Desde que los cines levantaron la persiana tras el cierre por la pandemia, han sido las distribuidoras independientes y las películas pequeñas y de autor las que han dado la cara. Mientras las grandes producciones huían -con algunas excepciones como Padre no hay más que uno 2 y Tenet- a 2021, un puñado de valientes intentaban demostrar que no hay nada comparable a una sala de cine y que la cultura, como se ha demostrado, es segura.

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Según la Asociación de Distribuidoras Independientes (ADICINE), el 93% de los estrenos de la cartelera española son independientes. Y no sólo estrenos. Lo que ha regresado con fuerza son los eventos que refuerzan la relación del cine con el espectador gracias a iniciativas diferentes como los reestrenos de clásicos en pantalla grande. En estos meses hemos visto en una sala los clásicos de Wong Kar-Wai, la perturbadora Crash de David Cronenberg, y ahora un regreso muy especial, el de El chico de Charles Chaplin, que resucita para celebrar su centenario. La obra maestra del director se podrá ver como nunca antes, ya que se ha restaurado a 4K y ahora luce mejor que nunca.

El 6 de febrero de 1921 fue cuando se estrenó comercialmente El chico, el primer largometraje de Charles Chaplin, que hasta entonces había adquirido notoriedad gracias a sus cortos y a un primer mediometraje de algo menos de 50 minutos. Se había creado un alter ego, Charlot, con el que había conquistado el corazón de eso espectadores que disfrutaban de esas primeras décadas del cine. Todos coincidieron en que aquella película suponía un paso de gigante para el Chaplin director, sino que quedaría marcada como una de las grandes obras de la historia.

Fotograma de 'El chico'.

Después ya vendrían las obras maestras que todos conocemos. En 1925 estrenó La quimera de oro y en 1936 Tiempos modernos. La filmografía de Chaplin supone también un vistazo a la historia del cine y a todos los cambios que ha vivido este arte. El paso al sonoro y hasta la llegada del color, con su último filme y el único que rodó en color, La condesa de Hong Kong. Pero antes que todo eso, los mimbres de un creador único ya estaban en El chico.

En su primer largometraje Chaplin consiguió una mezcla perfecta de humor y ternura, algo que buscaba y que deja claro desde esa primera frase en la cartela inicial, ese “una película con una sonrisa y, tal vez, una lágrima” que tan bien define esta historia en la que Chaplin se encuentra en la calle al bebé que ha abandonado una pobre madre soltera que abandona a la criatura en el coche de una familia adinerada. Charlote intenta deshacerse de él, pero finalmente le cogerá cariño y en una elipsis, les veremos a los dos convertidos en un maravilloso dúo cómico y pillo que realiza mil trucos para sobrevivir en las calles. Picaresca, humor, y mucho sentimiento, con algunas imágenes emblemáticas y mágicas.

Muchos han visto en esta película, y leyendo su biografía es bastante evidente, una catarsis personal del director y una obra casi autobiográfica. Él no sólo trabajo desde muy pequeño en números ambulantes, sino que poco antes de rodar el filme, había vivido unos años traumáticos tras la muerte de su hijo recién nacido. Un nacimiento que vino de una relación turbulenta con la actriz Mildred Harris, de quien se divorció dramáticamente poco después de aquella tragedia.

El chico es también el ejemplo de lo meticuloso y perfeccionista que era Chaplin, que levantó este filme en un momento de fama y mientras levantaba su propia productora, United Artists, para tener el control absoluto sobre todo el proceso creativo. Para este filme dedicó 150.000 metros de negativo, una cifra impensable en la época.

La película también fue la responsable de crear una de las primeras estrellas infantiles de la historia del cine. Charles Chaplin descubrió a Jack Coogan cuando tenía siete años y le convirtió en el niño más popular y adorable de Hollywood. Coogan tuvo una carrera llena de altibajos y hasta acudió a combatir en la Segunda Guerra Mundial, pero para todo el mundo sería recordado por dos papeles, el del chico y el de Tío Fétido en la adaptación televisiva de La familia Addams de los años 60. Una oportunidad única de volver a vivir la magia del cine de Charlot en una sala de cine, uno de los mejores sitios donde resguardarse de todo.