Ernesto Alterio junto a Diego Luna en Narcos: México.

Ernesto Alterio junto a Diego Luna en Narcos: México. Netflix

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Ernesto Alterio, el “hijo de la gran chingada” que fichó por ‘Narcos’

"Adios hijueputas, hola hijos de la gran chingada". Con esa contundente y provocadora frase se presenta en sociedad la nueva temporada de Narcos en la plaza Colón. Una imponente lona cubrió un edificio el mismo día que 11.000 personas se amontonaban allí para rendirse a Rosalía en el concierto de presentación de su disco. Netflix demostraba que siguen siendo únicos en su apuesta por una publicidad arriesgada e irreverente.

Era el pistoletazo de salida al desembarco de Narcos: México, que cambia de país para seguir contando historias de auge y caída de los traficantes de droga en países latinoamericanos. Adiós a Brasil, y a su anterior reparto, y bienvenidos los miembros del cartel de Guadalajara, donde se encuentran esos “hijos de la chingada” y que han sido fichados entre los mejores actores latinos de todo el mundo. Michael Peña y Diego Luna son el héroe y el villano de la historia, pero detrás de ellos también hay presencia española donde destaca Ernesto Alterio (nacido en Argentina pero criado en España) como Salvador Osuna, director de la DFS, equivalente de la CIA, y eje de la corrupción del país.

Alterio se ha convertido en uno de los niños mimados de Netflix, ya que también se encuentra en la última temporada de Las chicas del cable, lo que le ha tenido viajando de España a México todo el año. Para prepararse hasta le pusieron un ‘dialect coach’ para clavar el acento, algo impensable en la industria española. “Es que en Narcos lo tienen muy bien montado y tuve la posibilidad de trabajar con el dialect coach, que fue quien me guió con el acento y me dieron la posibilidad de hacer trabajo de campo en el sitio, en los lugares donde se mueve el personaje y de mezclarme con la gente, que es lo que te da la pauta”, contaba el actor a EL ESPAÑOL.

Fotograma de la tercera temporada de Narcos.

Fotograma de la tercera temporada de Narcos.

Para ese trabajo de campo el actor recurrió a libros, documentación, y hasta tuvo entrevistas con gente mexicana que había tenido contacto con la corrupta DFS de la época: “Esto hay que ubicarlo además en una época concreta, y eso era una parte del trabajo. A mí me costaba entender cómo mi personaje, si es el jefe de la DFS, y ellos tenían además un sentimiento muy nacionalista sobre México, que mi personaje decía que él no era ni de derechas ni de izquierdas, sino que era mexicano, porque era el mejor país del mundo y que no lo habían sabido defender”.

“No entendía cómo este sentimiento de patriotismo se hilaba con esa corrupción…. Aunque la DFS fue un organismo creado en unos años en los que los servicios de inteligencia tenían que ver con los movimientos en América Latina donde se apoyaban las dictaduras, y tienen que ver con la triple A en Argentina, con gente que consideraban una amenaza a todos los que pensaban diferente a ellos. Gente que además se instruye en las escuelas de las Américas, que es casi una escuela de asesinos donde el gobierno de EEUU instruyó a militares de América Latina que masacraron a toda una generación... Creo que al final entendí que parte de la cosa es que, en la medida que ellos tenían controlado esto, controlaban su país, la cosa es que se llevaba un buen dinerote también”, añade.

A mí me costaba entender cómo mi personaje, si es el jefe de la DFS, y ellos tenían además un sentimiento muy nacionalista sobre México, luego eran corruptos

El actor hispano-argentino se ha especializado en dar voz a hombres corruptos que actúan en nombre de la ley, como su Tísico de La sombra de la ley, y después de ese máster exprés opina que tiene la sensación de que “somos pobres marionetas en manos de gente que maneja los hilos con total impunidad y hace lo que quiere, y la mayoría no nos damos cuenta de cómo se manejan los hilos y de que dependemos de gente que se reparte el pastel de forma impune y tiene licencia para hacer lo que quiera”.

Una de las principales críticas que se hacen a Narcos, es que idealiza la figura del traficante, del villano, algo que reconocía el propio hijo de Pablo Escobar, que opinaba que la ficción sobre du padre le habían convertido en un héroe, para Ernesto Alterio eso no es así, y tiene más que ver con la “fascinación del espectador por “personajes en el límite”. “Creo que Narcos no tiende a idealizar a los capos de la droga, sino que es un retrato de eser mundo, se muestra el ascenso y la caída de los capos, no acaban bien. Se ofrece un retrato, y que produzca fascinación tiene que hacer qye nos planteemos por qué nos atrae tanto eso, yo creo que tiene que ver porque es gente que se mueve en los márgenes”, zanja el actor, que vive un momento dorado gracias a Netflix y al éxito de filmes como Perfectos Desconocidos, donde vimos su vena más cómica de nuevo.