San Francisco

El cine de animación arrasa con todo. Entre las listas de las películas más vistas del año siempre aparecen las últimas producciones de Disney o Pixar. Gustan a niños y mayores, y la clave parecía estar en que tratan temas y personajes universales. Los juguetes de Toy Story podían ser los de un niño de Cuenca igual que los de uno de Chicago, igual que los animales de Madagascar o los coches de Pixar son reconocibles por los críos de todo el mundo. Hacer algo excesivamente local parecía penalizar, pero en los últimos años las fronteras en ese sentido se han abierto.

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Disney lo hizo el año pasado con Vaiana, su princesa hawaiana, pero ha sido Pixar, cómo no, la que ha dado un golpe en la mesa para revertir la situación. ¿Por qué una historia ambientada en una cultura concreta no puede funcionar en taquilla? Así llega ahora a las salas Coco, un filme que se desarrolla enteramente en México. Pero no en una gran urbe con elementos internacionales, sino en un pueblo lleno del tipismo del país. Lo centra en un día concreto, el Día de los Muertos, y todo está lleno de guiños y referencias a la cultura mexicana. También el doblaje responde a esa necesidad: Gael García Bernal, Edward James Olmos o Alfonso Arau han puesto sus voces en inglés, y también en la versión latina. ¿El golpe definitivo por la diversidad? En España no se doblará de nuevo, sino que se mantendrá la versión original mexicana para dar más autenticidad al asunto.

La película no podía llegar en mejor momento. Desde la llegada de Donald Trump a la presidencia de EEUU se ha fomentado el odio al distinto, y los mexicanos han sido el centro de sus críticas y de sus posibles acciones racistas, comandadas por ese muro con el que quiere separar ambos países. Coco es la respuesta de Pixar, una respuesta que no ha sido consciente, ya que el comienzo de su desarrollo llegó hace seis años, antes de que nadie pensara que una persona así pudiera estar al frente del país más poderoso del mundo.

“Creo que Coco es un paso en la dirección que todos debemos tomar, pero no es el motivo por el que se hizo la película, aunque es maravilloso que tengamos esta oportunidad para contar este mundo y esta cultura a gente que no la entiende, y lo mismo se puede decir de cualquier cultura de este mundo, hay que sacar sus historias a la superficie y hacer personajes que emocionen a la gente sea de la cultura que sea o viva donde viva, y hemos tenido esa oportunidad además contratando a un casting completamente latino que nos ha dado la oportunidad de poner su acento”, cuenta Lee Unkrich, el director del filme, a EL ESPAÑOL desde la sede de Pixar en San Francisco.

'Coco' es un paso en la dirección que todos debemos tomar, pero no es el motivo por el que se hizo la película, aunque es maravilloso contar esta cultura a gente que no la entiende

Coco es la primera vez que la empresa habla de una cultura concreta, y les “parecía excitante”, pero también sabían que “era una responsabilidad enorme hacerlo bien y por eso cogimos un codirector latino y un equipo técnico latino para que todo estuviera bien”. “Me di cuenta de que sería mi responsabilidad contar la historia de forma respetuosa y auténtica, así que también nos rodeamos de expertos y consejeros sobre la cultura mexicana durante el proceso. Más que en ninguna otra película”, añade.

Coco cuenta la historia de un niño que durante el Día de los Muertos decide desafiar una de las normas sagradas de su familia: nada de música. Él quiere ser guitarrista, como Ernesto de la Cruz, su ídolo, lo que provocará que termine en una aventura en la que los muertos y los vivos se mezclan. Otro éxito de la empresa con uno de los diseños de producción más espectaculares del año. Esta vez el origen del filme no fue una idea concreta o un tema a tratar, sino el empeño de Unkrich en desarrollar un filme en el Día de los Muertos, festividad que le obsesionaba. Así que allí se fue un equipo de la empresa a documentarse y coger fotos y todos los detalles que han quedado plasmados en su nueva obra.

Fotograma de Coco, la nueva película de Pixar.

“Cuando proponemos una película a veces no sabemos qué temas va a tratar todavía, como en este caso, que sólo era una idea de hacer algo en el Día de los Muertos. No sabíamos nada, ni la historia ni los personajes. Todo se construyó alrededor de hacer una historia sobre los ancestros, la influencia que tienen, no quería contar una historia que cogiera como excusa el Día de los Muertos, sino una historia que sólo pudiera contarse en ese contexto”, explica el realizador sobre su decisión.

Cuanto más investigaba en las culturas mexicanas, más elementos encontraba para crear una buena historia “sobre la familia y sobre la obligación de no olvidar a los que nos quieren, y me di cuenta que había material para una película única, que no se parecía a nada que hubiéramos hecho antes en Pixar”. La rebelión de Miguel, el joven protagonista, que no acepta las normas y decide expresarse como él es en realidad, tiene muchas lecturas, y el director no descarta ninguna, porque Coco “habla de todos los chicos que tienen una pasión, y que quieren ser algo que no les dejan ser, puedes extrapolar eso en todas las situaciones que quieras en las que las familias no permiten a los chavales hacer lo que quieren hacer”.

Si el momento político ha sido perfecto, también lo ha sido el cinematográfico. Pixar ha estrenado Coco antes en México que en el resto del mundo y el resultado no ha podido ser mejor. Ya es la película más taquillera de uno de los países en los que más ha crecido la asistencia a salas. ¿Quién decía que las películas de animación no podían tener raza?