Imagen del Park Güell de Barcelona

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La inestabilidad política y social en Barcelona sigue pasando factura al turismo

Los ingresos turísticos de Barcelona se han resentido por la caída de los precios alrededor de un 8% a pesar de que la ocupación se ha mantenido estable. 

Barcelona sigue sin vivir su mejor momento. La principal ciudad española en la recepción de turistas se aleja cada vez más de los crecimientos a los que estaba acostumbrada. Una situación que tiene su origen en la inestabilidad política y social que la ciudad lleva viviendo desde hace más de un año. 

El año 2018 ha sido peor que el anterior y lo que más se ha resentido han sido los precios. Según explicó el CEO del grupo Barceló para la zona de EMEA, Raúl González, esta mañana, han caído alrededor de un 8%, lo que ha provocado un descenso en los ingresos de la ciudad. Y eso a pesar de que los niveles de ocupación se han mantenido constantes. 

La inestabilidad política y social que está viviendo la Ciudad Condal la convierten en un destino bipolar. Como ha dicho González, “puede pasar de ser un lugar magnífico para los turistas y empresarios a ser un lugar complicado”. 

Una pena que sienten profundamente los profesionales del sector. Para ellos, Barcelona era un ejemplo mundial y con todo lo que ha sucedido -y que está sucediendo- “ha perdido ese halo”, afirmó González. Era la ciudad española que más turistas recibía año tras año, era un lugar tranquilo y en el que los viajeros disfrutaban. Ahora problemas como la turismofobia, a los que también hizo referencia González, están ocasionando un daño importante a la ciudad. 

Caída desde septiembre de 2017

Esta caída se lleva produciendo desde 2017. Según el directivo, Barcelona ese año vivió dos situaciones completamente distintas. Hasta agosto, creció a un ritmo del 15% y, a partir de ese mes, se anotó una caída del 7%. El mes de septiembre de 2017 estuvo caracterizado por los prolegómenos al referéndum ilegal del 1-O.

Sin embargo, el problema no es algo aislado de Barcelona. Los establecimientos de la capital catalana recibieron un aluvión de anulaciones, pero también en otras ciudades españolas. González achaca este asunto al desconocimiento que se tiene de la situación en España.