Vista de la Cibeles y la Puerta de Alcalá durante la nevada en Madrid.

Vista de la Cibeles y la Puerta de Alcalá durante la nevada en Madrid. Juan Carlos Hidalgo EFE

Ecología Temporal

Por qué cuaja en un barrio y en otro no: siete datos insólitos sobre nieve

Desde el tamaño del copo más grande del mundo hasta la razón por la que no siempre cuaja cuando nieva.

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Pocos lugares de España han escapado a la nevada con la que comenzaba la semana, motivo de alegría para algunos, de incomodidades y retrasos para otros. Y es que fue una lotería mal repartida. Sirva la capital, Madrid, de ejemplo: mientras los barrios del norte se colapsaban bajo una espesa capa, apenas unos kilómetros al sur los niños salían esperanzados al patio para llevarse el chasco de no ver ni una mota de blanco.

Y es que la nieve es un fenómeno mucho más rico y complejo de lo que quizás imaginamos. Estas son siete de sus características más insólitas: 

¿Por qué cuaja en algunos lugares y otros no?

Ésta es una pregunta que los amantes de la nieve se hacen a menudo cuando ven desilusionados cómo los copos de nieve se deshacen nada más tocar al suelo, convirtiendo en agua la que podría haber sido una bonita alfombra blanca. Este fenómeno responde a varias cuestiones tan concretas que pueden generar resultados diferentes en lugares muy cercanos.

Lógicamente, para que las gotas de agua presentes en la atmósfera se conviertan en nieve es necesario que la temperatura de ésta esté por debajo del punto de congelación. Es entonces cuando las gotitas colisionan entre sí o con alguna mota de polvo, dando lugar a la forma característica de los copos de nieve.

Sin embargo, a medida que estos copos caen comienzan a atravesar nuevas capas de la atmósfera, que pueden estar más calientes, de modo que finalmente apreciaríamos el fenómeno como lluvia. De no ser así, llegarían al suelo como copos de nieve, pero no necesariamente tendrían que cuajar.

Para que esto ocurra, deben posarse en superficies con una baja temperatura y una mala conducción del calor, ya que de lo contrario el hielo podrían derretirse. Por ejemplo, es muy común ver las cunetas de las carreteras o las cubiertas de los coches nevadas, mientras que el asfalto simplemente se encuentra cubierto de agua.

La nieve también dura cuajada más tiempo en zonas de umbría, por lo que las regiones orientadas al norte dentro del hemisferio norte y las orientadas al sur en el hemisferio correspondientes serían las que más tiempo permanecerían nevadas.

Lo creas o no, la nieve no es blanca

El color de la nieve parece una realidad incuestionable. Pero lo cierto es que si bien resulta blanca al ojo humano, su tonalidad es un tema mucho más complicado. No solo no es blanca, sino que no tiene ningún color.

Si no la vemos transparente como el agua es porque la complicada forma de los copos propicia que los rayos del Sol se reflejen en todo su espectro después de absorberlos, como si todos los colores del arco iris se fundieran dando lugar al blanco. Pero eso no es todo, ya que la presencia de ciertos tipos de microalgas a veces favorece que se tiña de rojo.

No solo nieva en el planeta Tierra

La nieve no es un fenómeno meteorológico puramente terrestre. Sin embargo, en honor a la verdad, lo que ocurre en otros planetas no sucede exactamente del mismo modo que aquí. Por ejemplo, durante el pasado mes de agosto se publicó en la revista Nature Geoscience el estudio de un equipo de investigadores de la Sorbona que analizaron la posible formación tormentas de nieve en Marte.

En un principio parecía algo imposible, ya que la humedad en la atmósfera del planeta rojo es algo prácticamente inexistente. Sin embargo, sus temperaturas son mucho más bajas que las nuestras, por lo que aportan frío suficiente para que las pocas gotas de agua que se encuentran en ella puedan convertirse en nubes heladas.

Este fenómeno se pudo predecir gracias a una serie de simulaciones numéricas, según las cuales las nevadas sólo podrían producirse por la noche. Estudios previos habían establecido la presencia en el mismo planeta de nevadas a base de dióxido de carbono congelado, pero es la primera vez que se predicen nevadas similares a las de la Tierra.

Otro caso peculiar es el de planeta Venus, en el que también se comparan con la nieve ciertas tormentas de pirita vaporizada. Poco que ver, de nuevo, no puede compararse con la nieve convencional.

Hay criaturas que evolucionan para la nieve

Aunque los animales más conocidos de los que se pueden camuflar en la nieve son el oso polar, el zorro ártico o algunas focas, existen otras muchas especies cuyo pelo está diseñado para ocultarse en parajes nevados.

Un ejemplo curioso es del lagópodo coliblanco, un ave de la familia de los faisanes y los urogallos que se camufla a la perfección entre los terrenos nevados de algunas zonas de América del Norte.

Hay lugares gélidos en los que nunca nieva

Aunque la nieve siempre se asocia al frío, no es el único factor determinante para que ocurra. De hecho, en algunas regiones extremadamente frías del planeta la atmósfera posee tan poca humedad que resulta imposible que nieve a pesar de las bajas temperaturas.

La nieve es dañina para la vista

Al reflejar notablemente las radiaciones ultravioletas procedentes del Sol, la nieve puede generar un tipo de ceguera conocida como fotoqueratitis. De ahí que sea tan importante el uso de gafas de Sol para practicar deportes de invierno o, simplemente, para pasar mucho tiempo en zonas nevadas.

Un copo grande como una pelota

Si bien los copos de nieve suelen medir en torno a un centímetro de longitud, pueden darse excepciones de mayor y menor tamaño. Por lo general estas diferencias no son remarcables, aunque a veces se dan casos de lo más peculiares. Como, por ejemplo, el que por ahora ostenta el récord del copo de nieve más grande de la historia.

Cayó en Montana en 1887 y alcanzó la nunca mejor llamada friolera de 38 centímetros. Imaginen cuántas carreteras cortarían unos cuantos como esos.