Antes todo era más fácil, cuando una serie no funcionaba en audiencia todo el mundo sabía que iba a pasar por la guillotina. A nadie le sorprendió que Antena 3 se cargara Ellas y el sexo débil cuando en su tercer episodio no pasó del 6% de share, o que Telecinco tardara dos telediarios en acabar con Piratas y la ilusión de Pilar Rubio de convertirse en una estrella.

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Pero ahora, con las plataformas, el Video on Demand y las nuevas formas de consumir contenido uno nunca sabe a qué atenerse. Netflix no publica las cifras de sus series, sólo las de algunas que son un pelotazo y que tenemos que creernos porque no vienen auditadas por ninguna empresa especializada o externa.

¿Cuánta gente ha visto Paquita Salas?, ¿y la película de Will Smith que cubrió con una lona todo el Edificio España? No lo sabemos, nos fiamos de que funcionan dependiendo de lo que la propia empresa hable de ellas. El éxito puede medirse, en estos tiempos, en el ruido social que generen, o cuando son renovadas inmediatamente. Pero el ruido es difícil si la propia plataforma ni siquiera promociona algunos de sus productos.

Imagen de Tuca y Bertie. Netflix

El catálogo de Netflix es tan ingente que hay miles de series en un cajón esperando que alguien las rescate, y el dichoso algoritmo no es capaz de encontrar agujas en el pajar. Todo esto para hablar de una de las series más originales de este año y que la empresa no ha dudado en sacrificar tras acabar su primera temporada. Se trata de Tuca y Bertie, y sé lo que estáis pensando: ¿qué es Tuca y Bertie? No os habéis enterado porque ellos tampoco han querido que os enteréis, porque mientras a la serie animada de Matt Groening le dedicaron tiempo en medios y en redes, a esta joya de los dibujos para adultos no le han hecho ni caso.

Y eso que era la nueva creación de Lisa Hanawalt y Raphael Bob-Waksberg, la dupla encargada de una de sus joyas de culto, BoJack Horseman. En esta ocasión ha sido ella la que ha parido esta única temporada de diez episodios de 25 minutos que cuenta la historia de dos pájaros femeninos -increíble y carismático trabajo vocal de Tiffany Haddish y Ali Wong- de 30 años que se enfrentan a los problemas del día a día. Imaginen Sexo en Nueva York en versión animada y quitando todas las concesiones a la comedia romántica. Pues algo parecido podría ser Tuca y Bertie.

Netflix tenía una joya entre manos, pero la ha dejado morir. Su famoso algoritmo ha fallado, ¿por qué si me he visto todas las series de humor más adulto de la aplicación nunca me la ha sugerido? Eso también se preguntan la gente que ha visto los capítulos de BoJack Horseman y que no han visto que les recomendaran Tuca y Bertie, con la que tienen muchos puntos en común.

Imagen de Tuca y Bertie.

Decimos adiós a una de las series más divertidas del año y, sobre todo, a la más original. El universo colorido de Lisa Hanawalt es imaginativo y no tiene límites. Todo vale en ese estilo naif donde los pájaros se comportan como personas, conviven con otros animales y se enfrentan a los problemas de los adultos.

Sexo, rutina, trabajo, dinero, amistades… Tuca y Bertie hablan de todo sin renunciar a un sentido del humor especial -aviso, no es para todos- y único. Una serie que toma riesgos y se atreve a hablar de ladillas y ETS con mucha coña. Nadie se espera la siguiente ocurrencia y todo parece sorprendente, algo que es difícil en la televisión actual.

Mención especial al segundo capítulo, en el que se afronta de forma divertida y de frente el tema del acoso en el trabajo, los comentarios machistas de los compañeros y hasta la tolerancia de ciertas mujeres hacia según qué comentarios. Para hablar de todo ello sin soltar un sermón se saca de la maga el recurso del “pecho pródigo”. Brillante. Se nota que quien escribe y dirige es una mujer. Sabe de lo que habla y no engola la voz para hablar de ello. No es postureo.

De poco ha servido, es la octava mujer que se ha quedado sin serie este año en Netflix, que quiere apostar por la diversidad, pero se ha cargado la serie que mejor la retrataba sin sonar impostado. Como diría Cayetana Álvarez de Toledo cuando vio a tres reyes magos que no vestían túnicas de lujo: Jamás te lo perdonaré, Netflix, jamás.