Luis de Guindos y el ministro portugués de Finanzas

Luis de Guindos y el ministro portugués de Finanzas EFE

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España y Portugal: ¿por el buen camino o girar hacia la austeridad?

De Guindos y Mário Centeno analizan los dos modelos económicos de la Península Ibérica.

Lisboa (Portugal)

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Políticos y economistas europeos se han reunido este martes en Lisboa para asistir a la conferencia ‘Un Euro para el Crecimiento y la Convergencia’, organizada por el Gobierno portugués. Con el contexto del Brexit y el auge de los populismos nacionalista de fondo, los expertos eran convocados para buscar soluciones a la fragmentación de la Unión Europea y plantear propuestas para facilitar la recuperación económica y social del continente. Pero el debate también era sobre los modelos vigentes en la Unión: el de la austeridad y el del gasto social moderado. Un contraste de modelos especialmente evidente en la Península Ibérica.

España –representada en la conferencia por el ministro de Economía, Luis De Guindos– cumple seis años de políticas de recortes y austeridad bajo el Ejecutivo de Mariano Rajoy. El rescate de 2012 sirvió para reflotar el sector financiero, pero el Gobierno ha intentado reducir el déficit frenando y reduciendo el gasto público, y apostando por el crecimiento económico del país para solucionar los problemas del déficit. Las partidas de Educación, Sanidad y Protección Social son de las que más se han visto afectadas por los recortes, en un 19,4, 10 y 13% respectivamente entre 2011 y 2014 según un informe publicado recientemente por Fedea.  

Pasar página en Portugal

En Portugal, en cambio, el socialista António Costa asumió el poder hace un año prometiendo “pasar página a la austeridad”. Apoyado en una frágil coalición parlamentaria de socialistas, marxistas del Bloque de Izquierda (BI) y el Partido Comunista Portugués (PCP), el ministro de Finanzas Mário Centeno embarcó en un ambicioso programa que buscó acabar con los recortes impuestos por la Troika y el Ejecutivo del conservador Pedro Passos Coelho.

Entre otras medidas, el Ejecutivo Costa ha repuesto los salarios de los funcionarios públicos y restaurado las pensiones recortadas durante los peores años de la crisis. También ha cancelado la privatización de los transportes públicos, frenado la venta de la aerolínea estatal TAP, y mostrado un claro apoyo a la escuela pública.

Tanto Madrid como Bruselas se han mostrado escépticos ante el cambio de política económica en Bruselas, críticos con el abandono de la austeridad. Dentro del país, muchos auguraron que el fin de los recortes y la reactivación del gasto público llevarían a un segundo rescate del país. Sin embargo, Portugal cerró 2016 cumpliendo sus compromisos con Bruselas, consiguiendo ser la economía que más creció durante el tercer trimestre del año pasado, y con el camino libre para reducir su déficit por debajo del 3% este año.

¿Una alternativa viable?

Sandro Mendonça, economista del ISCTE – Instituto Universitario de Lisboa, considera que Portugal ha demostrado que otra vía es posible. “Este último año el Gobierno Costa ha demostrado que, con presión internacional reducida, hay margen de maniobra para tener una economía que se maneja con mayor interés en las personas y no tanta obsesión con el sector financiero”, apunta.

“Portugal ha sabido atender a las necesidades de la población, reponiendo los salarios y las pensiones. A pie de calle eso ha devuelto mucha confianza a los consumidores, y esa situación se ha visto reflejada en la economía”, añade Mendonça, quien ha sostenido que, durante este primer año de su mandato, el Ejecutivo luso se ha centrado “en su propia sobrevivencia y la credibilidad internacional”.

“Ha necesitado cumplir con los compromisos suscritos con quienes lo apoyan en el Parlamento, y eso ha requerido mucho gasto público en medidas sociales y la supresión de ciertos impuestos. Pero también ha necesitado mantener la confianza de las agencias de rating y de Bruselas, reduciendo el déficit. Ha logrado ambos objetivos mostrándose flexible con el presupuesto con el que trabajaba”, proseguía el economista del ISCTE.

“La clave será ver lo que hace el año que viene, pues aunque estamos sobreviviendo sin la austeridad, queda por ver si podemos crecer. Tiene que haber inversión en los sectores que garanticen nuestro futuro y atraer inversiones extranjeras. Por el momento hay una apuesta por reforzar lazos con China a través del puerto comercial de Sines, y con un acuerdo para manufacturar fármacos genéricos con India, pero queda mucho más por hacer”, apostillaba Mendonça.

Por su parte, Paulo Barradas, columnista económico del diario Expresso, se mostraba más escéptico con el modelo actualmente vigente en Portugal, aunque admite que el Gobierno Costa “ha sabido gestionar la situación muy bien”.

Pese a ello, Barradas señala que las medidas sociales promulgadas por el Gobierno han tenido su coste, y que la carga fiscal no ha desaparecido. “Los aumentos de salarios y pensiones han sido posibles sólo gracias a la disminución del gasto público, más evidente en la manutención de las infraestructuras. Los funcionarios tienen su dinero, pero faltan carruajes en el Metro de Lisboa porque no hay dinero en el presupuesto para pagar la reparación de los que están averiados”.

