A Rubén Ochandiano le hemos visto en cine y televisión desde que era un adolescente. Con 17 años se convirtió en uno de los actores que pasó por esa catapulta y cantera que fue Al salir de clase. Su físico no respondía al prototipo de estrella adolescente que se quita la camiseta en cada escena para lucir abdominales. Él aportaba algo diferente, una fragilidad que era difícil encontrar en intérpretes tan jóvenes. Pronto saltó al cine y lo hizo a lo grande. Con 21 años Motxo Armendáriz confió en él para Silencio Roto y logró una nominación al Goya como Mejor actor revelación.

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Desde entonces su carrera ha pasado por cimas -Tapas, Los abrazos rotos-, pero también por altibajos que lo han hecho madurar en una profesión en la que mantenerse es un logro. Todavía guarda esa fragilidad en la mirada. También sinceridad para tratar cualquier asunto. Este año ha tocado un año bueno, de los mejores. Su vuelta al teatro con el Tartufo dirigido por José Gómez-Friha ha sido un éxito con el que se quita una espina del pasado. Además se ha estrenado El infiltrado, su incursión en Hollywood de la mano de Brad Furman. En ambos casos, como cuenta a EL ESPAÑOL, busca siempre lo mismo: “un director con la confianza para escuchar tu opinión sin sentirse agredido”.

¿Qué tal la experiencia con Tartufo?

Ayy, qué gusto, qué alegría. La verdad es que fenomenal. A un nivel superficial fenomenal y para mí ha sido muy importante, porque yo le había cogido miedo a hacer teatro como actor, y poder salir durante un mes todas las noches, disfrutando y confiando, pues ha sido muy sanador y muy gozoso. Además no pasa siempre que el teatro se llene, y que notes que a la gente le gusta y que se pone en pie. Feliz, pero corto.

Rubén Ochandiano ha probado suerte en Hollywood con El infiltrado.

¿Creo que no estaba seguro de hacerla al principio?

Sí, porque la anterior vez que hice teatro, que fue con Antígona que la dirigí yo, fue una masacre. Me atreví a dirigir y hacer uno de los protas y la cosa me quedó grande por todos los lados. Salí muy malherido, no lo supe gestionar y le cogí miedo.

¿Impone tanto? Hay grandes actores como Bardem que nunca han hecho teatro.

Me imagino que hay actores que se desenvuelven mejor en un escenario. A mí de manera natural se me da mejor hacerlo con la cámara. Es verdad que cuando he hecho teatro y lo he disfrutado lo he hecho de manera animal.

¿Ha leído el texto de Javier Marías sobre el teatro?

Sí, me jodió mucho, porque es alguien a quien admiro y que creo que tenía critero. Joder, es el autor de Corazón tan blanco y de algún otro libro espectacular. Y su texto me parecía tan irrespetuoso y tan desubicado… como de señor que se está haciendo mayor y mal, que no está encajando la vida. Y luego ya esa comparación que hacía con los sueldos y Messi y el sueldo de las actrices era ya irrespetuoso y equivocado.

Todo el mundo ve un Tartufo en el líder de los otros, fuera quien fuera ese otro. Hay gente que tiene clarísimo que es Pablo Iglesias, y otros Rajoy o Trump

¿Cree que hay más gente que piensa así?

Hombre, a Twitter me remito. Evidentemente hubo una reacción muy fuerte de la profesión y otra gente que se daba por aludida, pero también de otros que estaban de acuerdo con él. Así que desgraciadamente creo que hay gente que sí piensa así.

¿Hay muchos Tartufos en la actualidad?

Sí, claro. Es curioso, porque durante las funciones se hicieron unos coloquios con el público, y todo el mundo veía en Tartufo al líder de los otros, fuera quien fuera ese otro. Hay gente que tenía clarísimo que era Pablo Iglesias, y otros Rajoy o Trump. A mí los tartufos más peligrosos, o en los que más me he fijado para crear, no tienen tanto que ver con la política, sino con los embaucadores del tú a tú, desde el amigo carismático de la pandilla, al terapeuta, tu profesor o ahora que está tan en boga el pensamiento new age, creo que hay muchos que se lucran con ello.

Ha rodado junto a Bryan Cranston El infiltrado, ¿le interesa Hollywood?

