A Mario Draghi le quedan semanas al frente del Banco Central Europeo. Su mandato expira en octubre y está dispuesto a morir matando. Le preocupa la ralentización del crecimiento en Europa (1% previsto para este año), pero sobre todo la inflación: 1,2% en mayo (el nivel más bajo en un año). Se avecinan cambios, por tanto, en la política monetaria que pasan por seguir reduciendo los tipos de interés y aplicar nuevos estímulos a la economía. 

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“Se trata de mantener de forma artificial el crecimiento de la economía europea”, explica el economista Javier Santacruz. Al final lo que Draghi propone es seguir abaratando el precio del dinero e inyectando masa monetaria. ¿Qué significa esto? Pues sobre la teoría que habrá más liquidez, se penalizará a los bancos (un poco más) por guardar el dinero en el BCE (sólo el año pasado destinaron a ello unos 7.000 millones de euros) con lo que se fomentará el crédito para animar la economía

Eso es lo que dice la teoría. En la práctica esto tendrá consecuencias inmediatas sobre los bancos. Rebajar los tipos hará que los márgenes bancarios se reduzcan un poco más. Por tanto, tendrán que cobrar “por absolutamente todo o desapareceremos”, dicen en alguna entidad. ¿Qué es todo? Pues todo es todo. Incluso, por qué no decirlo, por los depósitos de los ahorradores. 

Los fondos ya pagan

Los bancos no dicen esta boca es mía. Obviamente por ahora no se plantean cobrar por guardar el dinero, pero sí reconocen -con la boca pequeña- que llegado el momento habrá que tomar todas las medidas que sean necesarias y, desde luego, insisten una y otra vez en que no afectará a los pequeños ahorradores. 

Sí reconocen que están cobrando por el efectivo depositado en los bancos a grandes inversores institucionales: fondos de inversión, gestoras de patrimonio, etc. Se trata de evitar que el dinero permanezca ‘sin hacer nada’ en una cuenta. Pero habrá un siguiente paso en un futuro no muy lejano, según coinciden todos los economistas. 

“Empezarán cobrando a las grandes empresas y a los grandes patrimonios, y terminarán haciéndolo también a las pymes y los pequeños ahorradores. Tiempo al tiempo”, dice el economista y colaborador de EL ESPAÑOL, Daniel Lacalle, para quien “el BCE prefiere que cobren por los depósitos a que dejen de prestar dinero” para que la economía europea se siga moviendo. 

Los bancos llevan meses (por no decir años) viendo la que se avecina. A medida que Draghi recortaba los tipos ellos hacían lo propio con la remuneración a los clientes, su principal atractivo para captar nueva clientela (la famosa guerra de pasivo). Según datos del Banco de España, la media de intereses aplicados a 30 de abril en un depósito a la vista (una cuenta corriente) era del 0,03%. Si miramos lo que ocurría en abril de 2011, era del 0,3% y en abril de 2007 era un 0,77%. 

El caso ING

Lo mismo ocurre con los depósitos a más de dos años. Si en abril de 2007 hablábamos de un 3,14%; en 2011 era del 3,3% y del 0,19% en abril de este año. También la estrategia comercial de las distintas entidades ha ido cambiando. Basta con mirar ING, que en los últimos meses ha acabado con su producto estrella: la Cuenta Naranja. También el Santander ha ido rectificando las condiciones de la cuenta 1,2,3 y la remuneración que entregaba a sus clientes. 

Si llega el momento de tener que pagar por guardar el dinero en el banco se abrirá la espita para guardar el ahorro debajo del colchón. Lo explica el economista Juan Manuel López Zafra: “el dinero en el banco será el justo para pagar los recibos, el resto se limitará al dinero en efectivo”. 

Una vez que llegue el pagar por guardar los depósitos y el dinero empiece a salir de los bancos, explica el economista, aumentará el riesgo de que se prohíba el efectivo, con lo que “el ahorro en efectivo queda restringido y, por tanto, se puede jugar con los tipos” como al Banco Central Europeo le dé la gana. 

Pintan bastos para la economía europea. El proceso será más rápido de lo que muchos se imaginan porque la banca ve cómo sus márgenes se estrechan a pasos agigantados. Eso provocará más cierres de oficinas, más comisiones, menos empleados y, mientras tanto, tienen que hacer frente a la competencia de empresas como Amazon, Alibaba o Facebook que ya cuentan con una licencia bancaria o se han lanzado a poner en marcha su propia criptomoneda