Bernardo Blanco Moreno, hijo del fundador, junto a una fachada de la marca en un fotomontaje de EL ESPAÑOL,
La batalla de la familia Blanco, la histórica marca de ropa que se hundió cuando su fundador cedió el control a su hijo
Junto con Zara y Mango, esta histórica marca se convirtió, gracias a Bernardo Blanco Solana, en una de las firmas textiles españolas más internacionales.
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En los últimos días, la muerte de Isak Andic -el 14 de diciembre de 2024-, el fundador del grupo textil Mango, ha recobrado gran actualidad informativa después de la detención de su hijo mayor, Jonathan Andic (45 años), acusado de homicidio.
A raíz de esto último se ha hablado de la presunta fortísima tensión entre padre e hijo, de la "obsesión" de éste por el dinero y el control de la empresa. De acuerdo a lo publicado, el padre no quedó contento con la gestión que el hijo hizo en la dirección de la empresa y por ello lo apartó.
Y aquello desencadenó en presuntas rencillas. Esta no es la única historia, guardando todas las distancias -porque el contenido nada tiene que ver-, en la que se entrelaza el vínculo paternofilial con los negocios textiles. Dicho de otro modo, el amor traba con el dinero. A veces, difícil unión.
Este artículo está centrado en la familia Blanco Solana Moreno, dueña de la histórica firma de ropa Blanco. Los Blanco -con Bernardo Blanco Solana a la cabeza- es una de esas sagas que parecen escritas para recordar que ningún imperio empresarial es eterno.
Bernardo hijo. Modaes
Durante décadas, la marca formó parte del paisaje urbano español. No en vano, sus escaparates iluminaban las calles comerciales, sus campañas marcaban tendencia y sus tiendas eran un punto de encuentro para miles de jóvenes que buscaban moda accesible y moderna.
Pero detrás de ese éxito había una historia profundamente humana, la de una familia que levantó un negocio desde la nada y que, con el paso del tiempo, tuvo que enfrentarse a tensiones, decisiones difíciles y un mercado cada vez más implacable.
La caída definitiva de Blanco estuvo marcada -y herida de muerte- tras la muerte de su fundador, Bernardo Blanco Solana. Pero lo cierto es que el textil Blanco ya comenzó a dar señales de debilidad tiempo antes, cuando tomó la dirección del mando Bernardo hijo.
No lo tuvo fácil. Fue un tiempo complicado, en el que también el mercado cambió notablemente. Pero viajemos al principio de este relato. Todo comenzó en 1960, cuando Bernardo padre, un joven cántabro de poco más de veinte años, decidió abrir su primera tienda de ropa en Bilbao.
Lo hizo con un crédito de 50.000 pesetas, una cantidad modesta incluso para la época, pero suficiente para poner en marcha un proyecto que cambiaría su vida.
Aquel primer establecimiento, lejos de los circuitos actuales de la moda y sin grandes pretensiones, funcionó desde el primer día.
Su propuesta -ropa moderna, asequible y dirigida a un público joven- conectó con una generación que empezaba a demandar algo distinto a la oferta tradicional. El éxito fue tan inmediato que, poco después, Blanco abrió un segundo establecimiento en la ciudad.
Bernardo Blanco Moreno, hijo del fundador.
En 1970, Bernardo dio un paso decisivo: llegó a Madrid, instalándose en la calle Velázquez. Era un movimiento ambicioso, pero acertado. La capital ofrecía visibilidad, volumen de clientes y una plataforma para crecer. Y Blanco creció.
Lo hizo antes que Inditex, antes que Mango, antes de que el fast fashion se convirtiera en un fenómeno global. Su trayectoria es, por tanto, anterior a la de los dos gigantes que hoy dominan el sector. Durante los años 80 y 90, Blanco vivió su gran etapa de expansión.
La marca se consolidó como un referente de moda joven, con precios competitivos y un estilo reconocible. Sus tiendas se multiplicaron por toda España, y la empresa comenzó a explorar mercados internacionales.
Muchos fueron los que se acercaron a Blanco, liderada todavía por Bernardo Blanco Solana, pero una reunión en concreto cambió el devenir de la empresa. En 2005, Inditex se interesó por la compañía.
Fuentes del sector señalan que, si bien el fundador no era reacio a la venta, el encuentro con el dueño de Zara animó a uno de sus hijos (Bernardo Blanco Moreno) a ponerse al frente de la empresa. Fue en 2006.
Entonces, el modelo -todavía- funcionaba: producción ágil, colecciones frecuentes, tiendas bien ubicadas y una estética que conectaba con el público femenino.
Blanco se convirtió en una marca aspiracional para muchas jóvenes españolas, un lugar donde encontrar tendencias sin pagar precios prohibitivos.
