Luisa Isabel de Orléans en un retrato de Jean Ranc.

Luisa Isabel de Orléans en un retrato de Jean Ranc. Museo del Prado

Historia Curiosidades de la historia

María Luisa de Orleans, la reina exhibicionista que no tuvo nombre hasta la boda

Luisa Isabel de Orleans nació el 9 de diciembre de 1709 del matrimonio entre Felipe, duque de Orleans y regente de Francia durante la minoría de edad de Luis XV, y de Francisca María de Borbón, hija bastarda del rey Luis XIV. Su vida estuvo marcada por una serie de incidentes que no eran más que el síntoma de su inestabilidad mental. Ya desde el principio, y tras un parto muy complicado, los sucesos extraños comenzaron a encadenarse: la niña se crió sin nombre al olvidarse sus progenitores de bautizarla formalmente.

A los cuatro años, Luisa Isabel -por entonces conocida como mademoiselle de Montpensier- fue ingresada en un convento de monjas de París del que fue expulsada a los pocos meses por su conflictivo comportamiento. Sus carencias educativas, justificadas en la decepción de su familia por ser hembra y no varón, bien las expresaba su abuela: "Es la persona más desagradable con la que me he topado en mi vida; en todas sus acciones, ya hable, coma o beba, te saca de quicio".

En 1722, con apenas doce años, Luisa Isabel -pasó a llamarse así tras firmar el pacto de enlace- contrajo matrimonio con el príncipe de Asturias, el futuro rey Luis I de España que contaba por entonces con quince años de edad. Se convirtió en reina consorte al producirse la abdicación de su suegro, el rey Felipe V, el 15 de enero de 1724. Tras ese paso al lado, los monarcas se retiraron al palacio de La Granja de San Ildefonso, donde fueron visitados por Luis I y su flamante esposa, que además de maleducada -un embajador francés sufrió los efectos de un "eructo estentóreo"- era exhibicionista:

"No hay disculpa para la conducta inconveniente de la reina -según el testimonio de un embajador inglés recogido en el libro de Juan Eslava Galán La familia del Prado-. A sus extravagancias, como jugar desnuda en los jardines de palacio; a su pereza, desaseo y afición al mosto; a sus demostraciones de ignorar al joven monarca responde el alejamiento cada vez más patente de Luis hacia ella". "Hemos hecho una terrible adquisición", confesaría la monarca la monarca Isabel de Farnesio, madre de Luis I.

Otro testimonio sobre el carácter impúdico de Luisa Isabel, esta vez a cargo del mariscal Tessé en un informe al rey de Francia: "Estaba subida en lo alto de una escalera de mano que encontró apoyada en un manzano y nos mostraba su trasero, por no decir otra cosa. Creyó caerse y pidió ayuda; Magny [el mayordomo] la ayudó a bajar, pero, a menos de estar ciego, es evidente que vio lo que no buscaba ver y que ella tiene por costumbre mostrar libremente".

Todos esos comportamientos fueron el origen de las desavenencias registradas en el seno de la pareja real, que no tuvo descendencia, e incluso en una ocasión la reina llegó a estar arrestada durante seis días en sus habitaciones. Sin embargo, cuando Luis I enfermó de viruela Luisa Isabel cambió por completo, recondujo su conducta y se mantuvo pegada al lecho de su marido durante los diez días que tardó la enfermedad en ser mortal. De hecho, ella también la contraería aunque logró sobrevivir.

Luisa Isabel, ya viuda, regresó a Francia por voluntad de la reina madre Isabel Farnesio. Tras permanecer en un convento durante dos años, residió el resto de su vida en el Palacio Luxemburgo, en París. Allí falleció a los 32 años en el verano de 1742. Antes había armado alguno de sus típicos escándalos.