Matías Cortés era una de esas personas desconocidas para el gran público, pero su figura fue determinante durante décadas en este país. Hombre discreto, prefería estar en un segundo plano a ser el protagonista de las decisiones políticas, económicas y empresariales en las que estuvo involucrado. Un abogado especializado en Derecho Tributario, de origen granadino que tuvo la oportunidad de ser Ministro con Leopoldo Calvo-Sotelo, aunque lo rechazó porque prefería seguir trabajando en la sombra.

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El letrado fallecía este sábado a los 81 años en Madrid víctima de una enfermedad fulminante, lo que le ha situado en el foco de atención, una posición en la que no se sentía nada cómodo. Él prefería situarse detrás de la mesa de su despacho de la madrileña calle Hermanos Bécquer, desde donde podía tener una visión de 360 grados sobre la realidad del país. Esa cualidad, así como una visión ecuánime y con una gran capacidad para buscar soluciones, le permitieron convertirse en el abogado de confianza de la élite empresarial y política de este país durante más de medio siglo.

Fue capaz de influir en prácticamente todos los gobiernos que se formaron desde la transición. Fue íntimo amigo, entre otros, de Pío Cabanillas o de Manuel Fraga. Aunque su figura estuvo muy vinculada a la UCD. Llegó a presidir la Fundación para el Progreso y la Democracia, lo que le llevó a verse salpicado en el caso Uteco por un desvío de 177 millones de las antiguas pesetas.

Sus buenas relaciones no eran sólo políticas. También empresariales. La nieta de Franco, Isabel Preysler, la familia Coca, Emilio Botín, el expresidente de El Corte Inglés, Isidoro Álvarez o la familia Sanahuja fueron algunos de sus clientes. También Mario Conde, a quien defendió durante décadas al igual que al financiero Jacques Hachuel.

Participó en grandes casos

Él y su despacho de abogados han formado parte de algunos de los casos más importantes de la historia de este país como el Banesto (se dice que fue él quien lideró las negociaciones para que Corsair (fondo de JP Morgan) estuviera a punto de ser el caballero blanco que salvara a la entidad, el Caso Atlético o la expropiación de Rumasa. “Logró hacer uno de los despachos de abogados más importantes de Madrid”, decía este sábado una de las personas que compartió con él consejos de administración y que se mostraba sorprendido por su repentino fallecimiento.

Pero la figura de Matías Cortés está inexorablemente unida a la de Jesús de Polanco, el fallecido presidente del Grupo Prisa. El abogado fue uno de los miembros fundadores de El País, lo que le permitió trabar una gran amistad con el empresario. Tanto fue así que fue consejero del grupo de medios desde 1977 a 2013. Era considerado como el hombre de confianza de Polanco en el Consejo.

Tanta confianza tenía en él, que su despacho de abogados se convirtió también en uno de los principales bufetes que asesoraba a Prisa. Asesoró al grupo de medios en operaciones tan importantes como la entrada del Liberty en el accionariado del grupo allá por el año 2010, o en la búsqueda de financiación alternativa cuando las deudas ahogaban al grupo de medios.

Cortés era una persona extremadamente culta, con gran pasión por la música, estaba casado en segundas nupcias con la cantante de origen argentino María Lavalle. Era también una persona muy sarcástica.

Miembro del consejo de Sacyr

En los últimos años ocupaba también un puesto en el consejo de administración de Sacyr, la constructora que preside Manuel Manrique. Fue reelegido en la Junta de Accionistas del año pasado y allí compartía asiento con uno de sus grandes amigos, el empresario Demetrio Carceller.

También en Sacyr jugó un papel esencial durante años. Fue él quien decantó la balanza del lado de Carceller y Juan Abelló en la guerra que el consejo mantuvo con el depuesto expresidente, Luis del Rivero. De hecho, hay quien dice que éste todavía considera a Cortés un traidor por haberse cambiado de bando. Otros, en cambio, creen que lo único que hizo fue aplicar su extraordinario sentido de la empresa para buscar la mejor solución para el grupo constructor.

Quizá para el gran público su figura sería desconocida, pero la vida política y empresarial de este país hubiera sido distinta sin Matías Cortés. Un hombre que no dejaba indiferente a nadie, pero al que hasta sus enemigos más acérrimos reconocen “una inteligencia extrema”