Renau tras pintar una caricatura de Franco.

Renau tras pintar una caricatura de Franco. Museo Reina Sofía

Cine Retrospectiva

Renau, el cineasta exiliado que convirtió el dibujo animado en un arma contra el franquismo

El Museo Reina Sofía rescata la faceta de cineasta del artista que encargó el Guernica y mandó evacuar el Prado durante la Guerra.

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La Guerra Civil y el franquismo fueron un duro golpe para el arte español. La contienda, la persecución ideológica y la censura sólo dieron dos opciones a muchos: huir o arriesgarse a morir. Josep Renau fue de los segundos, pero su exilio no fue el final de su aportación a nuestra cultura. Muchos enumeran sus logros hasta 1939, cuando buscó refugio en Francia, donde fue internado en el campo de concentración de Argelès-sur-Mer y desde donde logró un visado para partir a México.

Su trabajo hasta entonces ya se merece un lugar importante en los libros de historia del arte de nuestro país. Él fue director general de Bellas Artes durante la guerra, y fue el propio Renau quien convenció a Picasso para que pintara el Guernica, quien decorara el famoso pabellón español de la expo universal de París, y quien decidió que había que sacar del Museo del Prado las obras de arte por riesgo a que desaparecieran entre las cenizas por el constante bombardeo a Madrid.

Con su llegada a México surge en él una nueva faceta, la de cineasta, hasta ahora olvidada por todos los expertos, pero rescatada por el Museo Reina Sofía, que dedica una retrospectiva al trabajo realizado por el artista valenciano en su exilio mexicano y, fundamentalmente, en Alemania, donde da rienda suelta a su vena marxista y política en una serie de trabajos que se podrán ver del 19 al 26 de junio.

Retrospectiva de Renau en el Reina Sofía.

El trabajo de recopilación lo han llevado a cabo los comisarios Luis E. Parés y Chema González, que descubrieron en anotaciones al pie en sus biografías que había varias películas dirigidas por Renau -en las que utiliza dibujos sobre cristal como ya hiciera Pablo Picasso en El misterio Picasso, de Henri-Georges Clouzot (1956)- y que nadie había visto. Se encontraban en archivos de los países desde donde los realizó. Los primeros, los mexicanos, menos personales y arriesgados. Los realizados en Alemania son todo un manotazo al franquismo y el capitalismo que asola el mundo.

Un trabajo en el que se junta “lo político y lo poético”, como han señalado en la presentación de este trabajo “rescatado” para el que se ha tenido que “tirar del hiño durante año y medio para localizar los archivos”. Para Luis Parés, este trabajo de Renau “da una nueva dimensión al dibujo” y consigue “transformar su medio a través del cine”. Lo que el artista crea son “filmes gráficos” consistentes en dibujos animados, realizados por el propio artista que aparece en cámara dando vida a sus propias creaciones, y que analizan un mundo que se va a pique. Un trabajo, el de cineasta, donde “se juntan todas sus facetas, como teórico, como gestor que quiere que el arte llegue a todo el mundo, que da coherencia a todo lo que hizo en su vida”.

Poema de Lenin (Petrogrado, 1917), Renau.

Poema de Lenin (Petrogrado, 1917), Renau. Reina Sofía

Es a partir de 1958 cuando gracias a la televisión alemana puede dar rienda suelta a sus dibujos políticos en obras que hoy siguen vigentes como Un pueblo obstinado, que toma como excusa una huelga minera en Asturias un año antes, para compararla con la ocurrida en 1934 y reflexionar sobre su propio exilio y sobre un país sometido por la dictadura y malviviendo por las heridas de la guerra. También se encarga de ridiculizar a Franco, al que pinta delante de la cámara rodeado de dinero. Un bofetón al dictador, del que asegura que tiene miedo, porque cuando los obreros se unan caerá. Franco tardó en caer, pero Renau no cejó en su empeño, y también atacó a Nixon, la creación de la OTAN, el ataque a los países comunistas y las ansias colonialistas de occidente sólo para extender su negocio.

Una obra que muestran la gran coherencia de su trabajo y de su compromiso político, “y que entroncan con el imaginario revolucionario de mediados de siglo y funcionan como denuncia social y contrapeso estético”. El gran poder comunicador del cine fue entendido por Renau, que sabía que se podía usar como arma antifascista un dibujo que él mismo animaba detrás de una pantalla de cristal.