Cómo no me va a interesar Hollywood, si aquí los actores estamos muertos de hambre. No hay trabajo. Me interesa trabajar donde me llamen y me den la oportunidad de hacer algo atractivo. Me daba morbo trabajar con Bryan Cranston también, con Diane Kruger. Todo me resultaba atractivo. Luego el resultado de la película ha sido un poco decepcionante, ya lo intuíamos en guion, que ni fu ni fa, pero el proceso ha sido maravilloso, estoy contento con mi trabajo y me gustaría repetir.

Me encantaría triunfar en Hollywood, pero también hay que tener muchos cojones para hacerlo, es mucha soledad, mucha carretera

¿Y coger el petate e ir para allá?

Este año he estado, en 2016. Brad (Furman) insiste mucho en que vaya, me montó un par de reuniones en Los Ángeles. Me encantaría que me pasara, pero también hay que tener muchos cojones para hacerlo, es mucha soledad, mucha carretera. Es un polígono industrial, dedicado al cine, pero es un polígono. Además requiere un desembolso económico, marcharte allí seis meses, mantenerte y esperar a que pase o no pase.

El otro día decía Eduard Fernández que ahora hay gente que quiere ser famosa y actor, y eso es pedir demasiado. Primero hay que ser actor y luego ya se verá.

Lo que siento es que ahora eso es un monstruo que se retroalimenta en dos direcciones, porque es verdad que sí, hay gente que quiere ser famosa y actor, pero es que ahora para que te den trabajo como actor si no lo petas en Instagram o estás aclamado popularmente estás jodido. Es mucho más complicado sobrevivir llevando una carrera al margen del fenómeno social, y encima más ahora con la industria polarizada. Ya sólo se hace o cine superpalomitero o películas hechas con crowdfunding en las que no te van a pagar. El cine mediano… mira a Montxo Armendáriz le cuesta seis años levantar una película. Yo he hecho muchas de esas películas que ahora sería muy complicado levantarlas. Lo que uno recibe ahora de la industria es que para que te den trabajo tienes que ser famoso y molar todo en las redes. Es complicado.

Rubén Ochandiano estuvo nominado al Goya por Silencio Roto. Begoña Rivas

¿Han hecho daño para eso las series de televisión y que luego esas mismas cadenas produzcan películas para las que muchas veces cogen a estrellas de esas series?

Creo que lo que ha terminado de corromper el asunto y joderlo, es la impunidad y el todo vale, contarnos que estamos haciendo las cosas bien cuando no es verdad. No tenemos huevos a decir que hay muchas películas de las que estrenamos que son malas, pero que como lo petan comercialmente amparamos que ese sea el modelo que hay que seguir. Y eso es peligroso, porque entonces se pone toda la energía y toda la pasta en crear ese tipo de cine y nos tenemos que comer que es bueno y que sólo existe ese tipo de producción y ese tipo de actor. Que Mar Coll, que a mí me parece la voz más interesante del cine español de los últimos años, ruede una peli se convierte en un ejercicio hercúleo. Ya le he escrito dos cartas de amor.

Ahora para que te den trabajo como actor si no lo petas en Instagram o estás aclamado popularmente estás jodido. Es muy complicado sobrevivir al margen del fenómeno social

Este año se han recaudado otra vez más de 100 millones de euros para el cine español. Las cifras hacen que parezca que todo va bien. ¿Falta autocrítica?

Pero qué significa que el cine vaya bien… que una película haga dinero no significa que el cine vaya bien. Para mí. Que se haga dinero a cualquier precio para mí no es la idea. Recaudar pasta a costa de hacer un sólo tipo de cine no es que vaya bien, para mí no. Iría bien si toda la gente de la que estamos hablando Montxo, Mar Coll, Isaki Lacuesta, Icíar Bollaín… puedan rodar. Yo me imagino que conseguir espectadores no es tan difícil, la pregunta es a qué precio. Y tiene que haber de todo, pero que lo haya, porque parece que sólo hay un espacio para un color.

Antes hablaba de lo difícil que es trabajar aquí. Hace poco salía el informe que hablaba de que sólo el 8% vive de su profesión. ¿A usted le ha afectado?

