Javier Ojeda y Mario Celdrán.

Javier Ojeda y Mario Celdrán.

Empresas A los leones

A los leones

El astillero La Naval, en quiebra: lo barato sale caro

El astillero La Naval se encamina sin remedio a la quiebra. Los accionistas asumen que nada va a evitar que se inicie el procecimiento concursal. Así, Construcciones Navales del Norte, que adquirió en 2005 el histórico astillero de Sestao (inaugurado en 1916) con toda su actividad productiva y sus instalaciones, ya no encuentra su rumbo. "¿Cómo es posible que una empresa que tiene cartera de pedidos pueda estar así?", se preguntaba el lehendakari, Íñigo Urkullu, hace unos días.

Las claves hay que encontrarlas en la gestión de La Naval. Al frente de la compañía, que fabrica buques de gran tonelaje, se encuentra Javier Ojeda. La gestión ha sido deficiente. Los expertos apuntan a la decisión de pactar precios ajustados como modo de hacer frente a una gran competencia internacional, con costes de mano de obra más bajos. Esta decisión, unida a la de buscar proveedores más económicos, hizo que los productos no tuvieran la suficiente calidad. Y de ahí, crónica de una muerte anunciada. Los datos son los que son: 47 millones de euros en provisiones para anticipar pérdidas. Consecuencia de "deficiencias ocurridas en las etapas de ingeniería y diseño de la producción, que han provocado la necesidad de repetir trabajos (horas de rediseño, desarrollo de planos y producción), en ocasiones achatarrar y volver a construir, y provocarán costes unitarios de producción más elevados por ineficiencias en la organización y secuencia de los trabajos", admite la propia empresa en la memoria remitida al Registro Mercantil.

Ojeda se encuentra ahora al frente de una crisis que pone en peligro cuatro buques en construcción y 1.800 empleos. Las pérdidas acumuladas superan los 100 millones de euros. Los accionistas ya están preparados para que La Naval inicie el procedimiento concursal.

Mario Celdrán, ante los líos de la 'alquimista' murciana Graphenano

La empresa murciana que prometía una revolución en el mundo de las baterías gracias al grafeno está en una situación más que peliaguda que ha forzado la salida de su director general de varias de sus filiales y un distanciamiento de los hermanos Martínez Rovira. La facturación de la compañía en 2015, la última disponible en el registro, se había desplomado, con enormes pérdidas de explotación que sólo se compensaron con la entrada de la empresa china Chint.

Fuentes próximas a la compañía señalan que proyectos anunciados por el grupo, como un barco fabricado teóricamente con grafeno, son más maniobras publicitarias que avances tecnológicos, y que la empresa sigue siendo incapaz de fabricar el material en el volumen que ha venido prometiendo. 

Celdrán, que fue acusado por estafa por antiguos accionistas de la empresa, antes de la entrada de los chinos, fue dado de baja el pasado 6 de septiembre como administrador único de las divisiones Graphenano Dental, Graphenano Leather y Graphenano Medical Care. En todos los casos fue sustituido por la matriz, con Martín Martínez Rovira como representante.

Un auto del 24 de noviembre de 2016 de la magistrada Carmen Rodríguez-Medel Nieto señalaba lo siguiente: “Se acuerda la continuación de las presentes diligencias previas por los trámites del procedimiento abreviado por si los hechos investigados en relación con don Álvaro Zarza García, don Ignacio Ramos Covarrubias y don Mario Celdrán Romero y a la mercantil Westfield Comunicación pueden ser constitutivos de delito de estafa, apropiación indebida y/o administración desleal”.

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