente es que las principales empresas de este país abogan por la continuidad económica y por la estabilidad. Al menos, en lo que se refiere en términos de Gobierno, dado que cada vez parece más alejada la posibilidad de que el PSOE y Cs formaran un acuerdo sobre mínimos económicos que dé certidumbre a largo plazo a los inversores, tal y como contó EL ESPAÑOL. 

Es cierto que el bono a diez años está en el 0,4% lo que refleja confianza en nuestra economía. También lo es que en mayo el número de parados se situó en tres millones, y el número de cotizantes a la Seguridad Social alcanza los 19,4 millones. Sin embargo, hay algunos datos adelantados que empiezan a preocupar a los economistas y que anticipan una ralentización que podría ser mayor de lo previsto. 

Según los indicadores del Ministerio de Economía, la confianza empresarial y el consumo de energía eléctrica están en retroceso. Lo mismo sucede con la confianza del consumidor, que ha caído un 3,7%, al igual que la matriculación de automóviles y el volumen de exportaciones. Son descensos tímidos pero que pueden empezar a augurar que las cosas pueden torcerse.