Revisar la historia de un país es duro. Todos han vivido momentos terribles que desearían olvidar, pero que están ahí, marcados a fuego y que no pueden ser borrados. Afrontarlos es una muestra de madurez. Para mirar hacia adelante hay que conocer lo que hemos sido. Sólo así no se repetirán los mismos errores. El cine, y el arte, siempre han servido para poner en la palestra las mayores barbaries. Sólo hay que ver el número de películas de la Segunda Guerra Mundial que llegan cada año a los cines. A pesar de todo hay acontecimientos a los que cuesta más mirar.

Con esa intención, la de enseñar lo que otros han querido ocultar, llega Las inocentes, la película de Anne Fontaine, que cuenta la historia de unas monjas polacas que fueron violadas por soldados rusos tras finalizar la Segunda Guerra Mundial. La barbarie ocurrió realmente, y gracias a los diarios que escribió el sobrino de la doctora que atendió al convento se conocieron las barbaries que cometió el ejército rojo.

La película adapta este cuaderno de bitácora y sitúa la acción en el invierno de 1945, cuando una joven doctora de la Cruz Roja recibe la visita de una monja polaca que le pide ayuda. Cuando vaya al convento descubrirá a varias de ellas en pleno embarazo. La médico desafiará a su institución para ayudarlas, pero las monjas también desafiarán a la Iglesia, ya que muchas decidirán tener el hijo y criarles, tal como pasó en la vida real. Los soldados vejaron a estas mujeres por su condición de religiosas, pero también por su nacionalidad.

La medicina frente a la fe. Dos mundos que se oponen en Las inocentes. De ese conflicto extrae la directora la esencia de un filme que fue presentado en la pasada SEMINCI, donde Anne Fontaine charló con EL ESPAÑOL sobre “la fragilidad de la fe”, el tema que más le llamaba la atención. “Existen muchas formas de expresar nuestra fe, no tiene porque ser sólo de una forma religiosa, también lo podemos hacer a través del amor. Cuando la fe viene de dogmas preconcebidos no nos puede ayudar, pero no creer en nada tampoco es bueno”, explicaba la realizadora.

Cuando la fe viene de dogmas preconcebidos no nos puede ayudar, pero no creer en nada tampoco es bueno

Para escribir el guion y conocer el mundo de las monjas que relataba, se fue durante meses a un convento real y convivió con las religiosas, lo que le pareció esencial para “conocer el ritmo y su manera de vivir”. “Es algo complejo. Tenemos muchos prejuicios y clichés sobre ese mundo. Me ayudó mucho hablar con estas mujeres con las que compartí la experiencia”, añadía la realizadora que cree que se deben tender puentes entre “el mundo racional y ese otro mundo aislado que no quiere recibir ayuda de nadie, como es el religioso”.

Negacionismo ruso

A pesar del contexto histórico usado, Anne Fontaine no duda en subrayar que esas violaciones en conflictos bélicos siguen ocurriendo. “Desgraciadamente es un tema muy actual. La violación como arma de guerra sigue siendo una práctica habitual hoy en día, pero a esa violencia parece que no se le da importancia”, explicaba la realizadora a este medio.

Para ella Las inocentes es un canto a la libertad de la mujer, que cree que sigue viviendo bajo el heteropatriarcado, aunque ella se considere una afortunada: “en la guerra nacen comportamientos horribles, terroríficos, y las mujeres ahora siguen siendo alienadas. En el mundo occidental tenemos una suerte terrible, pero es doloroso pensar que hay mujeres que siguen siendo víctimas”, añade.

Las monjas polacas reales, con sus hijos.

En su película, las mujeres adquieren algo de libertad gracias a la rebelión hacia las autoridades marcadas, algo que Anne Fontaine comparte, aunque matiza. “Hay que desobedecer, pero de forma positiva. No hay que ser víctimas de la jerarquía. En la película hay dos mujeres que desobedecen, la primera de ellas al ejército, y la segunda a la madre superiora, y al final consiguen salvar vidas”, explicaba.

La película ha sido vendida a todo el mundo, pero hay un territorio que se niega a exhibirla, Rusia, que ve el filme como un ataque anticomunista. “No soy anticomunista, te lo aseguro. Creo que Rusia no se encuentra cómoda con esta realidad. Rusia no va a proyectar la película, pero este hecho ocurrió, lo hizo en un momento concreto y en un contexto histórico determinado, pero ellos no quieren mostrar estos aspectos de su historia. Es un momento muy violento que no les pone en valor, pero no es algo anticomunista, los hechos son los que son”, dice con seguridad.

Desgraciadamente es un tema muy actual. La violación como arma de guerra sigue siendo una práctica habitual hoy en día, pero a esa violencia parece que no se le da importancia

Monjas y madres

En su estancia en el convento junto a las monjas, Anne Fontaine charló con ellas en profundidad, y se dio cuenta de algo que le ayudó mucho para la película. Al preguntar a las religiosas por lo más difícil de la vida que habían elegido, “la mayoría dijeron que renunciar a la maternidad”. La directora pensaba que la sexualidad sería lo que destacarían, pero fue el deseo de ser madre. Le contaron que muchas de ellas entran a partir de los 40 en depresión por ello y entendió la decisión tomada por las personas reales en las que se basa Las inocentes. “En la película quería hablar de la maternidad, pero también de la maternidad forzada. Cada religiosa tiene una actitud diferente respecto al tema, y eso es una metáfora de las mujeres en general”, añade.

Este canto a lo femenino nace de una directora que asegura que “no hay machismo en el cine francés”, aunque no niega que pueda haberlo en otros países. “Me preguntan muchas veces si ser mujer y directora es difícil, pero para mi no lo ha sido. Lo difícil es hacer películas”, zanja.

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