Dioniso y Acmé en un mosaico en Chipre.

Dioniso y Acmé en un mosaico en Chipre.

Historia CURIOSIDADES DE LA HISTORIA

La sorprendente manera de los antiguos romanos para saber si sus mujeres habían bebido ilegalmente

Para las mujeres beber vino era una actitud moralmente reprochable y sus maridos se las ingeniaron para averiguar si habían consumido alcohol o no.

Noticias relacionadas

Los romanos conocían como Baco al dios de la fertilidad y el vino. El arte —y el problema— de la bebida se remontaba ya a la época del Imperio romano. Los locales, que ejercían como los bares de hoy en día, se llamaban Thermopolia. Allí los romanos bebían vino —la cerveza era una bebida bárbara por aquel entonces— y tomaban frutos secos, aceitunas o incluso pan con queso como tapa. Para evitar emborracharse, por otra parte, mezclaban el vino con agua.

Pero no todos podían disfrutar de este privilegio. En la Roma Antigua las mujeres tenían prohibida la ingesta de alcohol debido a que era una actividad reprochada moralmente. Escribe el periodista Javier Ramos en su libro Eso no estaba en mi libro de Historia de Roma (Almuzara) que "los maridos tenían la potestad, amparada por ley, de asesinar a sus cónyuges si estas habían bebido temetum (vino puro)".

De esta manera, el pater familias debía asegurarse de si su esposa había consumido alcohol de alguna manera. La mejor forma de comprobarlo era con un beso. "Al exhalarle el aliento comprobaba si la afrenta se había consumado", describe Ramos. Si daba la casualidad de que había bebido vino, la mujer podía ser castigada con penas tan severas como las que se aplicaban por cometer adulterio. El derecho al beso era una realidad en la época romana. De hecho, la mujer "estaba obligada" a besar al marido todos los días —no solo a él, sino también a todos los familiares hasta los primos segundos—.

Según los escritos que han llegado hasta la actualidad, dicha ley procedía del siglo VIII a.C., de los tiempos de Rómulo: "Si una mujer bebe vino en casa, ha de ser castigada como una adúltera". Otro de los testimonios que están presentes son los que recogió el escritor Publio Valerio Máximo en el siglo I d.C. Al parecer, un romano llamado Matelo "mató a golpes de fusta a su esposa, porque había bebido vino, hecho por el que ni se le acusó ni se le reprendió porque la mujer que toma cierra las puertas a las virtudes y la abre a los vicios". Así, el beso, que por otra parte también era un gesto amoroso en otros ámbitos, se convertía en una especie de test de alcoholemia para las mujeres.