José María Aznar, presidente de la Fundación Faes.

José María Aznar, presidente de la Fundación Faes. David Mudarra.

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Aznar pide coordinar la transición energética con una vicepresidencia económica

La Fundación Faes considera necesaria una figura que coordine y asuma las competencias de cara al horizonte de 2030 y 2050.

Un reto de primera magnitud. Así ha definido José María Aznar, presidente de la Fundación Faes, el proceso de transición energética en que se ha embarcado el mundo para luchar contra el cambio climático y con unas metas concretas de cara a 2030 y 2050.

Las claves para que este cambio del modelo energético sea exitoso son la estabilidad regulatoria y un marco institucional adecuado, ya que el proceso requerirá "cuantiosas inversiones que aún hay que definir y acordar", afirma el expresidente del Gobierno. 

"Sin estabilidad regulatoria cada vez será más difícil mantener un nivel de eficiencia alto y un nivel de seguridad alto, pero también hacer la transición que es necesaria. Y, además, porque este proceso requiere cuantiosas inversiones que habrá que definir y acordar", señala Aznar durante la presentación del informe Claves del éxito de la transición energética, publicado este miércoles por la Fundación. El propósito de este documento, ha agregado, es "participar en el debate y señalar los aspectos que consideramos esenciales en este tema para tener éxito". 

Y para la gobernanza de este proceso, desde la Fundación se propone tanto un acuerdo político que incluya necesariamente al sector privado -que es quien realizará el grueso de las inversiones- como otorgar a una vicepresidencia económica las competencias en materia energética necesarias para coordinar el proceso.

"Me parece relevante que exista algo como una vicepresidencia económica que aborde las competencias de la transición energética. Creo que la invitación que hacemos es conveniente dado que se trata de objetivos que definen un país estratégicamente de cara al futuro, no a las próximas elecciones", subraya Aznar. Bajo su punto de vista, un asunto "de esta envergadura" cabe en las competencias de una vicepresidencia económica. "Puede ser una comisión delegada, pero que tenga la más alta representación política", añade. Aun así, defiende que "lo más eficaz si se quiere ir en serio con este proceso es que tenga la autoridad de una vicepresidencia".

La propuesta del expresidente del Gobierno de recuperar la vicepresidencia económica coincide con la designación del nuevo titular de Economía, Román Escolano, que sustituye a Luis de Guindos al frente del Ministerio. Durante sus dos gobiernos (entre 1996 y 2004), Aznar contó con Rodrigo Rato como vicepresidente para asuntos económicos. Las dos legislaturas siguientes, bajo el mandato de José Luis Rodríguez Zapatero, el cargo lo ostentaron Pedro Solbes y Elena Salgado.

El expresidente del Gobierno ha insistido en que esta figura debería asumir además las funciones de la cartera de Medio Ambiente, un Ministerio que fue su "creación", ha recordado. "Esto es una propuesta, pero teniendo en cuenta todos los elementos que se conectan con la política energética, el plano medioambiental va a ser vital y que se conecte con esta vicepresidencia tiene todo el sentido", destaca. 

En esta línea, el presidente de Faes ha subrayado que la estabilidad regulatoria es "esencial" y que "todos los actores tienen que saber a qué atenerse con un margen temporal", por lo que aquellas situaciones que puedan promover la inseguridad "deben ser mejoradas".

Desafíos de la transición energética

En su informe, Faes advierte de los principales desafíos que implica esta transición. El primero es que supondrá rediseñar un mix de energía final y de generación eléctrica para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y otros contaminantes sin que esto conlleve un aumento de los precios de la energía y ponga en peligro el suministro. Para lograrlo, mientras se introduce la potencia renovable suficiente, será necesario mantener la generación nuclear. Será clave también mejorar la eficiencia energética, tanto en los sectores productivos como en los que consumen, para hacer posible la descarbonización de la economía, así como reducir sustancialmente el consumo.

Otro de los desafíos será, precisamente, desarrollar nuevas tecnologías y mejorar las que ya existen, algo que requerirá una importante inversión en I+D.

"La transición se ha de basar en la confianza de que determinadas tecnologías van a estar disponibles en los próximos años y a unos costes asumibles. Algunas las estamos experimentando -como es el caso de las baterías- y otras habrá que desarrollarlas", ha señalado Pedro Mielgo, coordinador del estudio junto con Miguel Marín. "Una de las bases de la política de transición es la expectativa de desarrollo de algunas tecnologías clave para su éxito. Su adecuado desarrollo es esencial para determinar el ritmo variable de la transición", recoge el informe de la Fundación.

Respecto a las inversiones necesarias para esta transición, Mielgo ha señalado que el punto de partida de un proceso como este es, precisamente, realizar un análisis que defina los costes, el impacto en el empleo y la inversión necesaria. "Hay que hacer ese estudio porque no tenemos objetivos definidos a 2030, pero sí hay datos europeos que nos dan una estimación", agrega el experto.

La Comisión Europea cifró en 2016 la inversión anual necesaria en 177.000 millones desde 2020. Si la transición dura hasta 2050, "implicará una inversión de 5 billones de euros", apunta Mielgo. "La cifra que corresponda a España dependerá de su punto de partida y de los objetivos y la ruta que se marque en ese horizonte y hay muchos factores en el aire que dificultan dar una cifra. No es lo mismo invertir cerrando las centrales de carbón y nucleares mañana, que manteniéndolas mientras se pueda", añade. 

Autoconsumo, sí

En este escenario de transición energética, Faes señala en su informe la relevancia del autoconsumo energético, "sobre todo a medida que el desarrollo tecnológico sirva para abaratar los costes y aumentar las capacidades, especialmente en los edificios". En este sentido, Pedro Mielgo se ha posicionado claramente a favor. "Claro que nos parece bien, es una forma de proporcionar energía a consumidores domésticos e industriales", señala.

Pero, ¿qué pasa con el conocido como 'impuesto al sol'? Mielgo ha sido tajante: No es un impuesto, sino un pago por la disponibilidad de la red, necesario como cualquier otro, cuando se quiere tener acceso. "Cuando una red está disponible, si uno quiere conectarse se conecta. Se utiliza más o menos y luego tiene un pago por consumo. El principio es innegable, otra cosa es que alguien no esté de acuerdo con el cálculo del término fijo, pero eso hay que hablarlo en cada caso", defiende argumentando que el debate se ha centrado en pedir la eliminación de este 'impuesto', pero "sin entender que el principio es innegable".

En opinión de la Fundación, el autoconsumo y la generación centralizada "tienen un óptimo de eficiencia en cada país en función de muchas variables". "Ese equilibrio solo se alcanzará naturalmente si desaparecen los cargos destinados a financiar determinadas políticas en las tarifas de los consumidores, especialmente de los domésticos, que confunden y distorsionan sus decisiones y conducen a la existencia de subsidios cruzados", expresa el estudio.