Málaga

El sexo vende. Mario Casas también. Una serie con Mario Casas en la que uno de los principales activos es su alto contenido sexual y las escenas de alto voltaje tratadas de forma explícita es una bomba de relojería. En Movistar+ y en Bambú, la productora de ficción más exitosa de nuestro país, lo saben, y por eso se han unido para crear Instinto, un 50 sombras de Grey cañí en el que Mario Casas destapa sus bajas pasiones en un club con estética de Eyes Wide Shut y muchos traumas detrás que el espectador tendrá que ir descubriendo según avancen los episodios de esta serie que se estrena en mayo.

El actor no se ha cansado de repetir Shame, esa maravilla sobre la adicción al sexo dirigida por Steve McQueen, como su referente para interpretar a Marco, el ejecutivo de éxito al que le gusta el sexo en todas sus vertientes, pero vistos los dos primeros episodios, la comparación con la trilogía de E.L. James parece más acertada.

Instinto sabe lo que tiene entre manos, que es el morbo de ver a Casas en acción, así que la primera escena que vemos es al actor en la ducha en pelota picada, en un desnudo integral que todavía cuesta ver en las series españolas. Toda la carne en el asador desde el primer fotograma. Las hordas de fans van a disfrutar al máximo del actor en todo su esplendor, y eso se notaba en el Festival de Málaga, donde se presentaron los dos primeros capítulos y donde se escucharon suspiros y comentarios lujuriosos a la salida del primer pase.

Mario Casas en Instinto.

Por supuesto Instinto también tiene una historia de amor, una relación a tres entre Casas, Silvia Alonso, e Ingrid García-Jonsson, que interpreta a la psicóloga de su hermano, autista y al que da vida… su hermano en la vida real, Oscar Casas, que recoge el testigo de su hermano como sex symbol aunque en los primeros compases su aparición sea el lado dramático de Instinto.

El Marco de la ficción deja su estrés y sus fantasmas interiores en una sala con muchos neones rojos y letras que dicen ‘Sex is art’, y en la que todos se pasean desnudos menos él. Hombres con arneses tocando el piano, mujeres con fustas que azotan a señores a cuatro patas, y muchas telas colgadas del techo. En el primer capítulo Casas ya entra en ese lugar de lujo y perversión y, eso sí, tiene una relación heteronormativa con dos mujeres despampanantes (a la vez). Lo de romper los tópicos de la masculinidad y verle con hombres o con cuerpos no canónicos se deja para otra vez.

Para Teresa Fernández-Valdés, una de las mentes detrás del éxito de Bambú, “era ya hora de hablar del sexo de forma desprejuiciada”. “Pero nos interesaba también la psicología de los personajes, tratar las obsesiones, el deseo, el amor aunque sea equivocado. El personaje de Mario Casas interpreta a un hombre atormentado por el pasado, vamos a hacer un viaje más oculto, mucha gente vive su sexualidad de forma muy distinta a la tradicional, hay que abrir la mente”, ha contado en Málaga a los periodistas.

Hubo gente que vino a enseñarnos cómo se ataban las correas, cómo se movían, cada uno proyectó su fantasía, se habla de la práctica de dominación, cómo actúa el pasivo y el activo

Para Instinto han rodado en un club real donde se realizan estas prácticas, con decenas de extras desnudos para que el centro de la trama erótica sonara a real. “Hubo gente que vino a enseñarnos cómo se ataban las correas, cómo se movían, cada uno proyectó su fantasía, se habla de la práctica de dominación, cómo actúa el pasivo y el activo”, añadió la productora.

Casas, por su parte, alimentó el morbo al decir que había escenas que pensaba que no se iban a poder emitir, y que incluso algunas se habían quedado fuera del corte final por demasiado fuertes. “Si vas por ahí, es sórdido y no elegante”, dijo echando más gasolina al fuego y dejando claro que se habían “tirado a la piscina”.

Las escenas de sexo las han llevado como han podido, porque aunque para los espectadores todo sea erótico festivo, para ellos no ha sido tan cómodo. “Para los actores es una putada estar delante de 25 personas, no hay disfrute como en la serie, espero que el público disfrute, se lo pase bien, y sea perturbador y excitante al mismo tiempo”, ha dicho Casas con sinceridad y subrayando que para él lo importante del personaje era lo que había dentro, el “reto emocional”. No sabemos si al público le apetece ver eso o lo que se esconde debajo de su ropa.

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