Tienda de Blanco en la Gran Vía de Madrid. Efe
La empresa seguía siendo 100% familiar, dirigida por Bernardo Blanco Solana y, posteriormente, por su hijo. Ese carácter familiar fue, durante años, una muestra, de cara al exterior, de cohesión, visión compartida y liderazgo.
Pero con el tiempo, se convertiría en uno de los factores que precipitaron su caída. A medida que la empresa crecía, también lo hacía la necesidad de profesionalizar la gestión.
La segunda generación -principalmente Bernardo Blanco hijo- asumió responsabilidades cada vez mayores. Pero sus visiones sobre el futuro de la marca no siempre coincidían.
La expansión requería inversión. Bernardo hijo llevó a cabo un "agresivo proceso de crecimiento" y la expansión salió mal por decisiones apresuradas y por la necesidad de financiarse.
Una tienda de Blanco en una imagen de archivo.
La irrupción de Inditex, H&M y Primark transformó por completo el mercado. El fast fashion se convirtió en la norma, y Blanco, que había sido pionera en muchos aspectos, empezó a quedarse atrás. La empresa intentó adaptarse, pero lo hizo tarde y sin una estrategia unificada.
En junio de 2012, falleció Bernardo Blanco Solana, el fundador. Su muerte marcó un antes y un después. No solo por la pérdida personal, sino porque dejó a la empresa sin su figura cohesionadora.
El peso de la dirección recayó entonces en su hijo Bernardo Blanco, quien asumió la tarea de mantener a flote un barco que ya mostraba signos de desgaste.
Bernardo hijo se enfrentó a un reto monumental: salvar una empresa que había sido el proyecto vital de su padre, pero que ahora navegaba en un entorno hostil.
Entre 2010 y 2013, Blanco entró en una espiral descendente. Las ventas caían, la empresa tenía dificultades para financiar su actividad, se cerraban tiendas y se acumulaban deudas con proveedores.
La marca intentó reposicionarse, renovar su imagen y ajustar su estructura, pero los esfuerzos no fueron suficientes. La ausencia de una estrategia clara agravó la situación. En 2013, Blanco entró en concurso de acreedores.
Este concurso se produjo por la "gravedad de los problemas económicos y financieros" que arrastraba tras una expansión acelerada, y el fuerte endeudamiento del grupo, según comunicó la propia compañía al presentar el concurso voluntario.
El pasivo consolidado del grupo era muy elevado: las principales sociedades reflejaban deudas financieras y con proveedores por decenas de millones de euros (por ejemplo, Diagomoda 24 M€; y Avance y Diseño, 48 M€, más aproximadamente 46 M€ a proveedores).
Este extremo dejó a la compañía insolvente frente a sus obligaciones.
Fue un golpe devastador para la familia y para el sector. Una marca que había sido un referente durante décadas se encontraba al borde del colapso.
Tras el concurso, la empresa fue adquirida por el grupo saudí Alhokair, que intentó reflotarla. Hubo cambios de imagen, nuevas colecciones, reestructuraciones internas y un intento de relanzamiento internacional. Pero la marca no logró recuperarse.
En 2016 volvió a entrar en concurso y, finalmente, cerró todas sus tiendas en España. Blanco sobrevivió un tiempo en formato online y en algunos mercados internacionales, pero su presencia se fue diluyendo hasta desaparecer casi por completo.
Aunque Blanco ya no forma parte del paisaje comercial español, su legado sigue vivo. Blanco pasó de todo a la nada en apenas unos años. De ser una marca omnipresente a desaparecer del mercado español.
Blanco fue el director general de Blanco hasta septiembre de 2015. En 2014, Blanco fue adquirida por Alhokair, lo que supuso el despido del directivo, que demandó a la empresa por despido improcedente.
En 2016 Alhokair fue obligada a readmitir a Bernardo Blanco en la estructura de la cadena y desde noviembre de dicho año ha ocupado el cargo de directivo creativo.
Bernardo hijo es el fundador de la marca de baño Yshey, y actualmente trabaja en Shenzhen Fuhuaxing Garment, una empresa china del sector textil, especializada en la fabricación y exportación debañadores, lencería y ropa deportiva.
New Blanco
Tras su desaparición del mercado español y años de incertidumbre, Blanco resurgió bajo el nombre de New Blanco, un intento de recuperar la esencia de la marca que marcó a toda una generación.
Este renacimiento no fue impulsado por la familia fundadora, sino por Alhokair, el grupo saudí que adquirió la compañía tras su concurso de acreedores.
La nueva etapa apostó por un modelo más digital, con presencia principalmente online y colecciones más reducidas, intentando mantener el espíritu juvenil y accesible que caracterizó a Blanco en sus mejores años.