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Empresas HOSTELERÍA Y RESTAURACIÓN

Just Eat y Glovo se coronan reyes del 'delivery' pese a la polémica de sus repartidores

Es sábado, son las once y media de la noche y es hora de cenar para muchos en un Madrid en el que conviene alargar las horas del día para poder evitar (un poco) el calor. En el nuevo McDonald's de Goya se agolpan una decena de bicicletas de repartidores de Glovo y UberEats, que esperan su turno para recoger y entregar los pedidos que los clientes han hecho a través de sus aplicaciones.

La situación descrita, real en su totalidad, es cada vez más común en las ciudades españolas, sobre todo en las grandes capitales. De hecho, el 40% de la comida a domicilio se pide a través de estos agregadores, mientras que el 60% restante se hacen directamente con los establecimientos de restauración. Así se desprende del primer estudio de Kantar Worldpanel sobre delivery, que arroja luz sobre un tema que no está exento de polémica. De hecho, en algunos casos la situación de los trabajadores de estas compañías está en los tribunales.

Según los datos recabados por Kantar, Just Eat y Glovo son los reyes del delivery. Así, de entre las plataformas multimarca que operan en España estas dos destacan como las más usadas, especialmente la primera: un 17% de las personas que han pedido comida en lo que va de año ha usado la plataforma online Just Eat, y un 5% lo ha hecho con la española Glovo.

¿Por qué se pide comida a domicilio? El consumo por impulso, no planificado, es el motivo principal, según estos expertos, que lo comparan con cualquier consumo fuera del hogar. No obstante, destacan dos razones: la falta de ganas de cocinar y las celebraciones deportivas. "En plena celebración del Mundial, estos motivos cobran especial relevancia para la restauración y agregadores, y demuestran que el sector se adapta al ritmo de vida exigente de la población española”, explica Edurne Uranga, Directora del área Out of Home de Kantar Worldpanel.

Público 'millennial' y mayores ingresos

Así, el propio hogar es el destino principal de los pedidos, ya que ocho de cada diez se realizan para consumo en casa, mientras que un 14% es para llevar a casa de otros y un 11% para consumir en el trabajo. ¿Quiénes lo hacen? Tal y como recaban estos expertos, en 17% de la población española entre 15 y 75 años ha pedido comida en los cuatro primeros meses de 2018. No obstante, los usuarios más habituales de este tipo de servicio son los millennialsque realizan el 30% de todos los pedidos, y las mujeres (61% de los pedidos).

Uno de los grandes atractivos de las cadenas para apostar por este tipo de servicios es que se ingresa más. En este sentido, el consumo de delivery suele tener un ticket medio un 30% superior al de la restauración organizada en una ocasión similar de consumo compartido con la familia o en pareja. "Representa una oportunidad importante para que fabricantes, restauradores y agregadores sigan aportando valor al mercado”, apunta Uranga. De ahí que compañías que no tenían servicio de reparto propio se inicien con estos nuevos operadoresRodilla o TGB, por ejemplo, trabajan con estas plataformas; otras como Telepizza se lo plantean, a pesar de tener sus propios repartidores.

El modelo laboral, a debate

Teniendo en cuenta que se han hecho con casi la mitad de los repartos de comida a domicilio, estos agregadores, que ofrecen condiciones laborales muy diferentes a las tradicionales, están bajo la lupa de las inspecciones y, algunas veces, en los tribunales.

De hecho, a comienzos de mes se hizo pública la primera sentencia contra Deliveroo, tras meses de protestas de sus riders. En este sentido, la compañía acaba de sufrir la primera condena contra su modelo laboral, que daba la razón a quienes les acusaban de trabajar con los riders como falsos autónomos. Aunque el juicio solo era con uno de sus repartidores, puede sentar las bases para orientar otras resoluciones judiciales sobre esta y otras empresas.

Desde la compañía, Diana Morato, su directora general, argumentaba en este periódico que sí, que Deliveroo tiene que mejorar, pero "las leyes también deben hacerlo", en relación a la flexibilidad que, a su juicio, exigen sus repartidores.