Tras los cuatro premios Goya que ganó con Tarde para la ira parecía que el destino de Raúl Arévalo estaba escrito. Rodar rápido una segunda película, más grande que su ópera prima, y entrar en una rueda industrial en la que cada paso suele ser más grande y ambicioso que el anterior. Pero él prefirió frenar. Tomar distancia. Seguir aprendiendo. Escribir con las pausas que el éxito de su fantástico debut le han permitido tener y no renunciar a realizar proyectos como actor en teatro y en cine.

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Precisamente este viernes se estrena su nuevo filme como intérprete, El plan, la adaptación de la obra teatral de Ignasi Vidal que dirige Polo Menárguez en su primera obra de ficción. Un relato sobre tres amigos, ex empleados de una empresa de seguridad, que en una reunión para preparar un plan que nunca se concreta dejan caer sus máscaras en una crítica al machismo intrínseco y a las masculinidades tóxicas. Incluso a la violencia de género. Todo ello atravesado por un tema transversal, como es el económico. Hombrías que muchos sustentan en el aporte económico, y que cuando lo ven caer sacan el monstruo que siempre estuvo ahí.

Un filme más complejo de lo que parece a simple vista, y en el que Arévalo coincide con su amigo Antonio de la Torre. Lo estrena mientras prepara obra en el Teatro Kamikaze y mientras sigue escribiendo su esperada segunda película de la que prefiere no dar más pistas de las necesarias.

¿Habías visto la obra original?

Fui a verla porque me la recomendó Juan Vinuesa, que conocía un poco a Chema del Barco, y la vi en La casa de la portera. Era una obra que molaba un montón y yo estaba preparando Tarde para la ira y se la recomendé a Antonio de la Torre, que estaba en Madrid, y fue a la semana siguiente a verla y le encantó. Y justamente me gustó tanto que se me quedaba un personaje pequeñito en Tarde para la ira y se lo ofrecí a Chema del Barco. Y ahí quedó todo hasta que el director, que le conocía de otra cosa, me dijo que a lo mejor dirigía su primera película y que si había visto la obra de teatro, y le dije que me encantó y él que quería hacerla con Chema y conmigo y que también había pensado en Antonio, y ya le conté que fui yo quién se la recomendó a él. Me motivaba mucho ver cómo se adaptaba a cine.

No sé si ese era uno de los retos, escapar de esa teatralidad.

No es tanto eso como sino que hay una dificultad, y eso Polo fue el que más lidió con ello, en que hay cosas que en teatro no eres consciente del todo de hasta qué punto el código teatral necesita de una serie de energías, de picos, de bajos… cosas que allí te comes con patatas pero que a la hora de llevarlo al cine hay que medir más, tener cuidado para que no vaya a lo lineal, que no se suba a la comedia de más, que no se baje... tenía mucha miga llevar a la pantalla un relato que parecía más facil de lo que realmente era.

Lo que me parece positivo es que poco a poco hagamos películas, obras o novelas que pongan de manifiesto la consciencia de los hombres de ese tipo de machismo

A priori puede parecer un texto sencillo, pero tiene muchas capas, ¿es algo que vista en la obra y que te llamó la atención?

Claro, en la obra se veía eso y ya en el guion también. Esas capas es en donde te decía que hay cosas que al estar bien pasadas a la pantalla están resueltas y no te das cuenta, y eso me pasaba en la obra. Pero al hacerlo con lenguaje cinematográfico, esas capas tienen matices y mucha miga, matices que no se tenían que ver tanto, que no despistaran al espectador, y medirlo era complicado.

La película es una crítica al machismo, los tres personajes son tres arquetipos machistas.

Sí, es una crítica al machismo por supuesto, y a un tipo de machismo en el que no es todo blanco o negro. Un tipo de machismo que a mi pesar llevo todavía en mis venas y trabajo todos los días para quitarlo. Lo que me parece positivo es que poco a poco hagamos películas, obras o novelas que pongan de manifiesto la consciencia de los hombres de ese tipo de machismo. Los chascarrillos de estos personajes comiendo pipas y bebiendo cerveza en los años 80 estarían dirigidos y escritos de otra forma, para reírte del machirulo barato, en plan 'qué gracioso es', y ahora ese matiz que parece pequeño, pero que no lo es, es un punto de vista crítico. Se mira a estos tres personajes con punto de vista autocrítico, desde el humor pero desde la critica. Hay cosas que ahora me parecen horribles y esas conversaciones las he tenido yo en Móstoles al salir del fútbol con mis amigos o incluso todavía se te escapa alguna.

