Julio Fernández Gayoso, expresidente de NovaCaixaGalicia

Julio Fernández Gayoso, expresidente de NovaCaixaGalicia Reuters

Empresas De bancario a banquero

Gayoso, el banquero cantante de boleros, acaba en prisión

De auxiliar a presidente, los turbios asuntos en NovaCaixaGalicia le llevan a la cárcel con 86 años.

De bancario a banquero, Julio Fernández Gayoso empezó a trabajar con 16 años como auxiliar de contabilidad en la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Vigo y, con 75 años, acabó como presidente de Caixanova.

Después, hasta los 77, ejerció de presidente de la fusionada NovaCaixaGalicia. Ahora, a sus 86 años, acaba de ser detenido en cumplimiento de una orden de la Audiencia Nacional y enviado a prisión por su implicación en los escándalos por las jubilaciones y contratos blindados.

Simpático, con don de gentes, y cantante  

A lo largo de sus 70 años de carrera profesional en la caja viguesa, Fernández Gayoso nunca pasó desapercibido y su simpatía y don de gentes le fueron granjeando la confianza, tanto de sus superiores como de los políticos, primero del PSOE y luego del PP.

Amigo de sus amigos y de trato entrañable, al margen de su carrera profesional, en sus años mozos, el banquero gallego también se prodigó como cantante de boleros, una faceta en la que, según quienes le escucharon, no desentonaba lo más mínimo. Todo lo contrario.

Director general con 34 años

Tras su etapa inicial de auxiliar, la ambición típica de un hombre de origen modesto, ayudado por su sempiterna simpatía, propició su ascenso a jefe de contabilidad de la caja viguesa con 27 años. Y cinco más tarde obtuvo por oposición la categoría de jefe de sección para, con tan solo 34 años, ser nombrado director general de Caja de Vigo.

Durante su largo periplo profesional en la caja viguesa, la Obra Social de esta entidad no pasó desapercibida, con la promoción de innumerables obras de carácter cultural, docente y asistencial, como la recuperación del antiguo Teatro García Barbón como Centro Cultural Caixavigo, la creación del Colegio Universitario de Vigo, convertido en embrión de la Universidad o la consolidación de la Escuela de Negocios Caixanova.

También fue Fernández Gayoso protagonista clave de la fusión llevada a cabo en 2000 de la  Caja de Ahorros de Vigo con las de Orense y Pontevedra. Hasta 2006 se mantuvo como director general en la nueva entidad Caixanova, para ser nombrado, en junio de 2006, presidente no ejecutivo.

Los vericuetos de una complicada fusión 

A partir de aquí otros cuatro años tumultuosos, provocados por la continua concentración del sector financiero español, que acabaron, en diciembre de 2010, con otro acuerdo -el de la fusión entre Caixanova y Caixa Galicia-, que alumbró NovaCaixaGalicia.

Una fusión de alto riesgo que el propio Gayoso -copresidente junto a Mauro Varela, expresidente de Caixa Galicia- no dudó en calificar como “la más compleja de España”. Algo debía otearse el fino olfato del veterano bancario de los vericuetos en que se alcanzó este acuerdo.

Año y medio después, en junio de 2012, tuvo que dimitir al verse involucrado en el turbio desvío de fondos de la entidad a prejubilaciones. El asunto por el que, a sus 86 años, acaba de ingresar en prisión el octogenario banquero gallego. Un mes después comparecía ante la Comisión de Economía del Congreso de los Diputados y, en junio de 2013, lo hacía ante el Parlamento gallego.

Administración desleal y apropiación indebida

Finalmente, en octubre de 2015, fue condenado por la Audiencia Nacional a 2 años de cárcel y 75.000 euros de multa por cooperador necesario en un delito de administración desleal en concurso con uno de apropiación indebida.

En España, la ley establece que una persona condenada a más de dos años de prisión debe ingresar en prisión. mientras que en condenas de dos años o menos, cuando no existen antecedentes, queda a decisión del juez.

En este caso, el magistrado ha decidido que tanto Gayoso como el asesor jurídico Ricardo Pradas, vayan a la cárcel. Lo hacía al considerar el dictamen del Tribunal Supremo, de septiembre del pasado año, que entendió benévola la pena de dos años. También ha pesado en el ánimo del juez el hecho de que los condenados no hayan devuelto el dinero y tengan todavía causas pendientes con la justicia.