En la temporada de premios de EEUU que culmina con las nominaciones a los Oscar, se suelen repetir los mismos nombres una y otra vez. Al final las favoritas se limitan a una decena de películas y otro puñado de actores y actrices que luego luchan por estar en el quinteto elegido por la Academia de Hollywood.

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Igual que Roma ha arrasado en las menciones a Mejor película, un actor lo ha hecho con los premios a la Mejor interpretación masculina, Ethan Hawke. Su papel en El reverendo (First Reformed) le ha convertido en el más laureado estos meses, aunque luego los Globos de Oro y el Sindicato de Actores se hayan olvidado de él.

La propia película ha conseguido arañar unos cuentos premios y nominaciones, y su guion, de Paul Schrader -autor del libreto de Taxi Driver y aquí también al frente de la dirección-, es otra de las joyas que la crítica no para de reivindicar. El reverendo, además, está en todos los top ten de los profesionales que han llegado en los últimos meses, y sin embargo es una película que nadie se ha enterado que existe. Tanto, que en España pasó por salas sin pena ni gloria, pero ahora se puede recuperar en su recién estrenada versión en DVD y Blu Ray.

Sorprende que en su paso por salas no llamara la atención, especialmente porque Schrader construye un filme político, de rabiosa actualidad y retorcido hasta la médula. Cuenta la historia de un reverendo, Hawke, que recibe la visita de una devota embarazada (Amanda Seyfried), que acude porque su pareja, un activista por la ecología, ha pertenecido a un movimiento que realizaba acciones de protesta violentas y tiene miedo que reincida, y más con un hijo en camino.

El pastor -que además había perdido una hijo en la guerra de Irak- acepta la misión, e irá escuchando los argumentos del activista, que le plantean una duda que pone en jaque toda su fe: ¿para qué traer una criatura a un mundo que no nos importa y que está condenado a la destrucción? Poco a poco se pondrán en jaque todas las creencias del reverendo, en una espiral que llevarán a un final sorprendente. Schrader juega con el espectador, nunca les lleva por donde ellos esperan, y mientras les sitúa en un lugar incómodo, el de tener que cuestionar sus propios principios.

Fotograma de la película.

El director y guionista no pierde la oportunidad de atizar políticamente a EEUU. Desde el pasado traumático del reverendo, que pone en duda a un país capaz de mandar a sus jóvenes a una guerra sin sentido, hasta las grandes corporaciones que, con la venia del gobierno, destruyen todo lo que hay a su paso en busca de un mayor rendimiento económico. Otro de los grandes asuntos que planea, y quizás el más incómodo en una sociedad como la norteamericana, es la connivencia de la propia iglesia con los poderes establecidos. ¿Quién apoya a la Iglesia y por qué esta no se mete en determinados asuntos? Religión, poder, corrupción… todo está en El reverendo.

Quién piense que con todos estos mimbres se ha creado un thriller trepidante que se dé la vuelta, ya que Schrader apuesta por la calma, por aguantar con sobriedad y elegancia cada plano hasta hacerlo incómodo, que el retorcimiento surja de la propia trama y en constante con un pueblo nevado y unos sobrios movimientos de cámara. Eso sí, con precisión de relojero hasta el dilema final al que se enfrenta un brillante Ethan Hawke que debería estar nominado al Oscar.

Ojalá los premios de la Academia se acuerden de ellos, y así ponga en el foco y dé a conocer a la gente esta pequeña joya que pasó inadvertida en salas, pero que merece una segunda vida por su riesgo y calidad en una época en la que parece que sólo arrasa Marvel en la taquilla.