Adrián de la Joya es uno de esos empresarios vinculados con la época de la jet-set marbellí. Un hombre que en la década de los 90 fue capaz de moverse como pez en el agua entre políticos y empresarios tejiendo una tupida red de contactos. Unos contactos que le sirvieron para ir situándose como un ‘facilitador’, un ‘conseguidor’, y que le llevaron ya en aquellos tiempos a estar vinculado con algunos de los grandes escándalos de corrupción.

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Buena parte de su red de contactos la hizo tras casarse con Cristina Fernández Longoria, cuñada de Abdul Rahman el Assir, uno de los compañeros de cacería del Rey Juan Carlos. Su nombre pasó del papel cuché al de la crónica de tribunales con el llamado caso Atocha, una estafa inmobiliaria. Fue entonces cuando se le vinculó con Rafael Martín Sanz, exconsejero de presidencia de Castilla-La Mancha. Ambos fueron investigados por el cobro de comisiones por adjudicaciones irregulares de la Comunidad de Madrid  a la empresa Construcciones Atocha durante cuatro años (1989-1992). No obstante, fueron absueltos.

Aquello fue sólo la primera vez. Estuvo vinculado a negocios en distintos sectores, todos ellos trabajando como comisionista y conseguidor. Fue en 2007 cuando decide mudarse a Suiza para dedicarse a la intermedicación financiera y la asesoría. A partir de ahí, sus tentáculos se fueron extendiendo hasta aparecer a los principales escándalos de corrupción en España de los últimos años. Desde la Gürtel a Lezo pasando por sus vinculaciones con el ‘pequeño’ Nicolás.

También tenía muy buena relación con el excomisario Villarejo, con el que se le ha visto varias veces durante todos estos años. De hecho, su detención este miércoles por parte de la policía está relacionado con el caso Tándem, dentro de la investigación que se lleva por las escuchas a la ministra Delgado durante una comida en la que él estaba presente.

En concreto, De la Joya habría sido la ‘conexión’ entre Villarejo y el empresario Ángel Pérez-Maura (también presente en la comida con Delgado) quien habría efectuado pagos al excomisario para evitar su extradición a Guatemala por un escándalo que rodea a su empresa naviera.

Un nombre habitual en casos de corrupción

Su detención se produce cuando tenía que declarar en la Audiencia Nacional dentro del Caso Lezo. Debía explicar su presunta relación con el pago de comisiones por valor de millón y medio de euros de OHL al expresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, por la adjudicación del Cercanías de Navalcarnero. Un dinero que, por cierto, nunca habría llegado al destinatario y se habría quedado en las cuentas de De la Joya.

Según El Plural, en sus primeras declaraciones ante la justicia el empresario negó haber pagado sobornos a políticos. Según su versión el dinero procedente de OHL era para saldar las deudas que OHL tenía con él “por un negocio común de minas que tenían en África”.

Este ‘ilustre’ empresario tiene también muy buenas relaciones con la prensa. Se le ha visto en alguna ocasión en almuerzos con Villarejo, el presidente de La Razón, Mauricio Casals y el director de La Sexta, Antonio García Ferreras.

De la Joya no es persona que ahora se prodigue demasiado. No sólo por su residencia en Suiza, también porque según se puede constatar en las redes se ha borrado prácticamente cualquier rastro fotográfico suyo. Ahora bien, su nombre se hacía popular para el común de los mortales gracias al ‘pequeño’ Nicolás.

Con su detención en 2014, el nombre de De la Joya aparecía en escena. Lo hacía en la documentación incautada a Francisco Nicolás con quien había hablado en casi 200 ocasiones por teléfono. El empresario era uno de los accionistas de la finca La Alamedilla, relacionada con el exvicepresidente de Banesto Arturo Romaní y que podría haber servido para blanquear capitales y ocultar bienes de Mario Conde.

No hay caso de corrupción que se precie en el que este empresario afincado en Suiza no aparezca. También sus cuentas en Suiza aparecieron dentro de la trama Gürtel y vinculadas al extesorero del Partido Popular, Luis Bárcenas. En concreto, el número de una cuenta de Serena Digital, una de sus empresas, en la que -supuestamente- iba a invertir Bárcenas. Finalmente no se llevó a cabo dicho contacto, o al menos eso es lo que dicen las dos partes.