Dani Rovira junto a Emilio Martínez-Lázaro.

Dani Rovira junto a Emilio Martínez-Lázaro.

Cine Nuevo Proyecto

Dani Rovira: “Si no molestas a nadie, es que algo estás haciendo mal”

El actor rueda 'Mi amor perdido', de nuevo bajo las órdenes del director Emilio Martínez-Lázaro, con el que ya colaboró en 'Ocho apellidos vascos' y su secuela.

Noticias relacionadas

En 2014 un director con el que ya casi nadie contaba apostó por un cómico para protagonizar su nueva comedia romántica. Se llamaba Ocho apellidos vascos, y entre la máquina promocional de Telecinco y su apuesta por un humor costumbrista se convirtió en el mayor fenómeno de la historia del cine español. Comenzó en taquilla con menos de tres millones de euros, y acabó con casi 60 y más de nueve millones de espectadores, unas cifras hasta entonces desconocidas en nuestra industria.

Han pasado tres años desde entonces, con una secuela de por medio, y aquel realizador, Emilio Martínez Lázaro, ha vuelto a apostar por su amuleto para su nuevo filme. Dani Rovira ha hecho desde entonces ocho películas, y ahora se pone en la piel de un personaje escrito para él. Un monologuista que de la noche a la mañana triunfa, y que tiene una peculiar relación con su novia, Michelle Jenner, con la que buscará un gato perdido, llamado Miamor, y que da nombre a este título que se estrenará el año que viene.

Dani Rovira en Mi amor perdido.

Dani Rovira en Mi amor perdido.

EL ESPAÑOL ha visitado el rodaje de Miamor perdido, y ha charlado con su director y sus actores, que se muestran encantados de participar en lo que creen que será una comedia diferente. La idea nació de Martínez Lázaro, que le encargó un guion a su hija clara y a Miguel Esteban con Rovira ya en la mente. El realizador tira de ironía y dice que “después del éxito de las anteriores tiene lógica que quiera trabajar con él, lo raro es que no quisiera”, aunque en el fondo de todo hay una complicidad que hace que el actor diga que estará siempre que Emilio le llame.

Todos dejan claro que en Miamor perdido “no hay ningún trasfondo regional”. “Afortunadamente”, añade Martínez Lázaro que se le nota con ganas de despegarse un poco de la saga que le volvió a poner en el foco. “Lo único que hay es que ella es valenciana y dicen que el gato entiende el valenciano y ella le habla en valenciano y él lo intenta. Es verdad que esta película quizás me interesa más que las otras dos, porque he participado más desde la génesis, mientras que en Ocho apellidos vascos me llegó el guion casi terminado y en la secuela aunque estuve en medio nunca quedó a mi gusto. Pero yo disfruto con todas igual, no imagino jubilarme porque lo paso tan bien rodando y contagio a todo el equipo que no me lo imagino”, explica.

A mí la sombra de Ocho apellidos no me da miedo. Fue la primera película que hice y esta ya es la octava, así que la sombra y el listón ya han cambiado de forma y de altura

Para Dani Rovira lo que tiene de especial esta película es que “se juega con lo políticamente incorrecto”. “Ahora que estamos en un momento social en el que todo tiene que ser correcto, y todo se mira con lupa y andamos todos con pies de plomo, pues en esta peli se desata un poco todo esto, porque hay situaciones políticamente incorrectas, hay humor muy negro, y por eso me gusta, porque es valiente y se sale de la típica película para todo el mundo que no molesta a nadie. Y si no molestas a nadie es que algo estás haciendo mal”, dice el actor a este periódico antes de comparar al filme con la francesa Quiéreme si te atreves.

La relación de Rovira y Jenner en la película no es platónica, sino que ambos destacan que lo sus personajes tienen una forma particular de mostrarse su amor que es “putearse”. Un giro respecto a la saga Ocho apellidos, una sombra que siempre estará ahí para todo el equipo. “A mí la sombra no me da miedo, incluso en verano se agradece. Fue la primera película que hice y esta ya es la octava, así que la sombra y el listón ya han cambiado de forma y de altura muchas veces. Es que además es un listón que, seamos honestos no se va a superar, es un cometa Halley que llegó una vez, pasó y que no creo que pase otra vez”, dice con sinceridad.

El director junto a Michelle Jenner.

El director junto a Michelle Jenner.

Lo que tiene claro es que este año no repetirá como presentador de los Goya. Lo hace porque se encontraba “un poco cansado”. “Me apetecía descansar, tener un diciembre y un enero tranquilo, porque cuando presentas los Goya, bloqueas dos meses de tu vida. Yo necesito descansar porque no he tenido verano tampoco, pero tengo ganas de presentar otro año”, zanja.

También ocurrirá, tarde o temprano, será la tercera parte de la franquicia con la que reventaron las arcas. Martínez Lázaro asegurá que se hará, pero cuando haya un guion que les guste y “de momento no ha habido uno que nos haya convencido a Telecinco y a mí”. “Habrá que cambiar de tema. No podemos irnos y hacer un enfrentamiento entre Murcia y Cartagena. Eso se ha acabado. Habrá una tercera parte con esos personajes y que sea comedia pura, algo universal”, apunta el director que descarta que haya conflicto regional, “porque hemos hablado de todas las opciones y todas son un rollo”.

Ahora no hubiéramos podido hacer Ocho apellidos catalanes. Si hay más de un millón de catalanes en la calle no puedes hacer una farsa o una astracanada. Nos adelantamos por poco 

Si con Ocho apellidos vascos se destacó su capacidad de hablar de un tema hasta entonces tabú de una forma ligera y de haber contribuido a la normalización de la situación en Euskadi, quizás tendrían que haber estrenado Ocho apellidos catalanes unos años más tarde para que sirviera de bálsamo en un ambiente más tenso que nunca, pero Martínez Lázaro da por seguro que “ahora no hubiéramos podido hacer Ocho apellidos catalanes. “Si hay más de un millón de catalanes en la calle no puedes hacer una farsa o una astracanada, nosotros nos adelantamos por poco y en Cataluña fue muy bien recibida, se lo pasaron pipa con ese retrato”, recuerda. El año que viene descubriremos si Rovira y Martínez Lázaro vuelven a llenar los cines y continúan ese idilio con el espectador que revolucionó a la industria.