Es espeluznante. Claro que me ha afectado. Claro que trabajo mucho menos que antes, pero no soy el único que se va a buscar la vida fuera. A mí me encantaría trabajar en mi idioma y que me ofrecieran trabajo con más fluidez… pero a cualquier. Veo a compañeros talentosísimos, brillantes, que se parten la espalda, y que no trabajan desde hace mucho. Cuando vi ese dato se me abrieron las carnes. Es aterrador. El no trabajo y el trabajo no remunerado. Por eso claro que echo de menos el cine de los 90, poder vivir haciendo una película que te guste, en la que creas, y que te paguen por ello.

Que se haga dinero a cualquier precio para mí no es la idea. Recaudar pasta a costa de hacer un sólo tipo de películas no es que el cine español vaya bien, para mí no

¿Esta situación de paro para el actor le lleva a aceptar cualquier tipo de papel?

Pues aunque suene contradictorio y a veces me he arrepentido, pero me he atrevido a decir más que no en los últimos años que antes. Mira, tengo una amiga que dice: si yo no les intereso, ellos a mí tampoco. Quiero decir, que cuando te llamen que merezca la pena, al menos.

¿Tiene alguno de esos papeles que merecen la pena?

Ahora mismo no.

Rubén Ochandiano se hizo popular por la serie Al salir de clase. Begoña Rivas

¿Se vive intranquilo?

Claro, cómo no. Es complicado aprender a gestionar el deseo, la ansiedad, la incertidumbre, las ganas…

¿Goyas combativos o pacíficos, qué cree que ocurrirá?

Yo creo que van a intentar hacerlo lo mejor posible. También creo que la ceremonia más memorable, de lo que yo recuerdo, fue la de Alberto San Juan y Willy Toledo a pesar de todo. Lo que pasa es que también creo que hay una intención como de nadar y guardar la ropa que impide que la cosa sea muy combativa.

Si ganara el Goya este año, ¿haría como Meryl Streep en los Globos de Oro?

Cada uno vive su batalla personal, y la mía en concreto desde hace mucho tiempo es ocuparme de dejar ver quién soy hoy. Y si ganara un Goya me haría tanta ilusión que me limitaría a dar las gracias de corazón y acogerlo con mucho amor. Yo bastante tengo con lo mío. Otra cosa es si te encargan conducir la ceremonia que cada uno tendrá que reivindicar lo que considere.

¿Cuesta dejarse ver como uno es?

Lo que cuesta es trascender los prejuicios de la mirada de los demás.

¿Lo ha vivido mucho?

Claro.

¿Alguna vez le han dado ganas de dejar la interpretación?

Ganas no es la palabra, pero alguna vez me he sentido tan fuera de lugar, o tan diferente de como me veían los demás, de la idea que tenían de mí, que he pensado: no me ven, no encuentro mi lugar. Pero es más fuerte que yo. Yo lo comparo, aunque suene un poco cursi, con la llamada divina. Yo no elijo ser actor, me elige a mí.

Cuando te llaman tantas veces raro hay un momento en el que te identificas con la etiqueta y ya te enfrentas al mundo creyendo que eres raro

¿Qué idea se tenía de usted?

Pues lo de siempre, raro, complicado, intenso, oscuro, conflictivo…

¿Por qué cree que esa energía se ha desprendido en algún momento?

Procuro ya no preocuparme mucho de la reputación, ni la mía ni de las demás, porque yo también he pecado de ir con prejuicios. Es algo que me ha hecho daño durante mucho tiempo. A un nivel no sé de dónde nace, a otro creo que yo he sido muy poco dotado para lo social, y eso me ha hecho parecer en muchos momentos raro o introvertido. Y luego creo que he sido muy complicado a nivel sentimental y he cometido el error de tener un par de novios de la profesión… Pero creo que a nivel laboral no he sido complicado nunca.

Pero luego usted ha trabajado con los mejores, Pedro Almodóvar, Monxto Armendáriz… ¿esa energía al trabajar trasciende esa idea que podía haber?

Yo creo que no. Una vez que te conocen puede ser. También cuando te llaman tantas veces raro hay un momento en el que te identificas con la etiqueta y ya te enfrentas al mundo creyendo que eres raro, y para mí eso ha sido un ejercicio, descubrir que no lo soy y ofrecerme al mundo como soy de verdad, porque llegó un momento que tenía tanto miedo de la mirada de los otros que me daba mucho miedo vincularme con la gente de la profesión. Y durante mucho tiempo eso me hizo sufrir mucho y en los últimos tiempos intento no hacerme cargo del punto de vista de los demás.