La edición número 13 de Gran Hermano, bautizada como GH 12+1 a consecuencia de la susperstición de Mercedes Milá (69 años), tuvo entre el elenco de concursantes a la hija de uno de los roqueros más importantes de la década de los 80 en España. Ariadna Sánchez (37) -autodenominada como Ariadna Cross en las redes sociales-, hija del Fortu (66), vocalista del mítico grupo Obús, se enfrentó con ilusión y ganas a la aventura que supone la vida en directo. Experiencia en la que resultó repescada y posteriormente finalista. Muy tatuada, con personalidad y unos rasgos faciales que evidenciaban su genética paterna, la joven llamó la atención de la audiencia. Una buena aceptación que la llevó incluso a protagonizar un espectacular portada en la revista Interviú

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Ariadna parecía entonces encantada con su estética rockera y con los rasgos heredados por el cantante de Obús, pero con el paso del tiempo optó por cambiar su físico a golpe de bisturí. Intervenciones con las que la ex gran hermana ha conseguido un aspecto que poco tiene que ver con el que lucía cuando se la conoció mediáticamente, allá por el año 2012. 

Ariadna compartía un gran parecido fisico con su padre, Fortu. Mediaset

"Nací con esta nariz. Han sido muchos años de rechazo hacia mí, hacia mi cuerpo, hacia mi persona incluso", dijo la exconcursante a través de su cuenta de Instagram en septiembre del 2017, cuando explicó que había decidido cambiar de una vez por todas su perfil mediante una rinoplastia. "Después de 34 años puedo decir que comienza una nueva vida para mí", añadía horas antes de pasar por quirófano. Palabras que reflejan el gran complejo que la acompañó durante años.

Pero esta no fue la primera ocasión en la que Ariadna hacía uso de la medicina para pulir su anatomía, y es que en 2012, tras su participación el ya citado reality, decidió cometerse a un aumento y levantamiento de pecho. La madrileña confesó en aquel entonces, que no se sentía a gusto ni con el volumen, ni con la forma de su zona pectoral. Razón por la que se puso en manos de un cirujano para así hacer topless con total confianza. Actividad de la que confiesa ser muy asidua.

El gusto por la estética, que ya era patente con tan solo ver su dibujado cuerpo, se hizo más notorio cuando comprobó en carnes propias los placeres del bisturí. Y es que en los últimos años puede apreciarse a simple vista que su rostro ha ido incorporando nuevas modificaciones. Aumento de labios con ácido hialurónico, inyecciones de relleno para mejorar la estructura facial, otoplastia -operación de las llamadas 'orejas de soplillo'- y reconstrucción de los lóbulos a consecuencia de las dilataciones que en su día se realizó, y ortodoncia con rediseño de sonrisa a partir de carillas de porcelana, han sido algunos de los 'retoques' que se ha hecho. Procedimientos de los que no reniega y que explica con total normalidad a sus seguidores.

La exconcursante de reality luce a día de hoy irreconocible. Instagram

Lo cierto es que Ari tiene un aspecto radicalmente diferente al que tenía cuando participó en el concurso que le hizo saltar a la fama. Un físico mucho más cuidado con un rostro más dulcificado, con el que parece estar más segura y feliz que nunca. Una alegría que comparte junto a su pareja y su hija Nirvana, una familia muy particular que lleva la música en el corazón y el espíritu rock en las venas.

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