Nemesio Fernández-Cuesta, presidente de Isolux, y Diana Morato, general manager de Deliveroo España.

Nemesio Fernández-Cuesta, presidente de Isolux, y Diana Morato, general manager de Deliveroo España.

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A los leones

Nemesio Fernández-Cuesta, incapaz de salvar Isolux, se va y deja el ‘muerto’ a otro

“Yo no he venido aquí a gestionar un concurso”. Se lo había dejado claro a los accionistas hace tres meses, cuando el Banco Santander dio la espantada y anunciaba su desvinculación del proceso de reestructuración financiera de Isolux, y Nemesio Fernández-Cuesta, presidente del grupo de ingeniería y construcción desde julio de 2016, cumplirá este martes su amenaza.

Dimitirá, junto al resto de consejeros, ante la imposibilidad de encontrar, al menos 300 millones, que sirvan para evitar la entrada en concurso de acreedores. El pasado mes de abril, acuciados por la falta de liquidez, el grupo y seis de sus sociedades se acogieron al preconcurso con una deuda financiera de 1.000 millones y pagos pendientes a proveedores de otros 500 millones. 

En principio, todavía quedaría el mes adicional de facto que concede la ley concursal, hasta principios de agosto, para encontrar una solución, pero, si nada cambia -y no parece-, en la junta de este martes, Fernández-Cuesta se echará a un lado, dejando el ‘muerto’ a otro. Se va un tanto apesadumbrado. Los mismos que le pusieron en julio de 2016 para sustituir a Luis Delso (Santander, CaixaBank y Bankia), con la promesa de que iban a aportar la inyección de capital necesario, son los mismos que, finalmente -sobre todo tras la espantada del Santander- no moverán un dedo para que deje el puesto.

Diana Morato se enfrenta a la primera huelga de la 'economía bajo demanda' al frente de Deliveroo

Fue la encargada de lanzar en España el negocio de Deliveroo, uno de los grandes operadores de entrega de comida a domicilio en Europa. Lo hizo en 2015. Dos años después, Diana Morato se ha enfrentado a una particular rebelión por parte de los repartidores que trabajan para ellos y, por ende, a la primera gran huelga del sector de la llamada 'economía bajo demanda'.

Los cambios en las condiciones de trabajo, eliminando el número mínimo de horas de trabajo y los ingresos garantizados (se hagan o no servicios mientras se está conectado a la plataforma), han sido el detonante de esta movilización. Los trabajadores no sólo se quejan del empeoramiento de esos contratos sino de la falta de diálogo y de cintura por parte de los responsables de la compañía en España.

Esta huelga marca un antes y un después en un sector en el que la dificultad para rentabilizar la actividad económica obliga a plantear trabajos que, en muchos casos, son precarios. Morato deberá gestionar ahora una rebelión que ya tuvo lugar en Londres, lugar de origen de la compañía, y que acabó con una mejora de las condiciones laborales.

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