Cannes

Muchos fans del fútbol no creen en dios, pero sí creen en Maradona. La figura del argentino es una de las más veneradas de la historia del deporte, y su historia, llena de altibajos, de goles de leyenda, pero también de drogas, problemas con el fisco y coqueteos con la mafia daba para una película. Lo sabía Asif Kapadia, maestro del género que sacó oro de figuras como Ayrton Senna y Amy Winehouse. Aquí se ha encontrado con toneladas de material inédito para hablar de la figura del futbolista.

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Para su documental ha partido de una hipótesis que comparten los que mejor conocieron al astro del balón, y es que había una dualidad en su figura. Por un lado estaba Diego, la persona, el chico humilde que sacó a su familia de la pobreza y que tenía un don que enamoró a todo el mundo. Por otro estaba Maradona. El mito creado, la figura ególatra y con tendencia al exceso, a la incontinencia verbal y por la que cayó en una espira de perdición en la que cabían la cocaína, las mujeres, el alcohol y la fiesta.

Lo deja claro su preparador físico en el filme cuando dice que "con Diego iría hasta el fin del mundo, pero con Maradona no daría ni un paso". El problema es que sin ese personaje, sin ese alter ego “todavía estaría en Villa Fioriti”, donde toda su familia vivía en una misma habitación. Por eso se prometió que les sacaría de la pobreza, y lo consiguió en el Boca Juniors y en su paso por el Barça.

Fotograma del documental.

El filme se centra en su época en el Nápoles, donde llega tras lesionarse en Barcelona. Ahí comienza su caída a los infiernos, ya iniciada en su estancia en la ciudad condal donde comenzó su relación con la fiesta y las drogas. Nadie quería ficharle. Su fama empezaba a precederle y su estado físico ya no era el deseado. Sólo el equipo italiano se arriesgó, y Maradona prometió que les haría ganar la liga. Lo haría en dos ocasiones.

El documental centra casi todo su tiempo en el fútbol. En mostrar sus mejores momentos, los goles con los que se convirtió en dios, pero no esquiva las partes oscuras de su vida, que justo coinciden con su época en Nápoles, donde tuvo que enfrentarse a que allí no podía ser la celebridad que acostumbraba: "Pedí una casa y me dieron un departamento, pedí un Ferrari y me dieron un Fiat", dice en el filme.

Su fútbol le convierten en una estrella en la ciudad. Una como nunca se había visto. Sus ruedas de prensa estaban abarrotadas, y se convirtió en la figura que la mafia, la camorra napolitana, necesitaba. Le agasajaron y le llevaban a inaugurar tiendas a cambio de rólex de oro, y el se sintió halagado. Todo giraba en torno a la figura de Camilo Giuliano, el capo que controlaba todo, también la cocaína que Maradona ya consumía de forma adictiva.

Fotograma del documental.

Las anécdotas con la mafia ponen los pelos de punta. El propio futbolista recuerda como fue a una cena donde la mesa estaba llena de pistolas en una escena que “parecía 'Los intocables' y Al Capone”. Se sentían intocables, y la fiesta, la droga y las mujeres estaban a diario. Excepto cuando jugaba Maradona estaba donde no debía.

Como todo lo que sube, Maradona acabó bajando. Y lo hizo de golpe. Pasó de ser un héroe en Italia a un villano, y todo por el fútbol. Era el mundial de 1990, que se jugaba en Italia, y el destino quiso que la semifinal enfrentara a Argentina contra el país anfitrión, y que el partido se jugara en Nápoles. La casa del jugador. El argentino se encargó de calentar la previa, y aprovechó el odio a los napolitanos por parte del resto de italianos para pedir que se apoyara a la albiceleste en vez de a su equipo, como él reconoció ya en su autobiografía.

La jugada no gustó, y menos lo hizo el hecho de que Maradona marcara los dos goles que acabaron con Italia sin la final del mundial que organizaba. Dios se convirtió en Satán, y ya nadie quería a Diego. El fisco comenzó su proceso contra él ahora que no era intocable y la mafia le dejó abandonado cuando vio que Hacienda entraba en juego. El golpe había sido duro, pero no acabaría con la leyenda, como demostró la proyección del documental en Cannes donde se vivió como una final ala que el futbolista no acudió a última hora. Hay cosas en las que sigue siendo Maradona en vez de Diego.