Lamine Yamal, durante el partido contra el Atlético de Madrid. REUTERS
Los analistas coinciden: el gesto de Lamine con Flick y su enfado ante el Atlético llega por haber sido famoso desde tan joven
El extremo azulgrana ha sido criticado por su actitud tras la victoria en el Metropolitano que dejó media liga en el bolsillo para los culés.
Más información: El Barça gana media Liga y Lamine Yamal se enfada: el desplante a sus compañeros y a Hansi Flick en la celebración
Más allá del gol de Lewandowski y de la victoria en el Metropolitano que dejó La Liga prácticamente vista para sentencia para el Barça, la escena que ha encendido el debate es otra: la de Lamine Yamal sin celebrar el 1-2 y caminando solo mientras el resto de sus compañeros explotaba de alegría y su posterior gesto con Hansi Flick tras el final del choque.
El extremo de 18 años no se sumó a los festejos. Cuando el balón entró en la portería de Musso, Lamine observó la jugada desde la distancia con semblante serio, se limitó a extender la mano para chocar con Cubarsí, que intentó acercársele y animarle, y siguió caminando hacia su posición sin mostrar el menor signo de alegría.
El partido terminó, sus compañeros abrazados en el césped, y él se marchó directo al túnel.
IMAGEN DAZN 📸
— DAZN Fútbol (@DAZNFutbol) April 4, 2026
Lamine Yamal y su reacción tras el partido contra el Atlético de Madrid#LALIGAenDAZN ⚽ pic.twitter.com/oetwEYVll8
Lo que vino después encendió todas las alarmas. Camino al vestuario, acompañado por José Ramón de la Fuente, entrenador de porteros del cuerpo técnico, Lamine se cruzó con Hansi Flick.
El técnico alemán intentó detenerle, le puso una mano en el pecho para felicitarle por su partido, pero el '10' pasó de largo: le dijo algo con aparente molestia y siguió caminando, señalando con el dedo hacia atrás, como apuntando a algo que había ocurrido en el campo. Las cámaras de DAZN lo captaron todo.
Flick intentó apagar el fuego en la rueda de prensa. "Estaba un poco enfadado porque fue un partido con muchas emociones, pero es normal. Lamine lo dio todo. Intentó marcar goles, intentó dar el último pase... tiene sentimientos. Pero está en el vestuario y todo está bien", dijo el entrenador. Una explicación que los analistas no terminaron de comprar.
En el Partidazo de COPE, el debate sobre la actitud de Lamine fue protagonista de la noche. Paco González no anduvo con rodeos y apuntó directamente al fondo de la cuestión: "Me parece horrible convertir el fútbol en un deporte individual". Una frase que resume el malestar de muchos ante la imagen de una estrella que no es capaz de celebrar un triunfo colectivo por su propia frustración personal.
Manolo Lama fue más comprensivo en el diagnóstico, aunque igual de contundente en el análisis: "La fama le ha llegado muy pronto. Debe ser muy difícil saber llevarla. No es la primera vez que hace un gesto feo como ese. Tiene desprecio a su entrenador".
Y ahí está el quid de la cuestión que plantearon en el programa: Lamine Yamal lleva siendo un fenómeno mediático desde los 15 años, y gestionar ese peso a los 18 no es tarea fácil.
Lamine Yamal se lleva las manos a la cabeza. REUTERS
Miguel Rico puso el foco en el daño que ese tipo de imágenes hacen al equipo: "No puede ser que parezca que pasa algo en el equipo por culpa de Lamine".
Una reflexión que alude a los rumores y al ruido que se genera en el entorno azulgrana cada vez que la estrella del equipo protagoniza un episodio de este tipo, distrayendo la atención de una victoria que, sobre el papel, debería haber sido motivo de celebración unánime.
El más duro fue Roberto Palomar, que no dejó lugar a la interpretación: "Su gesto me pareció una manera muy mala de ensuciar una victoria del Barça". Tres puntos en el Metropolitano, siete de ventaja en la Liga, y el foco de la jornada en el enfado de un jugador de 18 años que no supo -o no pudo- ponerse a la altura del momento.
No es la primera vez. Ya ocurrió cuando Flick le dio descanso ante el Rayo Vallecano, o en La Cerámica cuando respondió con gestos a la grada que le pitaba.
El patrón se repite, y los analistas del Partidazo de COPE apuntaron ayer a una misma raíz: la fama descomunal que cayó sobre Lamine Yamal antes de que tuviera las herramientas emocionales para gestionarla. Talento sin igual. Madurez, todavía pendiente.