José Sacristán en Un hombre llamado Flor de Otoño.

José Sacristán en Un hombre llamado Flor de Otoño.

Cine Festival de Málaga

El abogado travesti que intentó matar a Primo de Rivera

El Festival de Málaga ha celebrado el 40 cumpleaños de una de las películas más políticas y provocadoras de nuestro cine. Un filme dirigido por Pedro Olea y protagonizado por José Sacristán.

Málaga

El cine español vivió la muerte de Franco con doble ración de felicidad, ya que no sólo cambiaba su día a día, sino que también se abría ante ellos un campo de exploración narrativa que hasta ese momento parecía invisible. La censura había hecho su trabajo, y excepto algunos locos que la burlaron, todos habían acatado trabajar bajo unas normas que atentaban contra la libertad creativa. Por eso, desde finales de los años setenta empiezan a surgir películas políticas, complejas y arriesgadas que marcan un punto de inflexión en nuestra cinematografía.

Una de ellas es Un hombre llamado Flor de Otoño, dirigida por Pedro Olea, protagonizada por José Sacristán y de la que ahora se cumplen 40 años, motivo por el que el Festival de Málaga la ha calificado como la película del certamen y ha reunido a sus protagonistas, que ya desde los primeros procesos creativos eran conscientes de que tenían un arma de destrucción masiva en sus manos, ya que ambos se habían leído la obra de José María Rodríguez Méndez en la que se basa y que fue prohibida hasta 1974 por su gran contenido político y su defensa de la libertad sexual en una época en la que los homosexuales eran perseguidos.

La película, adaptada y actualizada por el maestro Rafael Azcona, cuenta la historia de Lluís Serracant, abogado de día, gay, y travesti por la noche, cuando se transforma en Flor de Otoño para convertirse durante horas en la persona que aspira a ser algún día. Por si ese contenido, tan provocador con el cadáver de Franco todavía reciente, fuera poco, hay que añadir que el abogado Lluís también conspira con movimientos anarquistas para atentar contra Primo de Rivera.

José Sacristán en Un hombre llamado Flor de Otoño.

José Sacristán en Un hombre llamado Flor de Otoño.

Un filme que en su momento ya fue provocador, pero que Pedro Olea tiene claro que probablemente hoy no pudiera rodarse por demasiados motivos, como explicó en la presentación del filme en Málaga. “Ahora mismo no se podría hacer una película como esta, pero no por la temática gay, sino por el tema político. En aquel momento estaban todos tan acojonaos que nos permitieron todo, ahora hay una censura que antes no había. Ahora alguien en la redes alguien diría que es una defensa del terrorismo, ha cambiado todo tanto... y ahora lo que no habría es una televisión que financiara esto”, aseguró sin dudar.

Para el director, la película se estrenó en un momento en el que "el franquismo estaba escondido debajo de la moqueta", y eso hizo que incluso se convirtiera en un éxito sorpresa de público (superó el millón de espectadores) y de crítica, ya que José Sacristán se hizo con la Concha de Plata al Mejor actor en el Festival de San Sebastián. El actor bromeaba ayer diciendo que también se mereció el de Mejor actriz, y recordaba que “cuando hice este papel ya tenía un recorrido profesional y emocional”. “Teníamos la conciencia de contar un capítulo de la historia de este país que había sido ocultado y perseguido. Lo pasamos maravillosamente”, añadió nostálgico. "Lo que recuerdo más desagradable del rodaje son las uñas postizas, que llegaban a los sitios antes que yo, o tener que afeitarme dos veces algunos días", continuó el actor.

Olea y Sacristán compartieron con los asistentes anécdotas como que Pedro Almodóvar realizó un cameo en el filme, antes de convertirse en uno de los directores más importantes de nuestro cine. Olea conoció a Almodóvar en casa de Fernando Colomo, donde “apareció con un proyector con el que nos puso unos tráiler de películas mudas a los que él les ponía la voz. Nos quedamos con la boca abierta, y cuando se fue todos dijimos que por fin había una bocanada de aire fresco en el cine español". Almodóvar le pidió trabajar en la película, lo hizo como ayudante de dirección y, cuando se ofreció a hacer un papel, apareció como La Reina de la Banana, una de las artistas de ese cabaré donde actúa Flor de Otoño.

Ahora mismo no se podría hacer una película como esta, pero no por la temática gay, sino por lo político. En aquel momento estaban todos tan acojonaos que nos permitieron todo

Corrupción político, represión, derechos LGTB, activismo político, rebelión ciudadana… son sólo algunos de los temas de una película que se enmarcó en un cine valiente dispuesto a ajustar cuentas con el pasado, como explica el crítico Luis E. Parés en su artículo sobre el filme en la última edición de Caimán, cuadernos de cine. Cita la publicidad de una de las obras más importantes de esta época, La ciutat cremada, que manifestaba de forma clara sus intenciones: “Recuperar un pasado que nos ha sido escamoteado”.

A esta lista de filmes hay que unir otras como Los ojos venados de Carlos Saura, y otra obra de Pedro Olea, Pim, Pam, Pum… ¡Fuego!, en la que mostró los chantajes que los vencedores de la Guerra Civil realizan a los vencidos y que llegó con muchos problemas en 1975 por su evidente carga política. Esta junto a Un hombre llamado Flor de Otoño hicieron que el director se ganara un sitio en la historia de nuestro cine, en la estantería del cine más político y necesario, el que atizaba a los poderosos y clamaba por una libertad que empezaba a llegar y que expresó en uno de los monólogos más celebrados de su película y que hoy está de plena vigencia:

“La libertad de todos. Y la mía también. El hombre no podrá tener libertad verdadera hasta que no se reconozca el derecho de todos y cada uno a actuar y vivir por su propia cuenta. Mi derecho a la homosexualidad, sí, pero no es solo eso”.