Fernando González Molina en el rodaje de El guardián invisible.

Fernando González Molina en el rodaje de El guardián invisible. Manolo Pavón

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Fernando González Molina, el único director español que le hace sombra a Bayona en la taquilla

El director de 'Palmeras en la nieve' y 'Tres metros sobre el cielo' regresa con 'El guardián invisible', la adaptación de la popular novela de Dolores Redondo.

Hay directores que tienen un extraño don, el de conectar con el público. Da igual que las críticas sean buenas o malas, ellos enganchan con la gente. En el cine español, tan necesitado de realizadores que creen industria y hagan productos pensados por y para los espectadores, hay unos cuantos nombres que siempre dan con la tecla del éxito. Está, por supuesto, Bayona, cuyas tres películas se han colado entre las más taquilleras de la historia de nuestro cine. Aunque su nombre no tenga tanto relumbrón y los premios no se acuerden de él, Fernando González Molina es otro de los valores seguros de nuestra industria.

Forjado en la televisión, González Molina debutó con la comedia Fuga de cerebros, una de las sorpresas de 2009 que superó el millón de entradas vendidas y dio lugar a una secuela -que dirigió Carlos Therón-; continuó con el dúo Tres metros sobre el cielo y Tengo ganas de ti -1,5 y casi 2 millones de espectadores respectivamente- y terminó de reventar la taquilla con Palmeras en la nieve, que llegó a los 2,7 millones de entradas y 17 millones de euros.

Ahora vuelve a por todas y con un material que tiene todo para repetir éxito. Estrena el viernes El guardián invisible, la adaptación de la novela de Dolores Redondo y comienzo de la trilogía del Baztán, saga con millones de lectores. Además lo hace de la mano de Atresmedia, que ha producido todos sus filmes. Le gustan los retos. Si Palmeras se estrenó frente al nuevo episodio de Star Wars, esta vez lo hará frente a Logan, el último filme de los X-Men, aunque admite que no se puede comparar lo que sintió hace dos años. “El miedo que le tenía a la vuelta de Star Wars no es nada comparable con esto. Ahí tuve miedo real, porque esa película era parte de mi educación sentimental y cinematográfica. Sufrí muchísimo, me sentía infiel a mí mismo, porque yo quería verla pero también sabía que era nuestro enemigo a batir”, cuenta a EL ESPAÑOL.

Dirige con el espectador en mente, también con él mismo, porque se considera “un espectador medio”, así que si a él le gusta lo que está haciendo al público también. No descansa cuando estrena el filme y sigue los datos de taquilla de todos sus títulos. “Me importa muchísimo la taquilla, porque hago películas para contar historias a la gente, que llenen las salas, me gustaría que todo el mundo las viera y por eso me preocupo de los datos, pero también te digo que hay elementos que se escapan a tu control, circunstancias de las que no eres responsable”, explica González Molina.

Me importa muchísimo la taquilla, porque hago películas para contar historias a la gente, que llenen las salas, me gustaría que todo el mundo las viera y por eso me preocupo de los datos

Por ello no cree a esos directores que aseguran que no les importa si su película llega al público y que no realizan para ellos. “No me lo creo, y si hacen eso son unos inconscientes o es una pose para protegerse de que la gente no vaya a verla y del miedo, pero con el esfuerzo y el trabajo que supone, no me lo creo, está jugando con el dinero de mucha gente. Hacemos historias para que se vean, cada una tiene su lugar natural en el mercado, y hay películas independientes que tienen un mercado más limitado y no pueden hacer 15 millones de euros, pero también tienen unas aspiraciones comerciales”, opina.

Novela de aeropuerto

Con El guardián invisible se mete de lleno en un thriller que mezcla la investigación policial, el drama policial y la mitología del norte de España. Un popurrí al que no se pudo resistir, y más habiendo nacido en Pamplona y conociendo esa zona y las historias que han nacido allí. La búsqueda de este asesino en serie en el valle del Baztán es sólo el principio de esta trilogía literaria que espera que se convierta también en un éxito cinematográfico cuyas secuelas también quiere dirigir.

Fernando González Molina en el rodaje de El guardián invisible.

Fernando González Molina en el rodaje de El guardián invisible. Manolo Pavón

Fue durante la preparación del rodaje de Palmeras en la nieve cuando descubre la novela. “La encontré en el aeropuerto. Era un vuelo largo y buscaba algo para el viaje. Las devoré todas, así que llamé a la productora con la que siempre trabajo y les dije aquí hay una película, pero los derechos son de un alemán, que es el que compró también los de Millenium. Entonces ellos me dijeron que el productor quería hacerla en castellano y que buscaba coproductores aquí, así que me postulé como director. Sé que a priori no era la elección más lógica, porque vengo de otro sitio, pero creo que entendía la novela, el carácter y ese paisaje”, cuenta Fernando González Molina a este periódico.

Si supiera qué es lo que funciona en taquilla me lo tatuaría para no olvidarlo, pero no es tan sencillo. Sólo soy un gran espectador, un espectador medio que hago lo que me gustaría ver

Su elección de proyectos es imprevisible, y salta de un género a otro sin ruborizarse. Comedia, drama adolescente, romance de época, thriller… ha pasado por todos. “No me considero un autor de género, al final busco historias. Como espectador soy versátil e infiel y como cineasta también. Busco lo que me interese. Todavía le quedan muchas cosas por hacer, y se atreve hasta con la ciencia ficción. “Como buen friki de Star Wars me gustaría también, pero ni me lo planteo porque está muy lejos, pero me fascinaría. Sólo hay una cosa que no haría, una película de deportes, sería como un elefante en una cacharrería, pero lo demás sí. Soy muy friki de videoclub y muy espectador de cine, muy disfrutón. El cine y la literatura son mis vicios. Leo y veo de todo”, zanja. Lo próximo tampoco tiene nada que ver con lo que ha hecho: adaptar junto a Alberto Conejero su obra La piedra oscura, un drama sobre el amante de García Lorca y su relación con su carcelero.

A El guardián invisible le queda pasar la prueba de fuego, la de una taquilla que González Molina suele controlar, pero para la que asegura no tener la clave: “Si supiera qué es lo que funciona me lo tatuaría para no olvidarlo, pero no es tan sencillo. Sólo soy un gran espectador, un espectador medio que hago lo que me gustaría ver y eso conecta con la gente. Sé que alguna no funcionará, y tendré que entenderlo”.