En septiembre de 2017 una pequeña obra de teatro se coló en el ambigú del Teatro Kamikaze. Abría la temporada en la sala pequeña de uno de los proyectos de referencia de la capital. Miguel del Arco leyó el texto de Víctor Conde y se quedó prendado, tanto que le programó al lado de las grandes figuras que año tras año llenan el Pavón. El bueno ojo del dramaturgo se confirmó, la obra fue un éxito y el año siguiente Venus, que así se llamaba la obra, fue programada de nuevo por los Teatros del Canal.

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Aunque parecía que el viaje de Venus había tocado techo, el destino tenía preparado para el equipo una nueva sorpresa en forma de proyecto cinematográfico. Aquella obra que comenzó de tapadillo llegará a las salas, y lo hará con Víctor Conde como director en lo que será su ópera prima. Un trabajo para el que irá de la mano con el reparto que la interpretó en el Canal -Antonio Hortelano, Ariana Bruguera, Paula Muñoz, Carlos Serrano y Carlos Gorbe- a los que acompañarán actores de renombre como Lolita o Juan Diego en papeles secundarios.

Para su creador Venus “habla de cómo entendemos la vida a través de la perspectiva de los años y del paso del tiempo. De la nostalgia del amor perdido”, y ahora, en este fin de viaj que supone la película, el objetivo es “hacer una revisión contemporánea de un estilo donde la libertad creativa estaba por encima de los convencionalismos académicos y donde se exploraban formas diferentes de narrar y de ver y entender el cine”.

Fotograma del rodaje de Venus. Lucía Delgado

Un proyecto pequeño, para el que ha sido fundamental que todos se involucraran como si fueran “una familia”. Desde los actores, que han puesto su sueldo como productores y recibirán beneficios cuando los dé la película, hasta el director de fotografía, Pol Turrens, con el que Conde ha trabajado mucho para encontrar “el lenguaje y lo que queremos contar”. “Es una familia que se está haciendo grande. Empezamos esta función en el ambigú del Kamikaze y gracias a Miguel del Arco ha ido creciendo, luego estuvo en el Canal… y ahora somos un equipo de cine que es más una familia, o un grupo de amigos que ha crecido, pero en el que todo el mundo ha abrazo ese espíritu y la esencia de ese cine francés”, cuenta Víctor Conde a EL ESPAÑOL.

Venus no ha recibido ayudas, no ha tenido el apoyo de una televisión (ni pública, ni privada) y ha salido adelante con el esfuerzo de todo su equipo y de un productor: Antonio Novellino. Algo que también les ha dado una libertad que agradecen. “Si hubiera una gran productora o cadena no podríamos hacerla como la estamos haciendo, en blanco y negro, con actores de teatro... Es un ejercicio titánico levantar una película, y más tan independiente, autofinanciada y artesanal, pero nos ha dado libertad creativa, es la película que queríamos hacer. Junto con Pol Turrens estamos usando técnicas y un lenguaje muy concreto y muy especial”, añade el director.

Es un ejercicio titánico levantar una película, y más tan independiente, autofinanciada y artesanal, pero nos ha dado libertad creativa, es la película que queríamos hacer

Todo para conseguir un estilo que se asemeje a un cine que le encanta y que cada vez ve menos en la gran pantalla. “A nivel cinematográfico queremos que sea una revisión contemporánea de la nouvelle vague, de las películas de Godard, Truffaut, es cine francés de los años 60 y 70 pero con un punto de vista contemporáneo”, cuenta sobre el aspecto visual de esta “historia de sentimientos, de relaciones a través del tiempo” con la que espera “que todos se pueden sentir identificados si has vivido un poco”. Al menos con alguna de esas historias que see cruzan en esa cafetería que es el escenario principal y donde “jugamos a un juego atemporal, porque son personajes de cuatro décadas distintas, de los 60 hasta ahora, en un cruce no correlativo de tiempo”.

Con la llegada de las plataformas, la salida para muchas películas pequeñas e independientes está fuera de las salas, algo que Víctor Conde respeta, aunque espera que el destino de Venus sea pasar primero por salas: “Hago cine para que se vea en el cine. Me gusta el ritual de ir a la sala, que se apague la luz, desconectar el teléfono… pero no puedes darle la espalda al presente, y cuantas más maneras tenga la historia de llegar, mejor para nosotros, pero yo siempre pienso en cine. Tengo esa idea romántico y me imagino viendo la película en una sala”.

Aunque sea su primera película, Víctor Conde tiene claro que quiere seguir en el cine, y piensa en cómo sería la industria ideal, una en la que las cadenas privadas también produjeran los proyectos más arriesgados. Un paso necesario para que Europa recupere “esa identidad cinematográfica que creo que hemos perdido”. “Hace décadas cada país tenia un estilo propio y contaba cosas interesantes, pero ahora tengo la sensación de que todos repetimos una fórmula que está bien y funciona. Hecho de menos la experimentación en el lenguaje, pero no se puede hacer seguramente porque a nivel industrial es inviable arriesgarse”, zanja esperanzado de que el final del viaje de Venus sea el comienzo de una carrera que consiga ese equilibrio.