José Luis Cuerda en el rodaje de Tiempo Después.

José Luis Cuerda en el rodaje de Tiempo Después.

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José Luis Cuerda viaja al futuro... y España sigue hundida en la miseria

EL ESPAÑOL visita el rodaje de 'Tiempo después', la nueva obra del director tras cinco años de parón. Una película ambientada en el año 9177 pero con muchos ecos de la situación social y política del momento.

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Corre el año 9177 aproximadamente, la época exacta no importa demasiado, y el universo se ha reducido a un sólo edificio, lleno de lujo, en el que viven un Rey, un general de la Guardia Civil, un almirante de la Marina argentino, dos barberos, un fraile de la teología de la liberación y un cura fascista, un acalde con su mujer y su jefa de gabinete, el conserje y un grupo de chicos y chicas de la juventud rebelde. El poder establecido. A las afueras, en unas chabolas cochambrosas, el resto del mundo vive hacinado y machacado por el mensaje de unos altavoces que intentan convencerles de que son unos afortunados.

No existen los coches voladores, ni los edificios inteligentes, de hecho la gente viste la misma ropa que ahora. Hasta el tricornio se ha mantenido. El futuro se parece demasiado al presente. España no ha cambiado nada. Su monarquía, sus soldados y su personalidad cañí aguantan el paso del tiempo. Y los pobres ahogados y de espaldas al resto, la misma miseria de siempre. O así al menos lo ha imaginado José Luis Cuerda, que regresa cinco años después de su última película con una comedia a la que se niega a poner la etiqueta de “surrealista”. Parece ambientada en el mismo universo que Amanece que no es poco, y algo de eso tiene, de ese humor tan personal como crítico con la sociedad y la clase política.

Miguel Rellán en el rodaje de la película.

Miguel Rellán en el rodaje de la película.

EL ESPAÑOL ha acudido al rodaje de Tiempo después, el proyecto que el director de La lengua de las mariposas guardaba en un cajón y que nadie le producía. Fue Arturo Valls el que tras leerlo -por recomendación de Edu Galán, la mitad de Mongolia- decidió que esto no podía ser, que Cuerda tenía que volver a rodar y que nuestro cine necesitaba esta historia. De forma colaborativa, cómicos como Andreu Buenafuente o el propio Valls, se metieron en la producción del filme que más tarde encontró la ayuda de Atresmedia y la distribuidora Eone.

En este Edificio Representativo construido en plena zona universitaria de Madrid, pasean Carlos Areces, Raúl Cimas, Joaquín, Reyes, Blanca Suárez, Berto Romero y un reparto inmenso en el que destacan en los papeles principales Roberto Álamo, Miguel Rellán y un Gabino Diego que, con un disfraz de rey que se parece a la sota de bastos, aparece en la escena y da un discurso ante el que sus súbditos se postran de rodillas. Como los rodajes son impredecibles, casi a la vez que aparecía el monarca por el balcón, aparecía por la puerta del rodaje el Secretario de Estado de Cultura, Fernando Benzo. Ironías del cine español. Benzo, que no acudió a las jornadas de mecenazgo celebradas por la mañana, charló con los productores y el director.

Yo cuando veo una película de esas que va uno vestido de humano y se quita la ropa y debajo hay un robot digo: ‘ya la hemos cagado, yo me voy’

Cuerda se niega a contar lo que le ha dicho al Secretario de Estado porque es “muy educado”. “Le he saludado, porque bastante tienen ya con lo que tienen, si le diesen el dinero que le dan a bolsillos privados a otros…”, cuenta con su habitual retranca. “Son gente amable que ha venido a vernos, así que todo bien”, añade. El director no confiaba en que este proyecto se rodara, pero finalmente su verbo se ha hecho carne en la que él cree que puede ser su último filme. “Yo pensaba seguir escribiendo pero no perdía el culo por dirigir una película, yo tengo cuatro o cinco guiones que no se van a hacer nunca, me parece normal. Por qué les van a gustar más que otros. Son tiempos duros, pero no me quejo, simplemente pensé que esta película no la iba a hacer nunca, porque ahora se lleva lo comercial. Los jóvenes son los que van la cine y quieren ver algo facilito, que no se compliquen la vida. Yo cuando veo una película de esas que va uno vestido de humano y se quita la ropa y debajo hay un robot digo: ‘ya la hemos cagado, yo me voy’. Ya no existen los personajes, existen los clichés”, cuenta a este periódico.

Quiere que su humor sea “inteligente, a veces incluso muy inteligente”, aunque también pide perdón por si se queda a medias, y lo achaca a que ese día seguro “que no había merendado”. En su futuro siguen los reyes y los Guardias Civiles, porque “esos se han quedado aquí a vivir ya”, pero prefiere no hacer predicciones del futuro: “es que no sé yo dónde vamos a terminar, me temo que acabaremos todos en pelotas, y en invierno eso es muy duro. No sé cómo va a terminar, espero vivir otros 120 o 130 años para ver cosas nuevas, pero todas para lo mismo, para que se forren unos poquitos y se jodan la mayoría”.

El cómico productor

En todo el rodaje se respira admiración por la figura de José Luis Cuerda. Él no grita, no se cabrea cuando las cosas no están saliendo mal. Susurra a su ayudante y él da las indicaciones para repetir la escena hasta que quede perfecta. “Otros rodajes son como echar un polvo, este es como hacer el amor”, explica Arturo Valls, que actúa en el filme, pero que también lo produce este proyecto que califica como “un sueño y un milagro”.

No sé cómo va a terminar, espero vivir otros 120 o 130 años para ver cosas nuevas, pero todas para lo mismo, para que se forren unos poquitos y se jodan la mayoría

“Siempre es un periplo conseguir financiación para una película, pero si es de Cuerda, que es más de autor, más especial o que no sigue los cánones de las películas más comerciales pues doble dificultad. Parece que sólo producimos un cine que responda a parámetros comerciales, que también hay que hacerlas y participo en ellas, pero no puede ser que cueste tato hacer una película más personal o con una voz propia como la de José Luis”, dice Valls a este periódico.

José Luis Cuerda con Félix Tusell y Arturo Valls.

José Luis Cuerda con Félix Tusell y Arturo Valls.

Tiempo después fue rechazada por muchos productores y distribuidoras porque “querían películas comerciales”, lo que ha hecho que el actor se dé cuenta del difícil momento cultural que atraviesa nuestro país. “Parece que el adjetivo inteligente esté mal visto en una película, que hay que esconderlo para no asustar al espectador, así que a mí, como productor, de momento, me gusta ayudar a que películas como esta se puedan hacer”, añade. Habrá que esperar al año que viene para ver el viaje al futuro más personal del cine español, pero de momento ya es motivo de celebración que un maestro como José Luis Cuerda vuelva a estar detrás de las cámaras.