“Los impuestos directos han sido eliminados, pero los indirectos han crecido. La táctica es inteligente: la gente se queda contenta al tener más dinero en la cuenta. Pero, ¡ojo!, las pérdidas pueden llegar por otro lado. Si conduces, pagas más por el coche nuevo o por la gasolina; si fumas, pagas más por el tabaco. Es verdad que al menos ahora cada uno tiene mayor autonomía sobre lo que paga”, reflexionaba Barradas.

“No obstante”, reconoce Barradas, “Por el momento esta fórmula ha funcionado. El Gobierno se ha mostrado creativo en la reorganización de las cuentas y comunicarlo a la población de manera muy efectiva, creando cierto optimismo entre el público”.

¿Una opción para España?

Mendonça, profesor de ISCTE, se muestra crítico con una austeridad española “que ha ido mucho más lejos de lo que necesitaba ir”.  Cree que  “el Gobierno Rajoy ha velado por los poderes financieros, que también ha sido la estrategia europea, muy contraria a las economías mixtas. Es una perspectiva neoliberal que ha olvidado a los ciudadanos medios, y ya hemos visto que, en el resto de Europa y el mundo, eso ha contribuido al éxito de figuras como Marine Le Pen y Donald Trump”.

Mendonça sostiene que, pese a la dureza de la austeridad en España, los impactos de la misma se visto mascarada por el “mini-boom” de crecimiento del que ha gozado el país en los últimos años.

“El problema es que el PIB ha crecido gracias al consumo de las familias y el sector turístico, beneficiando por el desplome del sector en el norte de África. Son factores volátiles; un desastre natural o un atentado terrorista podría socavar el sector en España también”, cree Mendonça.

La austeridad hipoteca el futuro

“La austeridad no significa ahorros y a veces implica mayor deuda particular, pero lo peor es que hipoteca el futuro. El país tiene un problema crónico de productividad y es ahí donde la austeridad continua va a tener sus peores consecuencias. La falta de inversión en sectores estratégicos y en el sector académico coarta el futuro productivo del país y de sus empresas. Las excepciones son Inditex y el Santander, y el caso de Finlandia, arruinada con el colapso de Nokia, ha dejado patente que un país no puede depender de dos fenómenos empresariales”.

A diferencia de Mendonça, Barradas considera que a España le va bien con la austeridad y opina el Gobierno Rajoy ha sido efectivo en reflotar el sector financiero, que primaba sobre todos los otros.

“Sin solucionar el problema de las cajas con el rescate de 2012, el país se habría arruinado. Incluso ahora España gana más con la austeridad porque tiene otras opciones industriales. Tiene producción propia y un consumo interno considerable, pero también una economía paralela muy significativa. Si la austeridad se emplea para controlar esa economía paralela podría tener el resultado favorable de aumentar la justicia fiscal”.

“España es España y Portugal es Portugal: son países muy distintos”, afirma el columnista. “Incluso si Rajoy quisiese copiar al ‘modelo portugués’, lo tendría difícil por la oposición de la izquierda. El Ejecutivo de Costa sólo ha conseguido sacar adelante su modelo gracias a contar con el apoyo parlamentario del PCP, que controla los sindicatos. Un Gobierno de derechas nunca podría hacerlo”.

De Guindos: ‘No hay más recortes previstos’

Preguntado por EL ESPAÑOL sobre si España debe modificar sus políticas para emular las de su vecino ibérico, el ministro De Guindos descartó apostar por el modelo luso a la vez que aseguró que no había recortes a la vista, afirmando que “en España últimamente no hay recortes en Sanidad y Educación”.

“El planteamiento de España es de la reducción del déficit de manera ordenada, aunque más intensa en 2012 y 13. En estos momentos nosotros en España seguimos trabajando en la reducción del déficit público. Estamos cumpliendo sin que haya habido recortes adicionales. La fuente fundamental de la reducción del déficit público en España es el crecimiento económico, que ha sido fundamental en los presupuestos públicos y que está detrás de la reducción positiva del déficit y el mantenimiento de todos los programas sociales”.

De Guindos señaló que los países tenían situaciones económicas similares, pero diferentes. “España tiene un déficit público superior al portugués, partiendo de los recortes de hace unos años. Vamos a pasar del 4,6 del año pasado al 3,1 fundamentalmente a través del crecimiento económico. El resto, el ajuste fiscal, vendrá a través de la medida que tomamos del impuesto de sociedad. No está previsto mayor recorte del gasto público”.

“Portugal tiene una ventaja respecto a España: su público es inferior. La desventaja es que el ratio de deuda pública al PIB es bastante más elevado, 30 puntos más que España. Lo que ambos tenemos que fomentar es el crecimiento económico. España ha crecido en el 3,2%, Portugal también tiene crecimiento más reducido, pero mejor en el segundo semestre”, concluyó De Guindos. “Estamos todos en el mismo barco.”