Raúl Arévalo en el rodaje de El Plan. GTres

Después de ver la película pensaba que hace 15 años no sé si se hubiera hecho, o al menos no sería así.

Quizás no tiene nade que ver y no la he vuelto a revisar, pero pienso esta pregunta que me haces y que yo me planteo, como conscientemente dibujas a tres tíos machistas o machirulos, como quieras decirlo... Si hoy se hubiera estrenado Los lunes al sol, además de ser una película sobre el paro sería inevitable que Fernando León de Aranoa al hacerla y nosotros al verla nos preguntáramos si además del paro también habla de un machismo que está instalado. Es algo que a lo mejor antes no se valoraba y que ahora se hace de forma consciente. Ahora se actúa, dirige y escribe de forma consciente y eso es muy interesante.

¿Tú como creador te has repensado en ese sentido?

Constantemente, y me doy cuenta de cosas, que eso es lo interesante y lo fuerte y el trabajo de cada día, que incluso vas cayendo en otras y dices “hostia, quiero escribir un personaje femenino fuerte”, y piensas, “¿pero este es el punto de vista que tenemos de esta mujer?". Cosas que se te escapan y están tan instaladas que salen sin darte cuenta, pero lo bueno es que cada vez nos damos más cuenta.

De repente ves gestos que no te esperabas. A mi madre diciéndole algo a mi padre que hace diez años sería impensable. Esa mota de arena en el desierto es fundamental

¿Crees que existe una nueva masculinidad, una crisis de la masculinidad antigua?

Quiero pensar que sí y no ver el vaso medio vacío, porque queda mucho por hacer. Y es verdad que yo contigo y con mi círculo podemos hablar de esto y hacer autocrítica, y además tenemos parejas que nos hacen vernos a nosotros mismos, nos ponen el espejo delante, pero si abrimos el círculo a la familia o a otros entornos quizás no tanto… aunque de repente ves gestos que no te esperabas, o a mi madre diciéndole algo a mi padre que hace diez años sería impensable. Esa motita de arena en el desierto ya me parece fundamental, quedan cosas por hacer pero vamos por el buen camino.

En la película se habla de como cuestiones como el dinero o el trabajo se han vinculado al hombre tradicionalmente, y que cuando eso cae es cuando se cae la máscara y sale el monstruo.

Es una mierda pero es así. Mi abuela decía una cosa que era “Fulanito siempre ha sido muy buena gente, muy trabajador, no ha faltado nunca comida en casa”. Eso era algo del hombre que era fundamental para considerarse un buen hombre, y el que estaba en casa sin trabajo era socialmente, en el pueblo o en le barrio, un perdedor, y eso todavía pasa mucho, es una mierda pero pasa mucho.

Es una película con sólo tres actores, un único escenario… Me imagino que no ha sido muy fácil financiarla.

Me imagino que ha sido muy difícil, pero habría que preguntarle a Polo y a Nacho, el productor, que suele apostar por este tipo de proyectos. El plan se rodó en tres semanas y con poco dinero y un equipo reducido. Muy de batalla, algo que a determinados inversores, a priori, no creo que les interesara mucho, pero estas son las que a mí me interesan como espectador.

¿Te preocupa eso como creador?

Sí, pero no porque yo quiera hacer mis pelis. Hablo como espectador, como amante de la cultura. Lo que veo es que sí, es fundamental hacer un tipo de peli que dé mucho dinero, y es necesario y me encanta verlas, pero lo malo es cuando hay cada vez menos cabida para determinados proyectos. Cuando no hay espacio para que se produzcan, para que haya apoyo de televisiones y apoyo para que esa película llegue a la gente y se conozca.